La heredera está aquí: ¡Cálmate, príncipe de la escuela! - Capítulo 739
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- Capítulo 739 - 739 Capítulo 739 – Pero yo sí puedo dejarte (Parte 5)
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739: Capítulo 739 – Pero yo sí puedo dejarte (Parte 5) 739: Capítulo 739 – Pero yo sí puedo dejarte (Parte 5) Editor: Nyoi-Bo Studio —¡Estoy sacando la zanahoria!
—An Xiaxia dijo riendo—.
Lalala…
Los ojos de Sheng Yize estaban tan oscuros que parecían un abismo que podría absorber a una persona…
Su voz era ronca y profunda.
Con el temblor de sus pestañas, el lunar bajo su ojo parecía aún más seductor.
—Saquemos otra cosa, ¿sí?
—¿Otra cosa?
—se mordisqueó los dedos y lo escaneó con los ojos ilusionados.
Él jadeó y su pecho se movió.
Ella lo pinchó y preguntó con una voz fascinada: —¿Por qué tienes pechos?
«…
Esos son sus pectorales, ¿¡sí!?» —Si sigues haciendo eso, esta noche no te dejaré ir…
—dijo con la voz ronca, deteniendo sus manos, que estaban haciendo arder su cuerpo por todas partes.
—¿Dónde está mi dulce?
¿¡Dónde los escondiste!?
—lo miró, confundida.
Se contorneó, intentando salir de encima de él.
Sheng Yize ya estaba al borde de perder el control y esa fue la gota que rebalsó el vaso.
La tomó en brazos, abrió la puerta de la habitación de una patada, la acorraló en la cama y la besó apasionadamente…
—Xiaxia…
¿sabes quién soy?
—succionó el lóbulo de su oreja.
—¡Por supuesto!
¡Eres mi maridito!
—asintió reiteradas veces.
—¡Di mi nombre!
—dijo él con una voz profunda.
—…
¿Cómo era que te llamabas?
—parecía perpleja.
Él guardó silencio por un segundo.
Luego se inclinó y le mordió con fuerza la clavícula.
—¡Tonta!
—Mm…
¡No me muerdas!
¡Duele!
– Fue una noche muy apasionada.
Cuando An Xiaxia despertó, era temprano por la mañana.
Se frotó los ojos y sintió que le dolía todo el cuerpo.
No pudo evitar preguntarse si, por alguna razón, había hecho mucho ejercicio el día de ayer.
Era la persona más perezosa del mundo.
Una carrera de 800 metros ya le resultaba una tarea imposible.
¿Qué ejercicio podría haber hecho…?
Los recuerdos regresaron paulatinamente y abrió los ojos de par en par.
Volteó hacia un lado.
Estaba usando el brazo de Sheng Yize como almohada.
Él seguía durmiendo y solo podía distinguir su perfil y sus largas pestañas.
Oh, dios.
Lo de anoche no fue un sueño…
¡S-se había acostado con Sheng Yize!
—Ahhh —chilló y se enderezó de golpe.
Se tapó el pecho con el edredón y lo pateó—.
¡Ayuda!
Él frunció el ceño y abrió los ojos lentamente.
—¿Qué pasa?
—preguntó con holgazanería al ver lo nerviosa que estaba.
—Tú…
¡Animal!
—le dio un almohadazo—.
¿Cómo pudiste…?
—Según la ley, somos marido y mujer —Sheng Yize sonrió, luciendo muy cautivante.
Volteó y la acorraló contra la cama—, y lo que hicimos anoche no fue nada más que cumplir con los derechos conyugales.
¿Qué tiene de malo?
—¡Canalla!
¡No te di mi consentimiento!
—parecía que estaba al borde del llanto.
—Pero…
tampoco te negaste —sonrió.
Ella se quedó sin palabras.
Haciendo memoria, recordaba que había forcejeado con él hasta que le susurró algo al oído…
¿Qué le había dicho?
¡Puf!
¡Lo recordó!
Dijo: “Sé una chica buena y habrá carne para la cena”.
¡Y de verdad le creyó!
—¡Cómo pudiste mentirle a una persona ebria!
¡Te aprovechaste de mí!
—lo acusó con una voz acongojada.
—¿Escuchas tu tono?
—dijo él pausadamente—.
¿Siquiera planeas levantarte hoy?
—¡De verdad eres descarado!
—dijo, indignada.
Todavía le dolían la cintura y las piernas.
—Ah, ya veo, ni siquiera ahora te quieres levantar.
Entonces sigamos haciéndolo.
—¿Haciendo qué?
—quedó perpleja.
—Ejercicios matutinos —dijo con seriedad el chico manipulador.
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