La heredera está aquí: ¡Cálmate, príncipe de la escuela! - Capítulo 364
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- Capítulo 364 - 364 Capítulo 364 – Di que sí y seré tuyo (Parte 2)
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364: Capítulo 364 – Di que sí y seré tuyo (Parte 2) 364: Capítulo 364 – Di que sí y seré tuyo (Parte 2) Editor: Nyoi-Bo Studio Sonaba tan resuelto que An Xiaxia quedó boquiabierta.
No sabía cómo reaccionar a eso.
—¿Tienes miedo?
¿Dónde está esa chica ruda de hace un minuto?
—Sheng Yize soltó una risita.
—Jum…
—ella estrechó sus manos—.
¿Estás enojado conmigo porque eché a tu amor de la infancia indignada?
—No podría estar más feliz de verte defendiéndonos —Sheng Yize estaba sinceramente encantado, solo que cuando siguió a Song Qingchen con los ojos su rostro se puso serio.
¿Cómo era posible que esa chica inocente e ingenua de hace unos años se convirtiera en alguien así?
Estaba al tanto de los planes de Song Qingchen, pero sentía que le debía mucho, así que no la expuso.
No solo eso, también estaba haciendo lo posible por compensárselo.
Pero si eso significaba que An Xiaxia estaría bajo amenaza…
¡ya no guardaría silencio!
– An Xiaxia pensó que la sugerencia de Sheng Yize solo fue una broma, pero, en realidad, lo había planeado todo.
Hasta había conseguido el permiso de Papá An.
—Mi madre falleció cuando era pequeño.
La única familia que tengo son los padres de mi padre, mi padre y algunos primos…
No tengo una familia grande en absoluto.
Te los presentaré cuando los conozcas —Sheng Yize le explicó pacientemente, pero ella estaba muy inquieta.
—¿Les gustaré…?
Después de todo, Sheng Qingyi ya había hablado con ella en privado…
Hasta había organizado una fiesta de compromiso para Sheng Yize y Song Qingchen sin consultarlo con su hijo.
Era obvio que no le podía importar menos An Xiaxia.
—Mis abuelos te adorarán —él sonrió un poco al pensar en los dos grandes bobos en casa.
En cuanto a Sheng Qingyi, lo ignoró de inmediato.
Su padre siempre había sido inexistente para él.
– An Xiaxia le pidió a Su Xiaomo que la acompañara a comprar regalos.
Después de escogerlos minuciosamente para los miembros de la Sheng, conversaron con toda tranquilidad mientras entraban y salían de las tiendas.
Recientemente, Su Xiaomo había empezado con la serialización de un cómic yaoi para mayores de 18 en internet que había tenido una muy buena recepción.
Luego la contactó una editorial para hacer copias físicas y había estado trabajando como burro editando su trabajo.
Había metido a la fuerza este paseo de compras en su agenda, corriendo el riesgo de que su editora la ejecutara.
—Veo que esta Song Qingchen es una niña problemática —comentó, después de que An Xiaxia le contara de los eventos recientes—.
Es bastante buena fingiendo ser una florcita blanca y pura.
¡Ten cuidado, amiga!
Te podría robar al Hermano Ah Ze.
Subió el tono de su voz e imitó la voz empalagosa de Song Qingchen, que hizo que An Xiaxia se partiera de la risa.
—Se acerca el cumpleaños de Sheng Yize —An Xiaxia detuvo a Su Xiaomo cuando llegaron a la sección de hombres—.
¿Qué le debería regalar?
—Mm…
¿Una camisa?
¿Una corbata?
Chss, qué tal una linda ropa interior…
—le sonrió provocativamente.
—¡Eres tan sucia!
¡Córtala!
—An Xiaxia se ruborizó.
Con las manos en las mejillas, deambuló por la sección.
Sus ojos por fin se posaron sobre una corbata.
Era una corbata negra con un diseño azul marino sutil.
El estilo maduro y prudente era bastante adecuado para Sheng Yize.
Su corazón se disparó cuando vio el precio.
—Es tan cara…
—Mierda —Su Xiaomo echó un vistazo y gritó—.
¿La corbata está hecha de oro o qué?
Maldición…
la gente rica debe vivir en otro mundo…
—Nuestro diseñador top se esforzó mucho en esta corbata —dijo amigablemente el vendedor—, y con el trabajo a mano y los materiales cuidadosamente escogidos de…
El extenso discurso le estaba dando dolor de cabeza.
—Empáquelo, por favor —dijo, agitando su mano.
—Ricachona Xia, ¿necesitas a un sirviente en casa?
—dijo Su Xiaomo.
—Cállate…
necesito lamentar la muerte de mi billetera.
– El día siguiente.
Sheng Yize condujo el auto y llevó a An Xiaxia a otra casa de la familia Sheng.
—Sheng Yize —pensó en echarse para atrás antes de que llegaran a la puerta principal.
Habló con su carita arrugada—, tengo dolor de estómago.
—Sobrevivirás.
—…
¡Vete al infierno!
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