Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

La Hembra Alfa que no Puedes Domar - Capítulo 14

  1. Inicio
  2. La Hembra Alfa que no Puedes Domar
  3. Capítulo 14 - 14 Capítulo 14 Su pasado
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

14: Capítulo 14: Su pasado 14: Capítulo 14: Su pasado Su pelo rubio parecía oro que brillaba al sol y caía sobre sus hombros.

Sus ojos, azules como dos zafiros, a menudo ocultos, se asomaban bajo sus espesas pestañas, y sus labios, carnosos y rojos, formaban un suave mohín.

Unas delicadas orejas enmarcaban una nariz respingona.

Una dentadura deslumbrante, de un blanco angelical, relucía cuando sonreía.

Su cuerpo, esculpido por los dioses, la había dotado de caderas anchas y unas curvas que harían que cualquier macho se arrodillara por tenerla.

Así es Theia, con una belleza tan radiante que a veces siento la necesidad de cubrirme los ojos por el aura que desprende.

A veces me pregunto por qué algunas son bendecidas por la diosa de la luna y parecen tenerlo todo «perfecto», mientras yo me revuelco en mi autocompasión, desmoronándome y sangrando en el suelo sin que nadie parezca darse cuenta.

Nadie…

ni siquiera tu compañero.

Es una muerte lenta.

Es como si te quemaras por dentro, porque es la única forma que tienes para no gritar de dolor.

Tú, que estás destinada a la grandeza, entras feliz en la jaula que tú misma te has construido.

Han pasado días desde que Theia está aquí.

Cada día es angustioso y hace que no quiera despertarme por la mañana solo para no verlos.

Cada mañana corren juntos y no puedo evitar sentir celos.

No son celos normales, son celos dolorosos.

Ella tiene todo lo que yo, como compañera, necesito de él.

Últimamente he dejado de correr, solo para que mis ojos no tengan que presenciar su escena.

No puedo soportarlo; no puedo soportar el dolor cada vez que él la mira con ternura y se ríe suavemente de sus bromas.

Cada vez que ella lo toca y cada vez que él la toca a ella, me van despellejando lentamente, dejándome expuesta al dolor desgarrador que le sigue.

Pero mi loba me empuja a reunir fuerzas, diciéndome a menudo que podemos superar esto, pero ella es más fuerte que yo.

La diferencia entre nosotras es que ella se mantiene firme mientras yo me desmorono.

Así que me presta su fuerza para hoy, para lo que está por venir.

Me está preparando para algo, lo siento en los huesos.

Mi corazón está receloso y mi mente, cautelosa.

No sé si estoy lista para afrontarlo directamente.

Pero sé que debo hacerlo.

Para descubrir la verdad sobre su relación.

Necesito paz.

Al bajar a desayunar, la manada ya se ha reunido en la mesa.

Mis ojos recorren la sala buscando a Deimos y se abren de par en par cuando descubro que no está.

Él no está aquí, y Theia tampoco.

Sentada en la silla de la cabecera derecha de la mesa, espero con los otros lobos.

La Luna espera a su macho, que está tonteando con otra hembra.

Pero mantengo la cabeza alta y la espalda recta.

Soy Luna y actuaré como tal.

La tensión en la sala se rompe con el sonido de una puerta al abrirse y la risa aguda de una hembra, una hembra que reconozco fácilmente.

Theia.

Así que mis instintos no me fallaban, estaban juntos.

Se detienen a medio camino, con los ojos muy abiertos al vernos a todos en la mesa.

Siento los ojos de Deimos sobre mí, pero no le dedico a este macho ni una sola mirada, mantengo mis ojos fijos en la mesa.

Aclarándose la garganta, camina hacia mi izquierda y se deja caer en la silla, mientras que Theia se sienta a la izquierda de él, en un asiento guardado especialmente para ella.

Un asiento por el que no tuvo que luchar, algo que se le concedió sin rechistar en cuanto lo pidió.

—Lamento el retraso; perdí la noción del tiempo.

Pueden empezar a comer.

—La potente voz de Deimos retumba por el salón y, con esas palabras, como siempre, apuñala mi corazón.

¿Que perdió la noción del tiempo?

¿Cuánto tiempo estuvieron juntos?

¿Acaso ella lo mantiene tan ocupado?

¿Tanto que no puede pensar en nada más que en ella y en lo que estaban haciendo?

Mis labios tiemblan, mi escudo está a punto de caer.

Mis pensamientos se ven interrumpidos cuando me fijo en el anillo de Theia.

Lo lleva con orgullo.

El color del anillo me recuerda a algo, pero no consigo acordarme de qué es.

Sigo sintiendo las miradas de Theia y Deimos sobre mí durante todo el desayuno.

Deimos probablemente se esté preguntando por qué estoy tan callada y por qué no lo he mirado ni una sola vez.

Bueno, que lo averigüe él.

No tengo nada que decirle hasta que encuentre lo que estoy buscando.

Termino de comer antes que los demás y me levanto; el chirrido de mi silla contra el suelo capta la atención de todos.

El silencio se apodera de la sala.

—Gracias por la comida, la he disfrutado mucho.

—Muestro a las hembras mi sincera gratitud y, a cambio, recibo cálidas sonrisas.

Están contentas; han complacido a su Luna.

Si todo se va al infierno, al menos tendré a mis hembras, que me resucitarán de entre los muertos.

Salgo del comedor hacia una zona apartada del castillo de Deimos.

Doy pasos lentos, dejando que la brisa juegue con mi pelo.

Cierro los ojos y aspiro profundamente el aroma de la naturaleza.

La naturaleza puede curar las cicatrices de los que están rotos.

Acudió en mi ayuda cada vez que sangraba, y aquí está de nuevo.

Mi paz se ve interrumpida por el aroma de Deimos, que invade mis sentidos y desplaza al de la naturaleza.

Dándome la vuelta lentamente, lo miro, lo miro de verdad.

¿Merece la pena mi sufrimiento?

¿Merece la pena luchar por él?

¿Merece la pena sangrar por él?

Es…, ¿merece la pena morir por él?

—¿En qué puedo ayudarte?

—Mi tono formal lo descoloca.

No parece gustarle.

Bien, lo haré más a menudo.

—¿Has estado callada hoy?

¿Por qué?

—me pregunta, con su voz tan tranquila y fría como siempre.

Este macho apenas me habla, a menos que sea para preguntar por mi falta de atención hacia él.

Entonces, ¿cómo puede hablarle a ella con tanta dulzura?

¿Cómo cambia su tono cuando le habla a ella?

—Respóndeme, compañera.

—Es bastante insistente, ¿verdad?

¿Y qué hará cuando sepa de mi tormento interior?

Nada.

Así es Deimos.

Una sonora carcajada brota de mi pecho y sale por mi boca.

Mirándolo a los ojos, le digo lo que ambos ya sabemos.

—No finjas que te importa, Deimos, puedo ver a través de ti.

—Esta vez es mi voz la que se vuelve fría.

Sus cejas se juntan en un ceño fruncido y, con eso, empiezo a alejarme de él.

Agarrándome el codo, me hace girar con un tirón brusco para que quedemos cara a cara, sin espacio entre nosotros.

—¿Qué te pasa?

¿Por qué actúas así?

—Su pregunta me molesta, despertando mi ira.

—¿Qué me pasa a mí?

—río una vez más—.

No, la pregunta aquí es ¿qué te pasa a ti, Deimos?

—Me zafo de su agarre—.

Cuando tengas la respuesta, ven a buscarme.

—Su ceño se acentúa ante mi respuesta y, esta vez, es él quien se aleja.

¿Así que eso es todo lo que va a luchar por mí?

Vuelvo a su castillo.

El inquietante silencio agrava mi estado deprimido.

Deseo algo más.

Algo cálido.

Quiero llenar este solitario castillo de risas y alegría.

Quiero a mis cachorros correteando y, sobre todo, lo quiero a él a mi lado.

De pie, junto a mí, sosteniendo a uno de nuestros cachorros y mirándome con calidez y amor en sus ojos.

Las lágrimas corren por mis mejillas mientras mi mente me muestra imágenes de lo que podría tener, pero que siempre seguirá siendo un sueño.

Secándome las lágrimas, subo las escaleras hacia mi habitación.

Necesito guardar mis lágrimas para lo que está por venir.

A mitad de camino, me encuentro cara a cara con Theia.

Ambas nos detenemos, simplemente mirándonos.

No quiero iniciar una conversación con ella, no le veo la necesidad.

Intento pasar de largo, pero me detiene con su suave voz.

—¿Te gustaría tomar un té conmigo en mi habitación?

—me pregunta con ojos curiosos.

Con un solo asentimiento de cabeza por mi parte, ambas nos dirigimos a su habitación.

Sentada en su cama, me sirve un poco de té y me lo entrega.

Dándole las gracias, empiezo a dar pequeños sorbos.

Mis ojos recorren lentamente su habitación, intentando comprender su personalidad por cómo está decorada.

En general, está llena de colores vivos que, teniendo en cuenta su personalidad alegre y vivaz, le van muy bien.

—Es genial conocerte por fin.

—Su voz rompe mis pensamientos.

La miro, diciéndole indirectamente que continúe—.

Eres más hermosa de lo que imaginaba —susurra con una suave sonrisa en los labios—.

Y todavía no puedo creer que fueras una Alfa.

—Lo soy —replico, con el pecho henchido y la voz firme.

—¿Perdón?

—No entiende lo que intento decirle.

—Soy una Alfa.

Siempre seré una Alfa —le digo mi verdad.

Sus ojos se abren un poco mientras responde con un pequeño asentimiento.

—Por supuesto —dice una vez más con su voz melosa—.

Tengo algo que enseñarte —me dice mientras coge una foto de su estantería.

Acercándome la fotografía, se sienta a mi lado para enseñármela.

—Estos somos Deimos y yo cuando éramos cachorros —me dice, despertando mi curiosidad mientras le arrebato la foto de las manos para ver cómo era Deimos de cachorro.

Veo a un pequeño macho tocando la guitarra y mirando a una pequeña hembra, mientras ella mira a la cámara—.

Aquí fue cuando tocó la primera canción que escribió para mí —dice mientras recorre la foto con la mirada, observándola con cariño.

—¿Quién hizo la foto?

—pregunto.

Quiero saber más sobre su pasado, aunque tenga que salir de su boca.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo