La Hembra Alfa que no Puedes Domar - Capítulo 21
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
21: Capítulo 21 Sus celos 21: Capítulo 21 Sus celos —Deimos, solo estábamos entrenando, cálmate —intenta Cronos disipar la tensión.
—Estabas encima de mi compañera.
—Deimos empieza a caminar hacia nosotros a grandes zancadas, pero se detiene a mitad de camino ante la pregunta de Cronos.
—¿Así que ahora es tu compañera?
—pregunta Cronos, poniendo una mano delante de mí, como para protegerme de Deimos, lo que hace que él me mire mientras yo aparto la vista.
Su ira crece, ¿qué espera que le diga?
Cronos tiene razón, ¿no?
—Esto es entre nosotros, ¿te atreves a interferir?
—La potente voz de Deimos hace que todos los lobos se detengan a mirar.
—Quizá lo sea, pero como puedes ver, Luna está más cerca de mí ahora mismo —habla Cronos con un tono empalagosamente dulce.
—¡Cronos!
Ella es mi…
—empieza Deimos, pero lo interrumpe una vocecita.
—Alfa, ¿puedes ayudarme con mis movimientos, por favor?
—Un pequeño cachorro interrumpe nuestra conversación.
Deimos me mira, luego a Cronos y de nuevo a mí, antes de alejarse echando humo, con el pecho agitado.
—Ven, Luna.
Te enseñaré a tirar con arco —dice Cronos mientras me guía al campo de tiro.
Siento el ardor de la mirada de Deimos sobre mí, pero no hago ningún ademán de mirarlo.
No quiero darle esa satisfacción.
Pasa el tiempo y Cronos se esfuerza al máximo para ayudarme a aprender pero, aunque aprendo bastante rápido, parece que no consigo cogerle el tranquillo, hasta que Cronos sonríe con un resoplido y se acerca por detrás de mí.
Sosteniendo la flecha frente a mí y presionando su pecho contra mi espalda, me susurra a los oídos.
—Vale, ahora quiero que calmes tu respiración y centres la pupila en el círculo.
No pienses, no te centres en nada más que en ese círculo.
Piensa que el círculo huye de ti y lo deseas con tantas ganas que tienes que atraparlo.
Cuando la sensación de desesperación te invada, dispara —intenta Cronos facilitarme las cosas.
Cierro los ojos, respiro hondo y me imagino a Deimos en mi mente.
Necesito agarrarlo, está huyendo, necesito encontrarlo y atraparlo.
Necesito encerrarlo.
Al abrir los ojos, tenso el arco y disparo; la flecha sale volando y da en el centro del círculo, haciéndome saltar a los brazos de Cronos.
—¡Lo conseguí!
¿Lo has visto, Cronos?
—le pregunto con los ojos muy abiertos por la emoción, pero antes de que pueda responderme, siento que me arrancan bruscamente de los brazos de Cronos y me arrastran lejos del campo de entrenamiento.
Estoy demasiado sorprendida para resistirme al agarre de Deimos, así que lo sigo a ciegas.
Se detiene frente al lago y se da la vuelta con los ojos entornados.
—¿Qué te pasa, Deimos?
¿Por qué te comportas así?
—le pregunto, con las muñecas doloridas por su fuerte agarre.
—¿Qué demonios ha sido eso, compañera?
—Su pregunta está cargada de acusaciones.
—¿De qué estás hablando?
—le pregunto, sin entender del todo.
—¡Sabes perfectamente de lo que hablo, no finjas que no sabes nada!
¿Era una especie de pequeña cita?
¿Interrumpí vuestra sesión de amoríos?
—sigue parloteando.
—Deimos, no tengo ni idea de lo que estás hablando.
Si es por Cronos, yo…
—me interrumpe mientras intento que este macho me entienda.
—Espera, ¿has dejado que te folle, es eso?
¿Ya te ha probado?
—Mis ojos se abren como platos, llenos de lágrimas.
Agarro con fuerza el cuello de su camisa, atrayendo su rostro frente al mío, y le miro fijamente a los ojos.
—Repite esas palabras.
Te reto —mi loba hace acto de presencia.
Él se queda callado, no queriendo empeorar más las cosas.
—¡No tienes ningún derecho a hablarme de esa manera, ninguno!
No he sido más que fiel y sincera, siempre esperándote.
¡Pero ya he tenido suficiente!
Nunca dejaré que me hables así.
¡Soy una Alfa y me respetarás como tal!
—se lo grito, esperando que de alguna manera se le meta en la cabeza.
—Te atreves a levantarme la voz, compañera.
Afrontarás las consecuen…
—Su ira aumenta mi furia.
Pero suavizo la voz para transmitir mi mensaje.
—Esto es lo que intento decirte, Deimos.
Quieres controlarme, mantenerme sometida, pero no puedes.
Así soy y siempre seré.
¿Quieres saber qué les pasó a los lobos que intentaron hacerlo?
Los maté.
Mi loba se dio un festín con su carne durante días —le muestro un atisbo de mi pasado—.
O gobiernas a mi lado, o… —Al hacer una pausa, puedo ver la cautela en sus ojos.
—O me dejas marchar.
—Conforme las palabras salen de mi boca, también lo hacen mis lágrimas.
Me doy la vuelta para irme, sin querer mirarlo ni hablarle más.
—¿Lo amas?
—me hace la misma pregunta que yo le hice una vez.
Mirándolo a los ojos, le respondo lo mismo que él me respondió a mí.
—No tiene nada que ver contigo —digo mientras me alejo para volver con mis hembras…, para volver con Cronos.
Al amanecer, me enteré de que Deimos se había marchado esa noche a una manada vecina durante una semana, por unos asuntos, y ni siquiera se había molestado en decírmelo.
En cierto modo, fue útil, ya que pensé que podría aprovechar ese tiempo para reflexionar sobre mí y sobre nosotros.
Y eso fue exactamente lo que hice.
Pasé la semana entera sentada entre mis hembras y explorando con Cronos.
Se está convirtiendo en mi fortaleza en este momento de necesidad.
Los pensamientos en Deimos inundaban mi mente cada noche durante toda la semana, pero todos desaparecían cuando Cronos cruzaba mi puerta cada mañana.
Se suponía que Deimos debía volver para el fin de semana, pero a medida que pasan los días, todavía no ha regresado.
Esta mañana, Cronos ha pensado que sería un día perfecto para ir de picnic al lago.
Yo no tenía ni idea de lo que era un picnic hasta que él me lo explicó, lo que despertó una gran emoción en mí.
Y así, aquí estamos Cronos y yo, sentados sobre la hierba fresca y verde, bebiendo zumo mientras vemos la puesta de sol.
Hemos pasado todo el día persiguiéndonos y nos sentamos hace un rato para relajarnos.
—¿En qué piensas, Luna?
—me pregunta Cronos con dulzura.
—Pienso en si, tal vez, algún día mis sueños se harán realidad —cierro los ojos, dejando que la brisa sople suavemente a través de mi cabello.
—Y se harán realidad —me dice, lo que hace que gire la cabeza bruscamente hacia él.
Mueve la mano, me coloca un mechón de pelo detrás de la oreja y susurra.
—Me aseguraré de ello.
—Mientras lo hace, cierro los ojos, agradeciendo en secreto a la diosa de la luna por habérmelo regalado.
Nuestra paz se ve interrumpida por un fuerte gruñido que nos hace a ambos estremecernos y girarnos.
Es el gruñido de un Alfa.
Veo a Deimos en la distancia, gruñendo, con los ojos negros, caminando hacia nosotros a grandes zancadas.
Su lobo hace acto de presencia.
Llegando a mi lado, me levanta de un brusco tirón del codo y me gruñe en la cara, con los colmillos fuera y listo para morder.
—¿Vaya bienvenida, eh, compañera?
Me voy unos días, ¿y ya te buscas otro juguete?
—ruge, aumentando la presión sobre mi codo.
—¡Para!
¡Me estás haciendo daño!
—Las lágrimas llenan mis ojos, no por el dolor físico, sino por el emocional que este macho me está causando.
—Suéltala, Deimos —dice Cronos, caminando hacia nosotros e intentando liberarme.
Con la otra mano, Deimos agarra el cuello de Cronos, apretándolo, lo que hace que mis ojos se desorbiten.
¡No!
¡Por favor, no lo hagas!
—Podría romperte el cuello ahora mismo y dejar que te desangres hasta morir, Cronos.
Pero no lo haré, porque eres mi hermano y compartimos un pasado.
Pero si vuelves a interponerte entre mi compañera y yo una vez más…
no me lo pensaré dos veces —dice Deimos con calma, soltándolo en el suelo mientras me levanta y me carga al hombro como un saco de patatas.
Golpear su espalda constantemente con mis puños o intentar patearle no sirve para que me baje, y solo lo hace cuando me deja caer sobre su cama, haciendo que mi cuerpo rebote con la fuerza del impacto.
Sin dejarme escapar, me atrapa bajo él, apoyando su peso en los codos a ambos lados de mi cuerpo.
Acercando su cara a la mía, susurra: —¿No eres una compañera un poco traviesa?
—me pregunta, haciendo que un profundo rubor se extienda por mi rostro—.
Cuando tu compañero vuelve del trabajo, ¿qué se le dice?
—pregunta.
Mi corazón late tan rápido y mi mente está tan en blanco que no puedo pensar en nada que no sea el macho que está sobre mí.
—No voy a repetirme —dice, con un deje de amenaza.
—B-bien…
veni-do —tartamudeo, intentando calmar mi corazón desbocado.
Se acerca más a mi cara, haciendo que mis ojos se abran como platos, y me besa suavemente la mejilla.
Es la primera vez que sus labios tocan mi piel.
—Buena chica —susurra mientras mi sonrojo se intensifica—.
Cuando me fui, pensé constantemente en ti, en tus palabras.
Y después de obligarme a encontrar una respuesta, finalmente llegué a una conclusión —me dice.
—¿Q-qué?
—Mi curiosidad va en aumento.
Acariciándome suavemente la mejilla con las yemas de los dedos, me susurra:
—No me importa que pienses que la diosa de la luna se equivocó.
Sin embargo, eres mía y lo serás hasta que la muerte nos separe, mi compañera.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com