La Heredera Agraviada: Renacida para su Corona - Capítulo 323
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Capítulo 323: Abuela Guan
Li Zhe estaba tan enfadado que golpeó el volante con el puño. Parecía que la voz le salía a duras penas del pecho mientras apretaba los dientes y le decía a Meng Yu: —¿Lo has hecho a propósito, ¿verdad?
La inocente mirada de Meng Yu se encontró con la de Li Zhe, y preguntó confundido: —¿A qué te refieres con «a propósito»?
Li Zhe sintió que, si continuaba charlando con Meng Yu, no podría evitar hacérselo allí mismo.
Li Zhe abrió la puerta del coche con fuerza. El viento frío del exterior calmó su ansiedad.
Li Zhe no sabía qué hacer. Quería dejarle claro a Meng Yu que le gustaba. Le gustaba mucho. Le había gustado desde la primera vez que lo vio.
Pero en todos estos años, no era que no le hubiera lanzado indirectas a Meng Yu, es que él simplemente no lo veía de esa manera. Incluso pensó que su ambiguo comportamiento solo era una forma de tomarle el pelo y bromear con él con mala saña, y por eso empezó a evitarlo directamente.
No era que Li Zhe no hubiera pensado en imponérsele a Meng Yu para que supiera lo que sentía por él.
Pero si hacía eso, ¿qué diferencia había entre él y ese bastardo que forzó a Meng Yu?
Es más, lo que él quería era el amor de Meng Yu, no solo el deseo físico.
Por otro lado, Meng Yu también se bajó del asiento del copiloto y preguntó con cautela: —¿Hay alguna petición especial que no haya anotado?
Li Zhe se dio la vuelta. Tenía una mirada profunda y serena. Se quedó mirando fijamente a Meng Yu sin decir palabra, hasta que este sospechó que tenía alguna mancha en la ropa.
Meng Yu bajó la cabeza para mirarse la ropa. —¿No me he limpiado bien?
A Li Zhe le entró el pánico y respondió apresuradamente: —No, estás muy limpio.
Entonces, Li Zhe agitó la mano. —Olvídalo. No tienes que preocuparte por la cita a ciegas. De repente, ya no tengo prisa.
—Director Li, no se avergüence. Todo el mundo debería casarse cuando llega a la edad. Me ocuparé de ello. En el rostro de Meng Yu apareció esa sonrisa de manual.
Li Zhe se rio con amargura, luego levantó la cabeza y aulló.
Por otro lado, Guan Lei acababa de terminar de desayunar con Shen Xi cuando recibió una llamada de Ying. La expresión de Guan Lei cambió. Por lo general, la tía Ying no lo llamaba. Si su abuela necesitaba algo, se lo comunicaba ella misma directamente.
Guan Lei contestó rápidamente la llamada y preguntó con ansiedad: —Tía Ying, ¿qué pasa? ¿Le ha pasado algo a la abuela?
Al otro lado del teléfono, la voz de Ying temblaba ligeramente mientras decía apresuradamente: —Joven amo, la anciana señora se desmayó nada más llegar a la isla. Por momentos se despierta y al siguiente pierde el conocimiento. No deja de pedir que el joven amo venga a verla.
—¿Lo saben mis padres? Guan Lei se levantó al instante, lo que hizo que Shen Xi y los demás lo miraran con nerviosismo.
—La anciana señora no ha permitido que el señor y la señora vengan. Solo quiere verlo a usted, joven amo. La voz de Ying sonaba un poco ahogada, lo que puso a Guan Lei aún más ansioso.
—De acuerdo, voy para allá. Dile a la abuela que me espere. Guan Lei colgó.
—Guan Lei, ¿qué pasa? —preguntó Shen Xi, preocupada.
—Mi abuela está enferma. Voy a volver a mi pueblo a visitarla —dijo Guan Lei rápidamente.
La expresión de Guan Lei era nerviosa y ansiosa, y estaba claro que el estado de su abuela era grave. Shen Xi dijo: —Entonces deberías darte prisa en volver. Te ayudaré a pedirle permiso al tutor.
Guan Lei miró a Shen Xi y asintió con firmeza antes de marcharse.
Cuando Meng Yu, que había estado siguiendo a Guan Lei, lo vio marcharse a toda prisa, su expresión se volvió seria. —Director Li, Guan Lei no parece estar bien.
Li Zhe también se dio cuenta. —Síguelo tú primero. Yo le preguntaré al abuelo Guan.
Meng Yu se metió inmediatamente en el asiento del conductor y siguió con cuidado el coche de Guan Lei.
Tras recibir la respuesta de Yi Guan, Li Zhe se sintió aliviado y dijo: —No es nada. Ha sido la abuela Guan, que ha fingido encontrarse mal para llevar a Lei a la isla y así evitar el banquete de cumpleaños.
Meng Yu no esperaba que Long Ye fuera tan rápida, pero pensándolo bien, tenía sentido. La única hija de la familia Ye, otrora famosa en Beijing, era rápida y decidida.
—Entonces vamos —dijo Meng Yu con un rostro inexpresivo.
Li Zhe giró la cabeza para mirar a Meng Yu, y luego dijo: —¿Por qué no te quedas en Ciudad Rong y yo voy a la isla?
Meng Yu sonrió. Aunque solo fue una leve sonrisa, bastó para turbar a Li Zhe.
—¿No temes que me escape a Beijing sin que te des cuenta? —preguntó Meng Yu, enarcando una ceja.
—¿Lo harías? —preguntó Li Zhe, un poco inseguro.
—Vamos juntos a la isla. Allí no es territorio de la familia Guan. No pasará nada —dijo Meng Yu.
Li Zhe asintió. —Está bien. Solo me quedaré tranquilo si te tengo a la vista.
Meng Yu no pudo evitar reírse. —Haces que me sienta como un criminal.
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