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La Hembra Alfa que no Puedes Domar - Capítulo 61

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61: Capítulo 61 Hola, Italia 61: Capítulo 61 Hola, Italia El sonido de susurros y gemidos apagados llega a mis oídos al encontrar a mis hembras acurrucadas, recelosas de la situación.

Camino hacia ellas con ternura en la mirada.

—Volveré pronto.

¿Seréis fuertes y me esperaréis?

—digo con delicadeza, y mis hembras asienten con entusiasmo.

La más joven corre hacia mí y me rodea las caderas con sus brazos, pues todavía no ha crecido lo suficiente como para alcanzar mis hombros.

La abrazo con fuerza y, mientras la miro, le seco las lágrimas que caen sin control.

—¿Volveré pronto.

¿Recuerdas tus deberes?

—le pregunto mientras le coloco un mechón de pelo detrás de la oreja.

—A-ayudar a los a-ancianos y p-portarme b-bien —dice entre hipidos mientras apoyo mi frente en la suya.

—Bien —susurro, soltándola.

Cuando se reúne con el resto de las hembras, les lanzo una última mirada de aliento y subo al jeep por la puerta que Deimos me mantenía abierta con paciencia.

El trayecto hasta el aeropuerto fue rápido; Deimos atendía una llamada mientras yo terminaba los papeles que me quedaban por leer y firmar.

En una hora y media, ya habíamos embarcado y nos habíamos acomodado en el avión.

Deimos se sienta a mi lado, mientras que Elriam y Ragon lo hacen frente a nosotros.

Mis ojos recorren el lugar.

Nunca pensé que los aviones tuvieran asientos de verdad.

Creía que los lobos se sentaban en el suelo.

Este avión es bastante grande solo para los cuatro.

¿Van a venir más lobos?

¿Estamos esperando a alguien?

—Deimos —lo llamo suavemente.

—Mmm… —responde con los ojos pegados al portátil.

—¿Cuándo vienen los demás?

—susurro mientras él me mira por debajo de sus gafas de montura negra.

—¿Quiénes?

—pregunta frunciendo el ceño.

—Ya sabes quiénes.

Los otros lobos que volarán con nosotros —respondo.

Él frunce aún más el ceño, confundido, hasta que una expresión de comprensión cruza su rostro.

—Este es mi jet, Lumina.

Eso significa que es solo para mi uso —explica él mientras mis ojos se abren como platos.

—¿Eres el dueño de esto?

¿De este enorme… pájaro?

¿Y yo no lo sabía?

—le pregunto mientras él suelta una risita.

—No pensé que fuera importante.

Ya no es mío.

Es nuestro.

Ahora, si no tienes más preguntas, ¿puedo seguir con mi trabajo?

—pregunta en tono juguetón.

—Puedes —sonrío y miro por la ventanilla.

Cuando el avión empieza a moverse, miro a Elriam y ella me devuelve la mirada.

Ambas entendemos la ansiedad de la otra.

Miro a Ragon, sentado a su izquierda, que sorbe tranquilamente su té mientras hojea la revista que tiene en la mano.

El avión empieza a coger velocidad y mis ojos se abren de par en par.

—D-Deimos, va demasiado rápido —le susurro mirándolo.

Él frunce el ceño en respuesta.

—Lumina, solo está a punto de despegar.

Eso es todo —explica.

Ragon nos mira a Elriam y a mí, confundido.

El jet empieza a temblar con violencia, emitiendo un fuerte ruido.

Mi cuerpo se sacude de arriba abajo, zarandeado por la fuerza.

—¡Deimos!

¿Qué está pasando?

—Mi mano sale disparada y se aferra a su brazo.

Se me revuelve el estómago y siento que voy a vomitar.

Tengo miedo.

Miro a Elriam.

Tiene los ojos apretados con fuerza mientras se aferra a los reposabrazos.

Ragon tiene la mano en su hombro y le dice algo.

Las sacudidas empeoran y dejo escapar un pequeño grito.

—Lumina, cálmate.

Ya casi llegamos, ¿de acuerdo?

No pasa nada, estoy aquí.

Shhh.

—Deimos levanta el reposabrazos, atrayéndome hacia su pecho mientras yo aprieto los ojos y me aferro a su camisa.

Su mano se desliza suavemente por mi pelo.

Las sacudidas cesan y siento como si mi cuerpo se elevara por los aires.

Me siento ingrávida, como si estuviera flotando.

Deimos no me suelta, manteniéndome en sus brazos.

Al cabo de un rato, por fin susurra: —Lumina, mira.

Mira por la ventanilla.

—Niego con la cabeza y me acurruco más contra él.

Él me aparta con suavidad mientras yo protesto.

—Confía en mí —dice, y finalmente abro los ojos.

Al mirar por la ventanilla, mis ojos se abren como platos ante la visión de las nubes.

—¿Elriam, estás viendo esto?

—le pregunto, con la boca abierta y los ojos clavados en las nubes blancas y esponjosas.

—Sí —responde, quizás en la misma postura en la que estoy yo.

La risa de Ragon me saca de mi ensimismamiento y lo miro fijamente.

—Las dos parecían cachorras hace un momento.

Luna, por un lado, tú gritabas «¡Deimos!, ¡Deimos!» y…

—Ragon se detiene cuando una carcajada brota de lo más profundo de su estómago—.

Y Elriam le rezaba a la diosa para que le perdonara la vida y sus pecados.

Elriam le da una colleja mientras un intenso sonrojo me cubre la cara.

No miro a Deimos.

Estoy avergonzada.

Muy avergonzada.

Deimos me besa suavemente la mejilla izquierda y yo giro rápidamente la cabeza para mirarlo.

Sus labios se encuentran con los míos, besándolos con suavidad.

—Me alegro de que ya te sientas mejor —susurra, y yo asiento sonriendo.

Ragon sigue riéndose con la cabeza echada hacia atrás, agitando los brazos y las piernas sin control.

Fulmino a Deimos con la mirada y él se aclara la garganta.

—Vale, ya es suficiente —le dice Deimos a Ragon en respuesta a mi fulminante mirada.

—Vamos, Alfa, dime que no te ha parecido gracioso.

Ni un poquito —le pregunta Ragon a Deimos.

El rostro severo y tranquilo de Deimos se contrae lentamente, mostrando un atisbo de sonrisa burlona, y yo resoplo.

Ragon vuelve a estallar en carcajadas.

—¡Vámonos, Elriam, sentémonos en otro sitio y dejemos solos a estos machos inútiles!

—bufo y me alejo hacia los otros asientos, con Elriam pisándome los talones.

—Lumina, solo estamos bromeando.

Vuelve —me llama Deimos—.

Ragon, deja de meterme en líos —le dice, y Ragon responde con una risita.

El resto del viaje fue maravilloso.

Estuve rodeada de música y risas.

Jugamos a las cartas, hablamos de nuestros sueños y del futuro de nuestra manada.

Deimos me enseñó algunas palabras básicas en italiano, e incluso Elriam se vengó echándole sal al vaso de agua de Ragon.

Y mientras él se atragantaba y lo escupía, Elriam y yo no parábamos de reír.

Ni siquiera me di cuenta de cuánto tiempo había pasado.

—Elriam, ¿recuerdas aquella vez que tú…?

—Nuestra conversación se detuvo cuando Deimos pronunció las palabras: —Hemos llegado.

—Miro por la ventanilla y se me abre un poco la boca.

Las luces parpadeantes parecen estrellas desde las alturas.

El mar se une a la tierra como una obra de arte y no puedo evitar sentirme abrumada por la vista que se extiende ante mis ojos.

Un lugar nuevo.

Por primera vez, he llegado a un país nuevo.

Un país precioso.

Estoy feliz.

Poniendo la palma de la mano en la superficie de la ventanilla, susurro con una suave sonrisa:
—Hola, Italia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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