La heredera está aquí: ¡Cálmate, príncipe de la escuela! - Capítulo 395
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395: Capítulo 395 – ¿Eres ella?
(Parte 4) 395: Capítulo 395 – ¿Eres ella?
(Parte 4) Editor: Nyoi-Bo Studio La pregunta casual golpeó el corazón de Song Qingchen como un martillo.
Se congeló de inmediato y apretó los puños.
¿Tenía sospechas de ella…?
No, ¡no podía decir que no!
Quién sea que haya sido alguna vez, ahora mismo y ahí, ¡era Song Qingchen!
Era la querida hija de la familia Song y el amor de la infancia de Sheng Yize.
—Hermano Ah Ze…
—le sonrió burlonamente—.
¿Recuerdas lo que me dijiste ese verano cuando atrapaste cigarras para mí?
Te caíste del árbol y estaba tan preocupada que lloré.
Lo único que me dijiste fue “No hay forma de salir de mi mundo, pero quererte se ha convertido en mi escape.
No me importa si caigo de un precipicio, siempre y cuando estés ahí.” Admito que he hecho muchas cosas…
pero todo fue porque quería estar contigo.
Solías confiar en todo lo que decía, pero ¿por qué ahora me haces esto…?
Sheng Yize parecía sorprendido cuando la volvió a mirar.
Tenía algunas sospechas de la identidad de Song Qingchen…
pero ese era un recuerdo que le pertenecía solo a ellos dos.
Cayó en sus viejos recuerdos…
En ese entonces, en Pueblo Atardecer.
El ritmo lento del pueblecito lo convirtió en el lugar perfecto para recuperarse y para…
la reclusión.
En ese entonces, Sheng Yize vio a su madre ser atropellada por un auto y sufrió un colapso nervioso, que lo llevó a desarrollar síntomas de autismo leves.
Sheng Qingyi había estado demasiado ocupado con los negocios de la familia para cuidar a su hijo.
Temiendo que las noticias de que su único heredero se había enfermado salieran y afectaran el precio de las acciones de la compañía, lo envió en secreto a un pueblo lejano donde podía recibir tratamiento.
Se suponía que se recuperaría ahí, pero también estaba prácticamente atrapado en ese pueblecito.
Pese a tener solo seis años, había aceptado la realidad de su situación el primer día que llegó.
Leía y comía en silencio a diario.
Era tan callado que los sirvientes que lo cuidaban pensaron que era mudo.
Todo cambió cuando Songsong apareció en el vecindario.
Songsong, la animada y activa chica, vivía justo al lado.
Siempre iba a jugar con él.
Dormía a su lado cuando leía y le tarareaba canciones de cuna sin sentido cuando tocaba el piano.
Nunca le había gustado ver TV, pero ella lo había obligado a terminar “Viaje al Oeste”, “Mi linda princesa” y “La espada celestial y el sable del dragón” con ella…
En ese entonces, el tiempo se sentía justo como el nombre de Pueblo Atardecer: los días pasaban distraídamente y todo era pacífico y silencioso.
Sheng Yize se recuperó poco a poco.
Él y Songsong también se habían vuelto más cercanos.
Un día, ella, que era adorable, tiró de su manga y apuntó a un moral negro afuera.
—Hermano Ah She, shigarras…
El chico, que ya era extraordinariamente atractivo a temprana edad, la corrigió con impaciencia.
—Es Ze, Z-E, ¡Ze!
¡Ah Ze!
Y son cigarras, ¡no shigarras!
Songsong, ¡eres tan densa!
—No, ¡no lo soy!
—ella se enfadó—.
¡Soy la chica más lista del mundo!
—Chss, ¿quién te dijo eso?
—¡Mi abue!
¡Y el tío!
¡Me da galletitas y leshe todos los días!
—Songsong sacó el pecho con orgullo.
—¡Es leche!
—la corrigió de nuevo.
La niñita frunció los labios y lo fulminó con la mirada, por lo visto al borde del llanto.
Él se arrepintió de inmediato.
—No llores —suspiró—.
Te conseguiré una cigarra.
Muac Los ojos de Songsong se iluminaron.
Le dio un beso a su claro y atractivo rostro y el chico huyó del lugar de inmediato.
«Esa tontita…
¡No puedes solo besar a la gente así!» Su corazón se inundó de dulzura al pensar en lo tímido que alguna vez fue.
—No llores…
—Sheng Yize miró a Song Qingchen, que tenía lágrimas corriendo por las mejillas y frunció los labios.
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