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La Heredera Agraviada: Renacida para su Corona - Capítulo 176

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  3. Capítulo 176 - 176 Advirtiendo a Jiang Xue
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176: Advirtiendo a Jiang Xue 176: Advirtiendo a Jiang Xue No mucho después de que Shen Xi regresara al dormitorio, Jiang Xue y Su Xi volvieron.

Cuando vieron a Shen Xi, a quien no habían visto en toda la mañana, Jiang Xue la provocó: —Xixi, ¿dónde has estado?

No volviste anoche ni apareciste en clase esta mañana.

Debes de haber estado muy…, ocupada.

¿Te has agotado?

Es un trabajo duro, eso de vender favores toda la noche.

En cuanto Su Ni oyó a Jiang Xue lanzarle puyas a Shen Xi, se excusó diciendo que necesitaba ir al baño.

La política actual de Su Ni era dar un rodeo siempre que el asunto tuviera que ver con Shen Xi, y más aún si Jiang Xue se metía por medio.

Lo mejor era distanciarse de aquel particular campo de batalla.

Jiang Xue resopló con desdén al ver huir a Su Ni.

Shen Xi, sentada en su silla, replicó sin temor alguno: —A tus ojos, todo el mundo parece sucio, Jiang Xue.

Y lo entiendo.

Al fin y al cabo, tú no tienes precisamente un expediente limpio, así que es natural que pienses que todos los demás son como tú.

Debo decir que fuiste bastante impresionante, dejando que todos esos hombres camparan a sus anchas con tu cuerpo.

¿Cómo es que se dice?

Ah, sí.

Insaciable.

Eso es lo que eras.

Me sorprende que tuvieras tanto aguante.

La mirada de Jiang Xue se desvió hacia la puerta abierta del dormitorio y corrió a cerrarla.

—Shen Xi, eso ocurrió hace mucho tiempo.

El pasado, pasado está.

Te aconsejo que seas más sensata y midas tus palabras.

De lo contrario, sufrirás las consecuencias.

Shen Xi hizo caso omiso de la amenaza de Jiang Xue y se le acercó, dando un paso amenazante tras otro.

Lucía una sonrisa que no era una sonrisa; una espeluznante promesa de lo que sucedería si Jiang Xue se pasaba de la raya, una que hizo que el corazón de su némesis temblara.

Jiang Xue retrocedió paso a paso y pronto quedó acorralada contra la mesa, sin poder moverse más.

—¿De verdad crees que nadie sabe lo que pasó o que podías meterlo todo bajo la alfombra?

¡Tu depravación no tiene límites!

—Las palabras de Shen Xi fueron como una flecha que atravesó el corazón de Jiang Xue.

—¡Cállate, cállate!

Shen Xi, si no dejas de decir sandeces, ¡haré que mi madre acabe contigo!

¡No me tientes!

—Las emociones de Jiang Xue se desbordaron y le gritó a Shen Xi de forma histérica.

Shen Xi miró a Jiang Xue con desdén.

Recorrió con los dedos el cuello desnudo de Jiang Xue, presionando cada vez con más fuerza.

Asustada por sus acciones, Jiang Xue le agarró la muñeca.

—Tú…

¡No se te ocurra hacer una locura!

Si me pones un dedo encima, ¡mis padres acabarán contigo!

—Un temblor era perceptible en la voz de Jiang Xue mientras hablaba.

Shen Xi esbozó una sonrisa maliciosa.

Se soltó del agarre de Jiang Xue y le levantó la barbilla con el índice.

—Si tienes agallas, ¡inténtalo!

Pero déjame advertirte: sé consciente de tus limitaciones.

¿Quién sabe?

Si no tienes cuidado, podrías acabar como Su Ni y Liu Cheng, o tener un destino mucho peor que el suyo.

Jiang Xue replicó con aire desafiante: —Shen Xi, la que debería ubicarse eres tú.

Yo no soy ni Su Ni ni Liu Cheng.

Detrás de mí tengo el poder de las familias Jiang y Xiang.

Para mí no eres nadie.

Te sugiero que hagas las maletas y te largues de la Escuela Secundaria Zhuo Ying antes de que te obligue a hacerlo.

Jiang Xue no sabía de dónde sacaba Shen Xi tanta confianza.

¡Y encima se atrevía a amenazarla!

¿Qué se creía?

¿Acaso pensaba que sus padres de poca monta, un par de plebeyos con trabajos esporádicos, podrían hacer frente a su poder?

Era de una ingenuidad ridícula.

Shen Xi le dio unas palmaditas a Jiang Xue en la mejilla maquillada.

Era obvio que se había esforzado mucho en su aspecto.

—Muy bien.

Esperemos y veamos, pues.

A mí, personalmente, me gustaría observar cómo piensas buscarte la muerte.

Cada palmadita aumentaba en intensidad, produciendo sonoros chasquidos.

Jiang Xue se enfadó tanto que apartó la mano de Shen Xi de un manotazo.

Justo cuando levantaba la mano, dispuesta a abofetear a su enemiga, Shen Xi le agarró la mano extendida, se la retorció a la espalda y la inmovilizó con una llave en la muñeca.

—No puedes conmigo.

Y en cuanto a tus padres o a ese idiota cabeza hueca de Xiang Cheng, te aseguro que tampoco ellos podrán hacer nada.

Puedes creer lo que quieras, pero que no se diga que no te lo advertí.

—La sonrisa que Shen Xi dibujó en su rostro mientras hablaba era sumamente espeluznante, y la mirada que le dedicó a Jiang Xue se quedaría grabada para siempre en el fondo de su mente.

Tanto si Jiang Xue la provocaba como si no, Shen Xi ya había decidido que se encargaría de ella.

El rencor que arrastraba de su vida pasada no se olvidaría tan fácilmente.

Dejaría que Jiang Xue tuviera tiempo de crecer y, cuando llegara el momento oportuno, le haría saborear la desesperación: un destino peor que la muerte.

Pero eso sería en el futuro.

Por ahora, necesitaba prepararse para los exámenes de acceso a la universidad.

Shen Xi no quería causar un gran revuelo en ese momento, así que era natural que Jiang Xue se tomara la libertad de campar a sus anchas y actuar con tanta despreocupación.

No importaba.

Quedaba menos de un año; podía permitirse esperar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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