La heredera está aquí: ¡Cálmate, príncipe de la escuela! - Capítulo 135
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- Capítulo 135 - 135 Capítulo 135 – Pensé que me dirías estúpida (Parte 1)
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135: Capítulo 135 – Pensé que me dirías estúpida (Parte 1) 135: Capítulo 135 – Pensé que me dirías estúpida (Parte 1) Editor: Nyoi-Bo Studio An Xiaxia se estremeció al oír sus palabras y de inmediato se agarró firme de él.
Sheng Yize se acercó al director y le hizo una promesa con un rostro inmutable.
—Lamento haber causado todos estos problemas.
Yo me encargaré.
El director asintió y dijo con amabilidad: —No te preocupes mucho.
Terminaste tus escenas del día.
Te puedes ir temprano.
Sheng Yize se despidió y se fue con An Xiaxia en sus brazos.
Antes de que se fueran, el director lanzó una mirada a la chica en sus brazos y no pudo evitar suspirar.
En “La historia del inmortal desterrado”, el joven Yehuan era el hijo favorito y de quien más estaba orgulloso el Emperador Celestial.
Sin embargo, más adelante en la historia, Yehuan sucumbió a su amor por una mujer, llevándolo a matar dioses y demonios por igual y a aniquilar el inframundo.
Eventualmente, Changrong El Inmortal tuvo que dominarlo y encerrarlo en un rascacielos para arreglar las cosas.
Probablemente a eso se refería la gente cuando decían que “los héroes caen ante la belleza”.
– Lu Ke hizo tiempo para visitar a Starry Night en el set y estaba regañando a Chi Yuanfeng por subir de peso de nuevo cuando Sheng Yize regresó con un rostro oscuro y una chica en sus brazos.
Su rostro de inmediato oscureció más que el de él.
Al ver que Lu Ke estaba ahí, Sheng Yize levantó una ceja y se acercó a ella.
—Hermana Ke, por favor consíguele algo de ropa.
La reprimenda de Lu Ke quedó a medias, mientras que el rostro de él se mantenía completamente tranquilo y sereno, como si no tuviese idea de lo impactante que era lo que acababa de hacer.
—Sheng Yize, ah no, Joven Amo Shen, ¡de verdad eres impresionante!
—cuando ya no podía contener su rabia e iba a desahogarse, nuevamente la interrumpieron tres estornudos consecutivos de An Xiaxia.
Al ver su carita pálida y sus ropas húmedas, no pudo desquitarse incluso aunque quería.
Se fue trotando a conseguirle algo de ropa.
Sheng Yize la conocía muy bien y sabía que perro que ladra no muerde.
¿Cómo podía enojarse la Hermana Ke ante el estado lamentable de An Xiaxia?
Mientras que An Xiaxia estaba en la casa rodante cambiándose de ropa, Lu Ke arrastró a Sheng Yize a una esquina silenciosa y le echó la bronca.
—Dime, ¿perdiste la cabeza?
¿Qué te dio que pensaste que estaba bien cargar a una chica frente a todo el equipo?
¿Tienes idea de lo que significa?
¿Quieres estar en los titulares?
¡Estás loco!
Sheng Yize cruzó los brazos y respondió con tranquilidad.
—¿No es eso lo que quieres?
¿Cómo conseguirá popularidad un ídolo si no está en los titulares?
La Hermana Ke casi se atragantó cuando lo escuchó.
Dándose golpecitos en el pecho, dijo: —Alguien allá arriba debe odiarme.
¡Mocoso!
Intentas que me dé un derrame cerebral, ¿cierto?
Él rio entre dientes, le dio golpecitos en el pecho y se alejó.
Marcó dos números para solucionar todo antes de regresar a la casa rodante.
An Xiaxia se había puesto ropa seca, pero no eran de la talla correcta.
Vistiendo esa sudadera que le quedaba suelta, lucía incluso más pequeña y vulnerable.
Se estaba calentando las manos con el té con leche caliente que le había traído Chi Yuanfeng.
Al ver a Sheng Yize entrar, se acurrucó en una esquina, asustada.
Chi Yuanfeng también estaba a punto de entrar cuando He Jiayu tiró de él.
—¡Guaaa!
¡Me iré a casa con Xiaxia!
No me detengas…
—se quejó lloriqueando.
Pese a su sonrisa indefensa, He Jiayu tenía un puño de hierro.
—No necesitan hacer un mal tercio.
Chi Yuanfeng: T_T – En la casa rodante.
Parecía haber pasado una eternidad antes de que Sheng Yize finalmente hablara con una voz fría.
—An Xiaxia, tontita.
¿Cuánto rato más te habrías quedado en el agua si no te hubiese ido a buscar?
Ella sorbió su nariz y lo miró tímidamente.
Él sacó un pañuelo y limpió su nariz de forma tosca.
—Eso duele…
—murmuró ella.
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