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La Heredera Agraviada: Renacida para su Corona - Capítulo 332

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Capítulo 332: El pasado

Sintiendo que su madre había malinterpretado la situación, se apresuró a corregirla: —No, no es así. Es solo una situación hipotética. ¿Serviría de algo si dijera que pregunto en nombre de una compañera de clase? Dijo que la habían violado y temía que su novio la odiara. ¿Tú crees que lo haría?

Shen Xi miró a su madre con expectación.

Lu Shan se quedó desconcertada. Una posibilidad se formó en su mente cuando recordó lo que Shen Xi había dicho sobre la deuda de Jiang Xue. ¿Podrían esos usureros haberle endilgado esa deuda a Shen Xi? Presa del pánico, Lu Shan la presionó para que respondiera: —Xixi, tú…, no estarás hablando de ti misma, ¿verdad?

—¡No, no! No soy yo —negó Shen Xi al instante.

Lu Shan seguía escéptica. Respiró hondo y le dijo a Shen Xi: —Xixi, dime la verdad. ¿Alguien te está chantajeando?

Shen Xi se quedó sin palabras, sin saber cómo responder a la abrupta pregunta de Lu Shan.

Sí, unos cuantos la habían acosado, pero eso había sido en su vida pasada. Shen Xi casi lo suelta todo, pero se contuvo en el último momento. No. No le convenía obsesionarse con el pasado. Lo que ocurrió en su vida pasada se quedaría como lo que era: una pesadilla que no tendría ninguna influencia en el presente.

Estudiando la expresión de su madre, que parecía volverse más frenética por segundos, Shen Xi rodeó a Lu Shan con sus brazos y le dijo: —No te preocupes, no soy yo la que está en problemas. No sé de qué otra forma tranquilizarte, salvo que te digo la verdad. Nunca me han acosado, de verdad que no.

Lu Shan abrazó a Shen Xi con fuerza y rompió a llorar. La idea de que alguien pudiera haber humillado a su preciosa hija se sintió como si alguien le estrujara el corazón.

—¡Xixi, no vuelvas a preocuparme así! Mamá no puede soportarlo. Cada vez que pienso que te acosan, me duele tanto que no puedo respirar —se lamentó Lu Shan, apoyada en el hombro de Shen Xi, con las lágrimas cayendo libremente como una tormenta torrencial.

—No te preocupes —la consoló Shen Xi, abrazándola—. De acuerdo, no volveré a mencionar cosas tan descabelladas.

—¡No dejaré que nadie que te acose se salga con la suya! ¡Aunque tenga que perseguirlos hasta las profundidades del infierno, me vengaré! —Lu Shan miró al suelo, con una fuerte convicción en su voz. Pareció aligerar una carga que había estado llevando inconscientemente, desprendiendo una escalofriante intención asesina.

Shen Xi se soltó lentamente de los brazos de su madre y le tomó las manos. —Mamá, siento haberte preocupado. Dejé que mi imaginación volara. No llores; ¡estoy bien! Nadie me ha hecho daño.

Le llevó más tiempo del que le hubiera gustado, pero Shen Xi convenció a su madre para que saliera de la habitación y recuperara un poco la compostura.

Pero, en cuanto cerró la puerta, se derrumbó.

Shen Xi se deslizó hasta el suelo, con la espalda contra la puerta y la cabeza entre las manos. Apretó los dientes con obstinación, pero sus lágrimas siguieron brotando sin control, como de un grifo averiado, y le corrieron por el rostro.

Todo este tiempo, Shen Xi había estado reprimiendo los recuerdos de cuando la acosaron, reacia a pensar en esos asuntos de su vida pasada. Solo porque se obligara a no pensar en el pasado no significaba que el pasado la dejara vivir en paz como si nunca hubiera ocurrido.

Manos sucias, fluidos corporales asquerosos y una humillación repugnante… Eran elementos recurrentes en sus sueños.

El dolor que le traía el pasado solo se veía compensado por las consecuencias que le había hecho sufrir a Jiang Xue en esta segunda vida.

Shen Xi había pensado que ya había superado de verdad la agonía por los detalles de su primera vida, pero parecía que se equivocaba. Hoy, sus viejas pesadillas habían regresado con más fuerza que nunca.

Lu Shan nunca respondió a su pregunta, y Shen Xi sabía que no estaba más cerca de encontrar una respuesta. Era frustrante.

Ella y Guan Lei estaban saliendo. ¿Llegaría a despreciarla al enterarse de los oscuros secretos de su pasado?

Shen Xi no sabía cuánto tiempo llevaba llorando. Lo único que sabía era que tenía que hacer la maleta. Ese fue el ímpetu que la empujó a ponerse de nuevo en pie.

De vuelta en su dormitorio, Lu Shan no pudo evitar sentir que algo no encajaba en la conversación que había tenido con su hija. No podía entender por qué Shen Xi le preguntaría algo así de la nada. Su mente divagó hacia el vuelo de Shen Xi a Beijing al día siguiente. La ciudad era desconocida y le preocupaba la seguridad de Shen Xi.

Lu Shan tomó una decisión. Dio la casualidad de que Shen Yan acababa de regresar cuando ella se puso en pie de un salto. —¿Cariño, qué pasa? ¿Qué te tiene tan alterada?

Lu Shan se volvió hacia su esposo y le dijo: —Estoy preocupada por Xixi. Me preocupa que vaya sola a Beijing. Llamaré a Lu Lin y le pediré que organice que alguien cuide de Xixi.

Shen Yan no sabía qué había causado el ataque de ansiedad de su esposa. —¿Ha pasado algo? —preguntó en voz baja.

Lu Shan relató la extraña pregunta de Shen Xi, mientras nuevas lágrimas brotaban del manantial de sus miedos. —Esposo, yo… estoy preocupada de que a nuestra Xixi la estén acosando. No quiero eso, no quiero que sufra. Solo pensarlo me llena de angustia.

Shen Yan atrajo rápidamente a Lu Shan a sus brazos y la consoló. —Xixi es una chica fuerte, no es fácil de acosar.

A pesar de su confianza, la expresión de Shen Yan no era muy buena. Si alguien se atrevía a ponerle un dedo encima a su hija, se aseguraría de que no tuvieran una muerte rápida.

—Haré que alguien la cuide. Zheng Huai será perfecto para eso —dijo Shen Yan, dándole una palmadita en la cabeza a su esposa.

Con esa promesa, Lu Shan se calmó. —De acuerdo.

A la mañana siguiente, Zheng Huai pasó a recoger a Shen Xi.

Shen Xi no se había enterado de este arreglo y preguntó: —¿Primo, qué haces aquí?

—Tu madre está preocupada de que te pierdas en Beijing —dijo Shen Yan. Él y su esposa estaban allí para despedir a Shen Xi—. Tu madre le ha pedido a tu primo que te acompañe.

—¿No iría eso en contra de los términos de tu apuesta? —preguntó Shen Xi con preocupación.

Después de todo, Zheng Huai era un miembro de la familia Shen. Pedirle ayuda equivalía a tomar prestadas las conexiones de la familia Shen.

—Nada es más importante que tu seguridad —recalcó Lu Shan, incapaz de ocultar su preocupación.

Shen Xi se conmovió. Lu Shan debía de estar más inquieta de lo que había aparentado tras su conversación del día anterior.

Zheng Huai no estaba al tanto de lo que había ocurrido el día anterior, pero podía notar que el ambiente parecía un poco tenso. —Mi presencia no tiene nada que ver con la apuesta —empezó Zheng Huai—. He venido a recogerte porque he querido. Además, también tengo algunas cosas que hacer allí.

Su abuelo le había dicho que se acercara más a Shen Xi. Quería que ella probara lo que significaba ser una hija de la familia Shen. Zheng Huai estaba impaciente por tener una oportunidad para hacerlo.

Shen Xi suspiró, impotente. Tras despedirse de sus padres, se subió al coche de Zheng Huai y fueron a recoger a Zhao Yuan.

El Chico de Xixi: [¡Buenos días, Xixi! ¿Estás de camino a Beijing?]

Shen Xi leyó el mensaje de Guan Lei, pero se tomó su tiempo para formular una respuesta. Se preguntó si a Guan Lei le seguiría gustando si conociera su oscuro pasado.

… Probablemente no. ¿Debería romper con él? ¿Debería decirle a Guan Lei que dejara de perder el tiempo con ella? Se suponía que esta segunda vida iba a ser diferente —y lo era—, pero el recuerdo de haber sido violada en grupo seguía siendo una constante en su mente.

En ese momento, Shen Xi no podía discernir qué parte de los recuerdos de su vida anterior era real. ¿Había sido todo un sueño? ¿Una pesadilla horrible? ¿O era mentira la vida que vivía ahora?

El Chico de Xixi: [Mañana te enseñaré los alrededores. Te encantará el amanecer cuando el sol se asoma sobre las olas; los peces nadando en el mar son siempre un espectáculo. Caminar descalza por la playa de arena al atardecer tampoco es mala idea.]

Guan Lei le envió algunas fotos de cosas que podía esperar en Beijing. Todas y cada una de ellas parecían impresionantes.

El Chico de Xixi: [Acabo de aprender a cocinar, así que prepararé el desayuno para los dos cuando vuelva.]

Un nuevo conjunto de fotos con huevos envueltos en loto, verduras y lo que parecía un filete ligeramente quemado apareció en su pantalla.

Shen Xi soltó una risita al verlo, lo que provocó que Zheng Huai se asomara por encima del hombro, mirándola con curiosidad.

El Chico de Xixi: [¿Sigues durmiendo? Voy a hacerle compañía a la abuela. Cuando te despiertes, por favor, envíame un mensaje.]

Un suspiro escapó de los labios de Shen Xi mientras miraba por la ventanilla del coche.

—¿Qué pasa? ¿Por qué ese ceño fruncido y ese suspiro? ¿No estabas contenta hace un momento? —inquirió Zheng Huai, confundido por el repentino cambio de humor de su prima.

Shen Xi se encogió de hombros, fingiendo una sonrisa relajada. —Estoy bien. Creo que ya estoy echando de menos mi casa. Quería preguntarte, pero… ¿Le has dicho al abuelo que vienes conmigo?

Zheng Huai fingió estar enfadado y fulminó a Shen Xi con la mirada. —Le dije al tío que no se lo diría al abuelo. Y no lo haré; soy un hombre de palabra.

—Qué bien —asintió Shen Xi.

Shen Xi volvió a mirar su teléfono, todavía pensando en cómo responder a los mensajes de Guan Lei.

Mientras tanto, Guan Lei, que no había tenido noticias de Shen Xi, se puso nervioso. Revisó su teléfono varias veces, pero no llegaba ninguna palabra de Shen Xi.

No podía estar en el avión, razonó. Al menos, no a esa hora.

Ye Long observó a su nieto distraído y preguntó: —Ah Ying, ¿qué está pasando? ¿Qué le pasa a Lei’er? Parece un mono con un picor que no puede rascarse.

Ah Ying compartía los pensamientos de la Vieja Señora Guan. ¿Por qué el Joven Maestro, normalmente tan tranquilo y sereno, actuaba de repente como un niño que no podía estarse quieto?

—Xue Li, ¿todavía es de noche en Ciudad Rong? —Xue Li casi se cae y termina en las olas que chapoteaban debajo con la caña de pescar en la mano. «¿Por qué me hace el Joven Maestro una pregunta tan tonta?», se preguntó.

—Joven Maestro, Ciudad Rong no está tan lejos de Beijing. Apenas hay diferencia horaria entre aquí y allí —respondió Xue Li obedientemente con una sonrisa forzada.

¿Quién iba a decir que su respuesta pondría a Guan Lei aún más descontento? El Joven Maestro había dicho que extrañaba a Shen Xi, y ahora no había podido obtener una respuesta de ella en todo el día. ¿Había pasado algo entre los dos?

Justo cuando Guan Lei estaba a punto de buscar a alguien en el grupo de la clase para preguntar si sabían cómo estaba ella, recibió un mensaje. Era de Shen Xi.

Xixi: [Estoy embarcando en el avión ahora. Te escribiré cuando llegue a Beijing.]

La felicidad de Guan Lei duró poco. Acababa de tener noticias de Shen Xi. ¿Por qué tenía que esperar aún más para volver a saber de ella? ¿Por qué la espera parecía mucho más dura que antes?

Shen Xi no volvió a enviarle un mensaje a Guan Lei hasta que se instaló en el hotel donde se alojaría. El mensaje no era largo, lo suficiente para decirle que había llegado.

Cuando Guan Lei recibió el mensaje, le dijo inmediatamente a Ye Long: —Abuela, iré a casa a descansar un poco. Volveré mañana.

Ye Long miró a su nieto con cariño y asintió. —De acuerdo —dijo—. Vete a casa. Yo me quedaré un rato más al sol.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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