La Flor del Alfa - Capítulo 29
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
29: CAPÍTULO 29 29: CAPÍTULO 29 POV de Rosa
Me desperté esta mañana en una cama vacía.
Los recuerdos de lo que pasó anoche no tardaron en llegar y empecé a preocuparme.
Sabía que Derek seguía enfadado conmigo por haber ido a esa fiesta.
Apenas me había dirigido la palabra anoche antes de acostarse.
No pude dormir en toda la noche.
Me sentía mal por haberme escapado, pero eso no significaba que debiera ignorarme.
Si estaba molesto conmigo, tenía que comunicarse conmigo como un adulto.
«¿Dónde está Derek?», me pregunté mientras me incorporaba en la cama.
Oía correr el agua de la ducha.
Miré hacia la puerta del baño y sonreí para mis adentros.
Salté de la cama y me dirigí a la puerta del baño.
La abrí y contemplé al hombre musculoso y sexy que estaba en la ducha.
Tenía una manopla y se enjabonaba el cuerpo.
Empecé a desnudarme y caminé hacia él con una sonrisa en la cara.
Me miró y luego se quitó el jabón con agua.
—¿Puedo acompañarte?
—le pregunté de forma seductora.
—¡No!
Ya he terminado, es todo tuyo —dijo él.
Me miraba de una forma que no me gustó.
Sentí que me estaba rechazando.
—Derek —dije, pero él simplemente salió del baño sin responder.
Miré la puerta cerrada y suspiré.
Sé que está enfadado, pero está yendo demasiado lejos.
Empecé a enjabonarme.
Cuando terminé de lavarme, cogí la toalla y me la envolví alrededor del cuerpo.
Me cepillé el pelo y los dientes y luego salí del baño.
Derek ya estaba vestido y cogiendo su maletín.
—Me voy a trabajar —me dijo, y salió por la puerta sin esperar a que respondiera.
Me quedé sentada un rato y entonces oí que llamaban a la puerta.
—Adelante —dije.
Kayla y Kate entraron con una sonrisa en la cara.
—¿Cómo os encontráis hoy?
Me sorprende que ya estéis levantadas, teniendo en cuenta el estado en el que estabais —dije mientras me sentaba en la cama.
—No tardamos mucho en recuperarnos.
Somos hombres lobo, ya sabes —dijo Kayla.
—Sí, y anoche las dos estabais bien jodidas —dije.
—Bueno, vimos a Derek al subir.
Parecía molesto —dijo Kate.
—Sí, lo está.
Ni siquiera quiere hablarme.
—Odio decirlo, pero os dije que no era buena idea no preguntarle —dijo Kayla.
La miré y suspiré.
—¿Por qué tengo que pedirle permiso para ir a algún sitio?
No soy de su propiedad.
—Es verdad, pero es tu compañero.
Los Alfas son muy posesivos y protectores con sus compañeras.
¿Sabías que tenía a todos los guerreros buscándote?
Jace dijo que casi perdió los estribos anoche —me contó Kayla.
Me sentí mal por haberle hecho preocuparse.
Incluso me vio en un altercado con uno de los miembros de la manada.
Quizá me equivoqué al no decírselo.
Incluso me escapé después de que mi madre me dijera que no podía ir.
—Quiero hablar con él, pero no me dirige la palabra —dije, molesta.
—Yo que tú, iría a hablar con él.
Se va a reunir con los guerreros en el campo de entrenamiento —dijo Kate.
—¡Sabes qué, es una buena idea!
Voy a ir ahora mismo a hablar con él —dije, y salí por la puerta del dormitorio.
El campo de entrenamiento está a unos diez minutos a pie de la Casa de la Manada.
Aproveché ese tiempo para pensar en lo que quería decirle.
Quería disculparme por haberle hecho preocuparse por mí.
Sabía que me había equivocado al no avisarle de que no volvería a casa anoche.
También quería hacerle saber que me parecía mal que no me hablara.
Necesitábamos poder comunicarnos.
Si estaba molesto, debería habérmelo dicho.
Se estaba comportando como un niño al ignorarme y no me gustaba esa faceta suya.
Cuando me acercaba al campo de entrenamiento, vi a Derek hablando con Vivian.
Ella tenía una mano en su pecho, mientras que con la otra le acariciaba la mejilla.
Lo miraba desde abajo, sonriendo.
No sabía de qué hablaban, pero no me gustó la postura en la que estaban.
Pude sentir cómo me enfadaba ante la escena que tenía delante.
Él ni siquiera se apartó de su caricia.
Pude sentir en mi cuerpo la misma energía que sentí aquel día en el instituto.
Sabía que era mi poder.
El tiempo empezó a cambiar, pasando de un hermoso día soleado a una tormenta.
Aparecieron las nubes, y luego los relámpagos y los truenos.
Levanté las manos y dejé que mis poderes salieran de mi cuerpo, haciendo que Vivian levitara.
Derek la miró, confundido.
Luego me miró a mí.
Se me quedó mirando un momento y entonces se dio cuenta de lo que estaba pasando.
—Rosa, no es lo que parece —dijo mientras empezaba a caminar hacia mí.
—¡Ah, de verdad!
Entonces no acabo de veros a ti y a Vivian en lo que parecía una postura íntima.
—No, Flor, eso no es lo que estaba pasando.
Por favor, déjame que te lo explique.
—Así que ahora sí quieres hablarme.
Me estabas ignorando cuando venía a disculparme contigo y te encuentro con tu ex —grité.
Justo entonces, sentí una gran cantidad de magia salir de mi cuerpo, derribando con fuerza a todos en el campo de entrenamiento.
Derek me miró con una expresión de preocupación en su rostro.
—Cariño, por favor, cálmate —dijo Derek.
—¡Para qué!
Para no hacerle daño a tu zorra de ahí —dije, mirando a Vivian.
—¿Qué está pasando?
—oí decir a mi madre.
Me di la vuelta y vi a mi madre y a Max mirándome.
Ambos parecían preocupados.
—Tiene los ojos verdes, Lilly —dijo Max.
—¡Sí!
Se le ponen de ese color cuando invoca su magia —respondió mi madre.
Se acercó lentamente.
—Rosa, escúchame, cariño.
Necesitas calmarte y relajarte —me dijo mi madre con voz suave.
Cerré los ojos y respiré hondo varias veces.
El tiempo empezó a calmarse y el sol volvió a salir.
Mi madre me miró y sonrió.
—Buen trabajo, cariño —dijo con una suave sonrisa.
Miré y vi a Derek que venía hacia mí.
—Flor, yo… —empezó él.
Pude sentir que el poder regresaba y el tiempo empezó a cambiar.
—Ahora no, Derek —dijo mi madre, y Derek dio un paso atrás.
Volví a cerrar los ojos para calmarme, y las nubes empezaron a desaparecer y el sol salió de nuevo.
Mi madre me miró a mí y luego a Derek.
—¿Qué está pasando?
—preguntó ella, mirando fijamente a Derek.
Pude ver a todos los luchadores de la manada empezando a levantarse.
Me miraban con preocupación.
Tenían miedo de mí.
Miré a Vivian y la vi venir hacia nosotros.
Estaba tan abrumada que no sabía qué hacer.
Simplemente eché a correr para alejarme de la escena.
Oía a Derek y a mi madre gritar mi nombre, pero no respondí.
No sabía adónde iba, pero sabía que me estaba alejando de ellos.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com