La heredera está aquí: ¡Cálmate, príncipe de la escuela! - Capítulo 396
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- Capítulo 396 - 396 Capítulo 396 – El primero que hable es un perro (Parte 1)
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396: Capítulo 396 – El primero que hable es un perro (Parte 1) 396: Capítulo 396 – El primero que hable es un perro (Parte 1) Editor: Nyoi-Bo Studio Eso no disipó sus sospechas acerca de la verdadera identidad de Song Qingchen.
Sin embargo, esos recuerdos eran tan tiernos y cariñosos que no podía animarse a tratarla con crueldad.
—L-lo siento…
Hermano Ah Ze, no lo haré de nuevo…
Me detendré y ustedes tendrán mi bendición…
O puedo irme del país.
Lo siento…
—Song Qingchen lloriqueó pesarosamente y sus palabras sonaban sinceras.
Él frunció el ceño y dijo con seriedad: —Si de verdad te irás, te iré a despedir.
—Está bien —ella no intentó nada más, sino que respondió sin dudarlo.
Eso lo sorprendió hasta a él.
—Descansa y cuídate —él se fue después de ese breve comentario.
Ella sonrió con amargura y acarició su propia mejilla.
¿Dolía?
Claro que sí.
¿A quién no le dolería después de cachetearse reiteradas veces?
«Sheng Yize…
¿Por qué no hay lugar en tu corazón para mí?» – Él regresó a la habitación de An Xiaxia con una bolsa de comida.
La ayudó a enderezarse y puso dos grandes y suaves almohadas detrás de ella.
Luego sacó un tazón de sopa de la bolsa, quitó el empaque y sopló la cuchara hasta que tuviera la temperatura adecuada para dársela.
—Es tan amarga…
—ella tomó un sorbo y su carita se arrugó.
—Porque tiene hierbas medicinales.
Es buena para tu salud —le explicó—.
Sé una chica buena y bébela.
—¡No!
—ella frunció el ceño.
¡Era tan amarga!
—Sí —el tono de él era dominante.
—Ya estoy tomando medicamentos y tengo una IV…
—ella frunció los labios quejumbrosamente—.
¿Por qué tengo que tomar esta sopa horrible?
—¿Así que no te la tomarás?
—él levantó una ceja.
—Mm…
—después de dudarlo mucho, ella por fin reunió valor y sacudió la cabeza.
¡De verdad no podía!
¡Sabía tan mal!
—En ese caso, tendré que alimentarte yo mismo —después de decir eso con un rostro imperturbable, Sheng Yize tomó un sorbo de la sopa mientras ella lo miraba con incredulidad.
Luego la acorraló en la cama.
Sus labios se encontraron y el sabor de las hierbas y su propio refrescante olor llenaron su boca.
An Xiaxia abrió los ojos de par en par.
¿¡Así que eso quiso decir con “alimentarla él mismo”!?
Separó sus dientes y la sopa entró a su boca hasta la última gota.
Ella sintió ganas de llorar, pero no le salían lágrimas.
Lo empujó con toda su fuerza.
—Está bien, la tomaré…
La tomaré sola…
—Buena chica —él le dio una palmadita en la cabeza y le pasó el tazón con toda tranquilidad.
Las lindas cejas de ella se fruncieron mientras bebía la sopa, luciendo como si fuese de camino a la horca.
Era…
tan amarga…
—Fui a ver a Song Qingchen hace un momento —Sheng Yize no se lo iba a ocultar y le dijo todo lo que pasó.
Luego la reprendió con el ceño fruncido—.
Por la razón que sea, no debiste pegarle.
An Xiaxia se sobresaltó, derramando la sopa.
—¿¡Qué quieres decir con “no debiste pegarle”!?
—lo fulminó con la mirada—.
Fue su culpa.
¿¡Qué tiene de malo que le pegue!?
—Se sintió abrumada por la injusticia.
Después de todo lo que había pasado, ¿ahora era su culpa?
—¡Xiaxia!
—él levantó la voz—.
Sé razonable.
—Ya veo, ahora soy irracional.
Bueno, ¡así será!
—golpeó la mesa con el tazón, se tapó entera con el edredón ¡y juró no hablarle nunca más!
Sabía que no debería haber llegado a los golpes, pero él no sabía lo que la había alterado.
Song Qingchen la trató de huérfana primero…
No podía solo quedarse ahí y dejarla hacerlo…
Cuanto más pensaba al respecto, más se enojaba.
Al final, ¡simplemente salió de la cama y lo sacó a empujones!
—¿Qué estás haciendo?
—le preguntó él con el rostro oscuro.
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