La Hembra Alfa que no Puedes Domar - Capítulo 141
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Capítulo 141: Capítulo 141 Partida por mi compañera
Tan pronto como nuestra conversación termina y nos despedimos, mis ojos se giran hacia la ansiosa Elriam que me espera.
—Ayúdame a escabullirme sin que la manada se entere —le digo rápidamente mientras corro hacia la habitación con mi beta pisándome los talones. Abro el armario de un tirón y cojo una bolsa del color de la ceniza.
—Esto no es una buena idea —dice ella desde detrás de mí, con la mirada puesta en mi macho, que yace en la cama sumido en un profundo sueño.
—Lo sé. Pero el asunto no me deja otra opción —respondo mientras recorro la casa recogiendo los suministros que necesito: agua, comida, ropa…, cuchillos.
—Pero… —empieza a protestar, pero la detengo levantando la palma de la mano. Mis ojos fieros se giran para mirarla.
—Elriam, escúchame. Esto puede ir de dos maneras: o llego demasiado pronto o llego demasiado tarde. Prefiero la primera opción. —Mi voz es baja, con una profunda seriedad. Nuestras miradas se encuentran mientras espero pacientemente a que contemple el significado de mis palabras.
La chispa de la comprensión tarda un poco en encenderse en sus ojos. Me dedica un seco asentimiento de reconocimiento y yo se lo agradezco con una rápida sonrisa.
—Kal bebe del biberón, ya te enseñé a prepararle la leche —le susurro mientras ella mete más comida envasada en mi bolsa. Una hembra mayor de la manada me aconsejó hace tres semanas que podía empezar a cambiar a la leche de fórmula si la aceptaba bien, y Kal lo hizo.
Cojo un chal y me cubro el pelo y la cara para que solo mis ojos queden a la vista. Si la manada se entera de que me voy, lo considerarán una señal negativa que dará lugar a suposiciones que solo causarán un caos y una devastación no deseados. Si esa manada me encuentra, podrían usarme como cebo. Debo tener cuidado con mis actos.
—Sí, Alfa.
—Tú estás al mando mientras yo no esté. Busca la manera de calmar el fuego de la curiosidad que surgirá en la manada por mi ausencia. Mantén a los exploradores vigilando, puede que te envíe un lobo con noticias. No le quites los ojos de encima a mi macho, sujétalo como si fuera tuyo. —Mientras corro por la casa con movimientos rápidos, de mi boca salen órdenes sin parar que ella recibe con las manos entrelazadas a la espalda, la cabeza alta y los pies separados. Una postura de guerrera.
—Entendido —dice con voz potente y fuerte, pero veo la lucha en sus ojos. No está segura de mi decisión, ahora le toca a ella sentir el inmenso miedo que yo sentía.
Le lanzo un montón de mi ropa sucia a las manos y ella lo atrapa con facilidad. —Si mi macho llora por mí, ponte esta ropa y abrázalo. Todavía conserva mi olor y lo calmará. —Mi voz de mando se convierte en un susurro cuando me acerco a él para darle un suave beso en la mejilla. Se estremece, pero sigue durmiendo—. Traeré a tu padre de vuelta a casa.
Aprieto el nudo del chal en la nuca, cojo la bolsa y me la cuelgo al hombro, y dedico a Elriam un seco asentimiento de despedida. El hecho de que mi casa no estuviera cerca de las tierras de la manada jugó a mi favor y consigo escabullirme sin la interferencia de ningún lobo.
Como si la luna me ayudara en mi decisión, solo quedaba una camioneta, una que estaba destinada a mi uso, pues los guerreros se habían llevado el resto. Cronos me había informado de que enviaría a sus guerreros de inmediato. Necesito estar allí cuando lleguen. Reviso la parte trasera de la camioneta y encuentro varios bidones de gasolina que durarán para el viaje a la guerra. Agarro el volante con más fuerza. Pongo en marcha el motor, con la determinación desatada y al mando, y me alejo de mi manada.
Cinco días. Me llevó cinco días llegar a las tierras de la manada independiente. Cinco días mirando el mapa arrugado, cinco días durmiendo en el diminuto espacio de la parte trasera de la camioneta. Cinco días bañándome en arroyos fríos y cinco días cazando pájaros, ranas y liebres salvajes.
Cuanto más me acercaba al destino final, más cambiaba mi entorno. Se volvió espeluznante y silencioso, más salvaje y menos acogedor y tranquilizador. Dejé la camioneta lejos de las tierras y seguí a pie el resto del camino. Mantuve a mi loba contenida dentro de mí, encerrada en su jaula, porque si se hubiera liberado, los lobos habrían reconocido su olor. Mi cuerpo estaba cubierto de barro de río que me unté por todas partes para ocultar mi aroma.
Fue un camino difícil de observar, arrastrarse y esconderse para llegar a su base principal, buscando incluso algún campamento que hubiera montado Deimos. No vi cuerpos, no vi sangre. No entendía, nada tenía sentido, así que elegí hacer lo que parecía la mejor opción en ese momento. Me quedé quieta. Permanecí en el mismo lugar, escondida tras las sombras de los arbustos durante todo el día, hasta que el sol se desangró en la oscuridad.
Se oye un murmullo y me sobresalto. Con la mente en alerta, me incorporo rápidamente y espío a través de las hojas. Examino la zona: dos lobos están sentados en la corteza de un árbol talado y hablan entre ellos. Si puedo luchar contra ellos y atarlos, quizá consiga algunas respuestas. Es la forma más rápida y la más fácil.
Cojo los cuchillos, los agarro con fuerza y me agacho, lista, preparando mis tácticas para el ataque. Una vez preparada, hago mi movimiento; tiene que ser lo más silencioso y rápido posible. Cuando empiezo a levantarme de mi posición, una mano sale disparada desde atrás, me tapa la boca y me arrastra hacia atrás con fuerza.
Con los ojos muy abiertos, blando el cuchillo que tengo en la mano y apunto hacia atrás. Con una estocada fluida, la hoja se clava profundamente en la carne del lobo. Él gruñe, pero su mano izquierda alrededor de mi cintura solo se aprieta más mientras me arrastra más lejos, alejándome de los arbustos, de mi refugio.
Me arrastra más hacia la oscuridad y yo lucho en su agarre, pateando y arañando. Saco el cuchillo de su carne y él maldice en voz alta, pero antes de que pueda golpearlo de nuevo, me empuja contra un árbol y me clava el codo en el cuello. Cuando mi visión vacilante vuelve y empieza a enfocarse, miro al macho que tengo delante con sorpresa.
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