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La Heredera Agraviada: Renacida para su Corona - Capítulo 189

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189: Negociaciones 189: Negociaciones Shen Xi explicó la situación al guardia de seguridad, aunque dudaba de las afirmaciones de Guan Lei.

Se preparó para volver a la cama después de haber zanjado el asunto.

Debido a la herida que Guan Lei tenía en la espalda, Shen Xi no se atrevió a taparlo más arriba de la cintura.

Luego, se tumbó en la cama a su lado.

El agarre de Guan Lei en la mano de Shen Xi se hizo más fuerte cuando ella se acercó.

Cerró los ojos, y una expresión de pura felicidad se dibujó en su rostro.

En cuanto se aseguró de que Shen Xi estaba dormida, Guan Lei cogió el móvil y le envió un mensaje a Xue Li.

Le dejó un mensaje dándole instrucciones para que se encargara de todo lo relacionado con el asalto que habían sufrido él y Shen Xi.

Sin saber todo lo que había ocurrido, Jiang Xue sonrió con petulante satisfacción.

Le dijo a Su Ni: —Lo has hecho bien.

Le pediré a mi padre que le eche una mano a la familia Su y os dé una oportunidad para colaborar.

Su Ni apretó los puños, que le temblaban a los costados.

Quería tirar a Jiang Xue al suelo y darle una paliza, pero en su lugar mantuvo una sonrisa servil.

—Gracias, Jiang Xue.

¡Eres una persona tan buena!

Jiang Xue soltó un bufido y se alejó pavoneándose con arrogancia.

Su Ni tenía los ojos rojos y apenas podía contener las lágrimas.

En cuanto regresó a su habitación, Su Ni corrió al baño y cerró la puerta de un portazo, encerrándose allí sola durante media hora.

Xue Li entró en acción en cuanto leyó el mensaje de Guan Lei, y reunió a todos sus hombres para encargarse del asunto que ahora tenía entre manos.

No tardó en averiguar que los ocho asaltantes estaban detenidos por la policía, así que Xue Li puso a sus hombres a trabajar rápidamente y los envió a la comisaría en cuestión.

Cuando llegaron, la policía les estaba tomando declaración, y una copia de cada transcripción no tardó en llegar a manos de Xue Li.

Los ocho intrusos se declararon culpables; sin embargo, señalaron al que había luchado con más ferocidad en la sala de observación y dijeron que era el cabecilla.

El resto confirmó que habían participado para ayudarlo, no por ninguna disputa o venganza con Shen Xi.

Debido a que admitieron su culpabilidad y a que la herida de Guan Lei era solo leve, fueron condenados a tan solo tres años de prisión.

Sin embargo, el abogado que Xue Li había llevado se opuso.

El abogado argumentó que los ocho eran igualmente culpables y que estaba claro que, con sus acciones, tenían la intención de causar daños o lesiones graves.

No se trataba de una imprudencia o una pequeña riña entre amigos.

Era un ataque premeditado, no un malentendido o una broma que se les había ido de las manos.

La policía no esperaba que el abogado de Xue Li, que representaba a Guan Lei y a Shen Xi, reaccionara con tanta severidad y pidiera una condena mayor.

El abogado habló en nombre de sus clientes y expresó su deseo de comunicarse con los ocho detenidos.

Los agentes, al no ver nada de malo en la petición, los dejaron pasar.

Xue Li contempló a los ocho cautivos con indiferencia.

Con una sonrisa ambigua, les espetó: —¿Solo porque hayáis confesado vuestros crímenes no significa que vuestra condena vaya a ser de solo tres años.

¿Qué pasará después?

¿Creéis que vuestras vidas seguirán siendo las mismas cuando salgáis?

Se miraron unos a otros, preguntándose cuál sería la mejor forma de responder.

Admitir el delito siempre había sido parte del plan.

Aunque no completaran el encargo, aun así recibirían la mitad del dinero prometido.

Todo lo que tenían que hacer era aguantar tres años en la cárcel antes de quedar en libertad con los bolsillos llenos de dinero.

La amenaza apenas velada en las palabras de Xue Li les hizo recapacitar.

—No tengáis miedo.

Estoy aquí para ayudaros.

Mientras cooperéis, el Joven Maestro está dispuesto a correr un tupido velo y explicar la situación como un desafortunado malentendido por parte de todos —dijo Xue Li con seriedad, y sus palabras sonaron como una dulce promesa de libertad.

Los ocho la miraron con recelo.

—¿Por qué ibas a ayudarnos?

—preguntó uno de ellos.

—Nuestro Joven Maestro tiene una gran influencia en Rongcheng.

Lo que ha pasado podría dar lugar a rumores desafortunados que lo pondrían en desventaja.

Si así os quedáis más tranquilos, podéis pensar que estamos gastando algo de dinero y energía para comprar vuestras palabras —dijo Xue Li, negando con la cabeza como si no tuviera otro remedio.

Ninguno de ellos había previsto una respuesta así, pero tenía sentido cuando lo relacionaron con lo que habían visto.

Dos hombres compartiendo habitación con una mujer no daría una buena impresión a la mayoría, y la mente de algunos empezó a divagar hacia ciertas explicaciones poco decorosas.

Ya que la otra parte había abierto esa caja de Pandora, sería de tontos no intentar sacar toda la tajada posible.

Aunque no sabían cuál de los dos hombres era el llamado «Joven Maestro», tenía poca importancia.

No tardarían en saber la respuesta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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