La heredera está aquí: ¡Cálmate, príncipe de la escuela! - Capítulo 806
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806: Capítulo 806 – ¿Puedo conseguir a un gigoló cuando te vayas?
(Parte 3) 806: Capítulo 806 – ¿Puedo conseguir a un gigoló cuando te vayas?
(Parte 3) Editor: Nyoi-Bo Studio —¿Cuándo llegaste?
—An Yibei ajustó sus lentes, sin revelar nada en su cara.
—Hace un momento —Sheng Yize sonrió con superioridad.
—Hablemos afuera.
Está durmiendo —lo llevó hacia afuera.
Afuera del departamento había un jardín pequeño y silencioso rodeado por una reja blanca.
Plantas potus doradas se enrollaban alrededor de la reja, salpicándola de pequeñas flores blancas.
—¡Xiaxia es tu hermana!
—le dio un puñetazo en la cara.
¡Eso era asqueroso!
Con razón An Yibei había sido hostil con él desde el principio, con razón nunca había tenido una novia en todos estos años, con razón le importaba tanto An Xiaxia…
Todos pensaron que eso solo demostraba lo cercanos que eran como hermanos, pero ¡habían ignorado el hecho de que, en realidad, no eran parientes!
—¿Lo disfrutaste?
—dijo An Yibei con tranquilidad—.
¿Necesitas dar unos puñetazos más?
Él también pensaba que había sido muy impulsivo.
Cuando se había dado cuenta de sus sentimientos por An Xiaxia hace tiempo, había decidido que los enterraría en el rincón más profundo de su corazón y que nunca pensaría en ellos de nuevo.
Nunca había imaginado que llegaría un día en el que no podría controlar sus sentimientos.
Con la cara seria, Sheng Yize le dio unos puñetazos más hasta que escuchó el grito de An Xiaxia desde la puerta.
—¡Sheng Yize!
¡Para!
Se estaba frotando los ojos y, claramente, acababa de despertar.
Su suave voz tenía algo nasal, recordándole a una niña malhumorada.
—¿Estás loco?
¿Por qué le pegas a mi hermano?
—se enfadó.
—Ven a casa conmigo —levantó una ceja.
—¡No regresaré!
—se encogió y escondió tras la puerta—.
¡Prometiste que no me obligarías a hacer nada!
—¡An Xiaxia, es suficiente!
—estaba un poco enojado—.
¡Estás muy grande para ser tan obstinada!
Ella estaba acongojada.
¿Por qué ahora era su culpa?
A él no le gustaban los niños.
Bueno, podía vivir con eso.
Podía encontrar un lugar tranquilo para dar a luz sin él.
¿No había hecho suficiente?
—¡Cállate!
¿Qué derecho tienes de culparla?
—An Yibei la defendió, con la voz fría.
La cara de Sheng Yize estaba alarmantemente sombría, lo que hizo que no pudiera evitar encogerse.
Habló con susto.
—Estoy muy bien aquí.
Puedes regresar.
Si no te gustan los niños, no tengo problema con criarlo sola…
Regresaré cuando creas que puedes querer a nuestro hijo…
Pensó que lo había dicho de la forma más modesta posible, pero su cara parecía ensombrecerse cada vez más.
Lanzó una mirada a An Yibei y sonrió como burlándose de sí mismo.
—¿Vas a dar a luz aquí?
—Sí.
Mi hermano estará conmigo —dijo relajadamente.
No tenía idea de que, hace solo unos minutos, su hermano la había besado.
—Hermano…
lo llamas hermano, je…
—Xiaxia —An Yibei se frotó la frente—, danos un minuto.
—Ah…
bueno…
—regresó adentro obedientemente e incluso cerró la puerta.
—¿La raíz de su problema es el bebé?
—fue directo al grano—.
¿No lo quieres?
—No creo que tenga que decirte nada —sonrió con superioridad.
—Explícate o no dejaré que Xiaxia vaya contigo —sus lentes relucieron con frialdad.
Por lo visto, Sheng Yize no lo asustaba en absoluto.
—¿Sabe que la quieres de esa forma?
—volteó.
Como era de esperarse, vio que An Yibei se tambaleó un poco y sus ojos parecían descentrados.
—No me importa si son o no familiares.
Solo hay una cosa que tienes que saber: ¡es mi esposa!
—dijo con seriedad.
An Yibei sonrió burlonamente y dijo: —Lo sé…
¿Podemos hablar del niño ahora?
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