La heredera está aquí: ¡Cálmate, príncipe de la escuela! - Capítulo 276
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- Capítulo 276 - 276 Capítulo 276 – Ya eres perfecta, así como eres (Parte 2)
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276: Capítulo 276 – Ya eres perfecta, así como eres (Parte 2) 276: Capítulo 276 – Ya eres perfecta, así como eres (Parte 2) Editor: Nyoi-Bo Studio An Xiaxia retrocedió un poco en la manta y evitó hacer contacto visual.
Sheng Yize suspiró y envolvió la mano en la que tenía la aguja.
Su mano estaba muy fría y la palma cálida del chico era tan cómoda que no quería soltarla.
—Sheng Yize, sabes…
—ella resopló y cambió de tema—.
No soy tan cruel.
No voy por ahí pegándole a la gente.
Es solo que Jian Xin’er se pasó de la raya hoy y tuve que hacerlo.
Antes, ella y Ding Yiyi me encerraron en el baño y me tiraron agua fría.
También me encerró en el vestíbulo para que no pudiera llegar a tiempo a la clase de inglés…
La suave voz de la chica era el único sonido en la habitación.
Él la escuchó en silencio.
Pese a su rostro inmutable, la expresión de sus ojos se volvió más sombría.
¿Por qué le había ocultado esto todo el tiempo?
¿Acaso su querida tontita había sufrido tanto en algún rincón que no conocía?
—¿Ahora me dices todas estas cosas?
—después de escuchar su extensa cháchara, su boca se crispó un poco—.
¿Por qué no me dijiste antes?
—Yo…
—ella parecía una niña traviesa que estaba confesando y dibujó círculos con suavidad en su palma con un dedo, como si estuviera engatusándolo—.
No quería que me dijeras que soy tonta y que ni siquiera podía encargarme de algo tan insignificante sola.
—Xiaxia —él quedó aturdido por un momento antes de hablar con un tono serio—, cualquier cosa que te involucre jamás será insignificante.
¿Si se lo hubiese dicho antes, no, si se hubiese preocupado más por ella, habría tenido que pasar por todas esas cosas?
Él se reprendió a sí mismo mientras ella estaba abrumada por la estupefacción.
—No…
Sheng Yize, no puedo depender de ti siempre.
Hay cosas de las que me tengo que encargar sola.
Mira, me defendí, ¿o no?…
Jiji…
¿Acaso no soy ruda…?
Ella le sonrió con dulzura y él permaneció en silencio por un momento antes de levantar la mano para frotar su cabeza.
Era tan tontita.
No podría haber sido más ingenua.
Sin embargo, tenía que admitir que, bajo ese rostro indefenso, su tontita tenía un corazón tenaz.
—De verdad eres una chica ruda —dijo en voz baja después de un momento y luego soltó una risita—.
Tan ruda que temo que algún día me des una paliza.
—¡Sé bueno conmigo y te prometo que no haré eso!
—ella soltó un suspiro de alivio y se burló de él.
—Lo seré—le dio una respuesta breve, pero su tono nunca había sido tan firme.
Era una promesa que nunca le había hecho a otra persona.
Justo ahí y en ese momento, se lo prometió a An Xiaxia, la única en el mundo.
Haría todo lo posible por hacerla feliz.
¡Jamás la haría sufrir otra injusticia!
Pellizcó su mejilla con sus dedos delgados.
Entonces ella frotó la cara en su palma y cerró los ojos, contenta.
Cuando cerró los ojos, el recuerdo aterrador pareció regresar de nuevo.
El agua gélida y las risas burlonas infinitas…
parecía sofocarla.
Sus pestañas se agitaron, haciendo cosquillas en la palma de Sheng Yize.
—¿Qué?
¿No puedes dormir?
—él percibió su revuelo.
—Sheng Yize…
—ella reunió valor y le preguntó con una voz diminuta—.
¿Crees que de verdad encajemos?
¿Qué me ves…?
Siempre estás diciendo que soy tonta y lo sé.
Me diste el vestido para convertirme en una princesa, pero…
en realidad, no lo soy.
Solo soy Cenicienta y, cuando llegue la medianoche, el carruaje de calabaza y los zapatos de cristal se esfumarán, y volveré a ser mi vieja yo…
—En una relación no existen los “me lo merezco o no” —dijo él con un tono pensativo—.
Xiaxia, no tienes que ser una princesa.
Todo lo que necesitas es ser tú misma.
Ya eres perfecta, así como eres.
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