La heredera está aquí: ¡Cálmate, príncipe de la escuela! - Capítulo 839
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- Capítulo 839 - 839 Capítulo 839 – Cuando el amor desapareció (Parte 8)
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839: Capítulo 839 – Cuando el amor desapareció (Parte 8) 839: Capítulo 839 – Cuando el amor desapareció (Parte 8) Editor: Nyoi-Bo Studio Después de tantos años, por fin se enteró de parte de la mismísima Mu Li que se había enamorado de la chica equivocada.
– Ninguno de los dos dijo nada.
Lo único que podían escuchar en el teléfono era la respiración del otro.
—Yo fui quien te salvó…
—se atragantó con sus sollozos.
Si no hubiera escuchado los murmullos de Qi Yanxi después de emborracharse el otro día, jamás habría sabido que ella era de quien él se debería haber enamorado en ese entonces.
Él permaneció en silencio, pero sus dedos no podían evitar temblar.
De verdad había pensado que Li Fanxing era la chica que lo protegió y lo que había sentido en ese momento era amor verdadero.
No había escatimado en esfuerzos por hacerla feliz, aunque lo usara, mandoneara y se burlara de él, porque seguía recordando esa figura esbelta en un vestido blanco que se había puesto entre él y una botella de vino.
Su sangre escurridiza y cálida había salpicado por toda su cara y el olor acre de la sangre mezclado con el alcohol era algo que jamás olvidaría.
Pero ahora, ¿Mu Li le estaba diciendo que no era Li Fanxing quien lo había salvado en ese entonces, sino que ella?
—Mu Li…
—solo cuando empezó a hablar se dio cuenta de que su boca estaba increíblemente seca.
No sabía qué decir.
—¿No hay…
futuro para nosotros?
—se secó las lágrimas.
Si Li Fanxing no hubiera tomado su lugar en ese entonces, ¿Qi Yanxi la habría querido de la forma en que la quiso a ella?
¿Se habrían convertido en pareja hace tiempo, casado, tenido hijos y vivirían felices por siempre como cualquier otra pareja feliz?
—Lo siento —Qi Yanxi volvió en sí mismo—.
Ya perdimos ese tren, Mu Li.
No hay vuelta atrás.
El destino trazaba su propio camino.
No tenían forma de escapar de él y solo podían seguirlo.
Mu Li palideció por completo, pero él ya había cortado.
Se recostó sobre la silla, con una sonrisa desconsoladamente hermosa.
—No me quedaré con nada…
—dijo después de un rato—.
Ni con las propiedades, ni con las acciones.
—¿Nada?
—el abogado estaba sorprendido.
Era primera vez que veía algo así.
Nadie rechazaba una buena pensión conyugal.
—Nada —sacudió la cabeza.
—Está bien —después de todo, el propósito de la reunión de hoy era que firmara los papeles del divorcio y el abogado no persistió en este asunto.
En breve redactó un nuevo acuerdo.
A Mu Li le temblaban tanto las manos que le tomó varios minutos firmar su nombre.
Después de que el abogado se fuera, se envolvió en sus propios brazos y rompió en un fuerte llanto.
Nunca había pensado mucho en la dignidad, pero, esta vez, decidió que necesitaba un poco de respeto por sí misma.
– De regreso en el departamento.
Como no tenía nada mejor que hacer, An Xiaxia estaba hojeando un cómic, mientras Sheng Yize estaba sentado en el tatami a su lado, trabajando en su laptop.
—¿Qué es eso en tu pantalla?
—se acercó, con curiosidad.
—Es un gráfico k-line —explicó.
—¿Eh?
—quedó boquiabierta.
—El precio de las acciones —guardó silencio por un momento antes de usar un término más simple.
—Ya veo…
Se ve genial…
—al saber casi nada sobre administrar asuntos financieros, dijo eso con real admiración—.
¡Maridito, eres tan listo!
—Gracias.
—…
—¡y acababa de dar por hecho ese cumplido!
¡Qué arrogante!
An Xiaxia observó la pantalla por un rato y pensó que todo ese rojo y verde era muy confuso.
Suspiró, incapaz de seguir soportándolo.
Nuestro chico manipulador de inmediato se dio cuenta de que su esposita estaba aburrida.
—¿Quieres tomar una siesta?
¿O ver una película?
—la abrazó.
—Bueno…
—serpenteó en su regazo, se acomodó y dijo con una voz tímida—: ¿Puedo…?
—Nop.
—¿Ni siquiera te he dicho lo que quiero y ya me dices que no?
—abrió los ojos de par en par.
—¿Eh?
¿Entonces qué quieres?
—¡Quiero atacarte!
—lo empujó, irritada.
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