La Hembra Alfa que no Puedes Domar - Capítulo 37
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37: Capítulo 37 Mi deseo 37: Capítulo 37 Mi deseo —Todavía los tengo.
Y como estás aquí en mi manada, se desbordan al pensar en lo maravilloso que sería que fueras mía, pero entierro esos sentimientos.
Porque ninguna relación puede superar un vínculo creado por el destino —dice mientras una sonrisa llena de tristeza se dibuja en su rostro y se me oprime el corazón.
—Tal vez sí pueda.
Quizá con el tiempo pueda aprender a quer…
—intento explicarle mi punto de vista mientras él me toma la mano y la aprieta con suavidad.
—Debes entender esto, Luna.
No hay nada en este mundo.
¡Nada!
Que pueda romper el vínculo que Deimos y tú poseen, porque es algo que contiene poder.
Más poderoso que la relación que tenemos —Cronos sonríe una vez más y yo asiento lentamente, asimilando sus palabras.
—Entiendo.
Pero lo que no entiendo es por qué hay tantos farolillos en el almacén y qué es este festival de los farolillos —le pregunto, y él suelta una risita.
—¿Tenemos curiosidad?
—pregunta Cronos con dulzura, y yo asiento con expresión seria.
—Dímelo —le pido, llena de curiosidad.
—Es para cuando las otras manadas se reúnen aquí en mis tierras y lanzan farolillos al cielo.
Las leyendas dicen que el farolillo llegará hasta tu ser querido.
Aquel a quien más extrañas y a quien de verdad deseas ver.
Incluso puedes escribir algo en él.
Más allá de eso, el espectáculo es increíble.
Es la tradición de mi manada.
Lo hacemos todos los años y algunos incluso encuentran a sus compañeras —me explica Cronos con dulzura.
Ladeo la cabeza, escéptica ante esa leyenda.
—No me parece que sea verdad —le digo, a lo que él sonríe.
—Cree y sucederá, Luna —me dice Cronos con una sonrisa mientras ambos contemplamos los pastos frescos y los pájaros.
Paso el resto del día con la manada de Cronos, ayudando a las hembras y preparando los farolillos.
Es una sensación maravillosa para mí y una que me gusta mucho.
A medida que el sol se pone, la emoción se palpa en el ambiente.
Los lobos se están arreglando para esta noche.
Por lo visto, sueltan los farolillos al cielo a medianoche.
—¡Alfa!
—me llaman los machos juveniles.
Normalmente, los lobos juveniles tienden a ser irrespetuosos e incontrolables, sobre todo los machos.
Pero estos lobos son…
un encanto.
—Sí —me doy la vuelta y los miro con una sonrisa.
—¿Le gustaría que la ayudáramos con algo?
—me preguntan educadamente, a lo que mi sonrisa se ensancha mientras niego con la cabeza.
—Nada que no pueda manejar —les digo con dulzura, y ellos hacen una reverencia—.
Pero sí quiero preguntarles algo.
Acérquense —ellos asienten y se agrupan a mi alrededor.
—¿Sí, Alfa?
—pregunta uno de los jóvenes machos.
—Y bien, ¿quién de ustedes, cachorros, está emocionado por la oportunidad de encontrar a su hembra esta noche?
—les pregunto con una sonrisa pícara mientras sus mejillas se encienden y se vuelven de un rojo intenso.
—¡Simón, Alfa!
Incluso le escribe cartas todas las noches y las guarda en su cajón, aunque ni siquiera sabe quién es ella.
Están dirigidas a «Mi Hermosa Compañera» —me dice uno de los machos mientras los demás se ríen, burlándose de él.
—Simón, da un paso al frente —un joven lobo con el pelo del color de la arena se adelanta.
Tiene la mirada clavada en sus pies y las mejillas de un rojo intenso—.
Tu compañera será muy afortunada de tenerte —le digo con dulzura, y los jóvenes lobos que están detrás de él dejan de reír y me miran.
Simón levanta la cabeza de golpe para encontrarse con mis ojos.
—¿Por qué, Alfa?
—me preguntan con curiosidad.
—Porque es él quien está preparado y esperando —les digo con dulzura.
Mientras los jóvenes machos empiezan a discutir entre ellos, echo un vistazo a mi reloj y me doy cuenta de que es hora de arreglarse—.
Bueno, es hora de que ustedes, cachorros, se pongan elegantes, así que andando.
Quizá los demás también deberían escribir cartas —les digo mientras me alejo de ellos y entro en la casa.
Tomo una ducha tibia y me pongo un vestido blanco y corto.
Mientras me peino, me pregunto lo agradable que será esta noche.
No puedo evitar sentirme emocionada por ver el espectáculo de todos los farolillos en el cielo.
Unas horas más tarde veo la llegada de nuevos lobos de otras manadas.
Se están reuniendo muchos juveniles y parejas de compañeros.
Sintiéndome un poco nerviosa, busco a Cronos.
Mis ojos lo encuentran entre la multitud, estrechando la mano de otros Alfas y dando la bienvenida a todo el mundo.
Para no molestarlo, me dirijo hacia las hembras, dispuesta a ayudarlas en lo que fuera, y vaya si las ayudé.
Repartí farolillos a cada invitado que llegaba.
Muchos de ellos se me quedaban mirando con asombro, haciéndome sentir extremadamente incómoda, pero algunos fueron lo suficientemente amables como para charlar un poco, preguntando por mí y por mi título.
—Luna, ¿cómo va todo?
—me pregunta Cronos, apareciendo sigilosamente detrás de mí.
—Bastante bien.
¿Van a venir más?
—le pregunto, mirando hacia la entrada.
—Sí, supongo.
Ya no es necesario que hagas esto.
¿Por qué no te adelantas y buscas un sitio?
Yo te encontraré.
Toma este farolillo y este bolígrafo.
Escribe lo que quieras en él —Cronos sonríe, empujándome suavemente hacia la multitud.
Mientras mis ojos buscan un sitio entre la multitud, encuentro uno en el centro.
Aunque estaré rodeada, no me importa.
Cronos llegará pronto.
Al llegar al lugar, me arrodillo en el suelo sin preocuparme por mi vestido blanco.
Con el bolígrafo en la mano, pienso en lo que quiero en este preciso momento.
Cierro los ojos y pienso.
¿Qué es lo que quiero?
¿Qué deseo con desesperación en este momento?
Al abrir los ojos, escribo lo primero que me viene a la mente.
Quiero verlo.
Quiero ver a mi macho.
Al leer las palabras que he escrito, resoplo para mis adentros.
De nada ha servido huir, he vuelto al punto de partida.
Cuando miro a mi alrededor, veo parejas por todas partes, sonriendo y hablando entre ellas.
Yo era la única loba que estaba sola.
Después de un rato, mientras espero a Cronos, oigo el sonido de una fuerte campana que retumba entre la multitud.
Es la señal para que sostengamos el farolillo apuntando al cielo.
Mientras los lobos empiezan a levantar sus farolillos, mis ojos buscan a Cronos con ansiedad.
No quiero hacer esto sola.
De repente, siento que el peso de mi farolillo disminuye y que alguien parece estar sujetando el otro lado, y suelto una risita.
—Cronos, por fin estás aquí; te estaba esperando.
¿Por qué estás…?
—me interrumpe el sonido de otro tañido de la campana—.
Bueno, es hora de soltarlo —sonrío mientras ambos levantamos el farolillo más alto y finalmente lo soltamos hacia el cielo.
Miro hacia el cielo, observando cómo nuestro farolillo se desliza suavemente por el aire mientras se une a los demás, y río por lo bajo.
El espectáculo es precioso.
El cielo está lleno de luz.
—Es precioso, tal como dijiste, Cronos —pero Cronos no responde y el silencio es mi única respuesta.
Cuando por fin miro a mi derecha para ver a Cronos, mis ojos se abren como platos.
El corazón se me detiene, la respiración se me atasca en la garganta y mi mente se queda en blanco mientras mi cuerpo tiembla y se estremece.
El macho que tengo delante por fin abre la boca y pronuncia una sola palabra.
—Compañera —dice.
—Deimos —susurro.
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