La heredera está aquí: ¡Cálmate, príncipe de la escuela! - Capítulo 815
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- Capítulo 815 - 815 Capítulo 815 – Nada se siente tan bien como dormir contigo (Parte 2)
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815: Capítulo 815 – Nada se siente tan bien como dormir contigo (Parte 2) 815: Capítulo 815 – Nada se siente tan bien como dormir contigo (Parte 2) Editor: Nyoi-Bo Studio —Estás…
estás muy cerca…
—An Xiaxia tartamudeó nerviosamente por su movimiento repentino.
—¿Por qué debería alejarme?
—Sheng Yize bajó la voz a propósito—.
¿Estás pensando…
cosas indecentes?
—¡No!
¡Ya no soy una chiquilla enamorada!
—gritó con honestidad.
Él sonrió un poco, tomó sus labios con su boca y los mordió delicadamente.
La mujercita se puso rojo escarlata de inmediato.
—¿Decías?
—levantó una ceja.
—Sheng Yize —tapándose las mejillas con las manos, ella dijo, exasperada—, ¡cada vez eres más desagradable!
Él sonrió, tomó su mano y le puso un anillo en el dedo.
—Esto…
—tenía los ojos abiertos de par en par mientras veía el anillo en su dedo.
Si mal no recordaba, este era el anillo que él había preparado cuando se le había propuesto en la rueda de la fortuna.
Era increíblemente precioso.
—¿Te gusta?
—sonrió y frotó su cabello.
—Guau…
—ella asintió con aprobación y luego contó los diamantes rosados como una pequeña avara—, esto debe costar una fortuna.
—No estás pensando en venderlo, ¿cierto?
—se desconcertó.
—Jiji —rio—.
Esta será una reliquia familiar.
¡Se lo daré a nuestros hijos y ellos a los suyos!
Eso lo complació mucho.
Sonrió con todo el corazón y volvió a besarla.
—Ey…
¡estamos en una escuela!
¡Esto es demasiado inapropiado!
—seguía esquivándolo, pero él no la soltaba.
La apretó contra el escritorio y la besó hasta quedar satisfecho.
Cuando por fin se separaron, los labios de An Xiaxia estaban rojos e hinchados.
—Si pudieras volver 7 años en el tiempo —la sentó en su regazo y arregló su desordenado pelo, hablando con toda tranquilidad—, ¿qué sería lo primero que querrías hacer?
Ella tiró de su ropa, luciendo aproblemada.
—N-no sé…
Había tantas cosas triviales que quería hacer que no podía decidirse.
—¿Qué hay de ti?
¿Qué harías?
—lo miró con curiosidad.
—¡Me aseguraría de no dejarte ir jamás!
—dijo con la voz frustrada, después de un momento de silencio.
No habría permitido que pasaran tantos años separados.
Se había arrepentido de tantas cosas durante esos siete años y, si le dieran otra oportunidad, ¡jamás soltaría su mano!
Ella sintió un escalofrío y se mordió el labio.
Sus ojos se desbordaron de lágrimas y, después de un largo rato, dijo: —Lo siento…
Se lo debía.
Le debía una explicación.
Estaba en deuda con él por esos siete años.
Ni siquiera podía imaginar cómo lo había pasado durante todo ese tiempo.
No quería que lo viera, pero tampoco podía sacársela de la cabeza.
Había estado ahí solo para mantenerla a salvo y no quería nada más.
Ella no podría haberlo hecho de estar en su lugar.
—¿Seguirás sin darme una explicación?
—la profunda voz de Sheng Yize tenía algo cautivador—.
Dime, por favor.
Todo estaba en silencio.
El único sonido en el salón de clases eran sus respiraciones.
—El día que te me propusiste —dudó, pero al final decidió contarle—, recibí una llamada…
—¿Mm?
—Sheng Yize estrechó los ojos—.
¿De un número desconocido?
—¿Cómo lo sabes?
—se emocionó—.
Sheng Yize, ¿sabes quién era?
¿De verdad era tu padre?
Pasó un largo rato antes de que él sacudiera la cabeza.
—No era él.
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