La heredera está aquí: ¡Cálmate, príncipe de la escuela! - Capítulo 849
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- Capítulo 849 - 849 Capítulo 849 – No soy la asesina (Parte 8)
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849: Capítulo 849 – No soy la asesina (Parte 8) 849: Capítulo 849 – No soy la asesina (Parte 8) Editor: Nyoi-Bo Studio Observó la situación con una expresión indiferente y las manos en la espalda.
Antes de irse, agarró al jefe por el cuello y dijo: —¡Necesito una explicación!
—Sí.
Sí, por supuesto…
– Cuando llegó al hospital, ardiendo de ansiedad, encontró a He Jiayu y a Su Xiaomo ahí.
Al verlo, ella parecía querer evadirlo y no lo miraba a los ojos.
—¿Cómo está?
—sonaba sumamente preocupado.
—Ejem…
Está, está bien…
No te preocupes.
Su Xiaomo no se atrevía a decirle la verdad, al ver lo alterado que estaba.
No tenía duda de que, si lo hacía, Sheng Yize destrozaría este hospital.
—Dime.
Volteó hacia He Jiayu, que aclaró su garganta y dijo, resignado: —Primero tienes que calmarte.
—¡Dime!
—Xiaxia…
—suspiró—.
Está en trabajo de parto.
Parecía como si fuera a desplomarse.
Se quedó inmóvil donde estaba, sin saber qué hacer.
An Xiaxia tenía como máximo siete meses de embarazo…
Siete meses…
Parto prematuro…
Las palabras sonaban una y otra vez en su mente.
Le fallaron las rodillas y las piernas casi le cedieron.
Apoyándose en la pared, sintió que era difícil respirar.
—Es casi seguro que tendrá un parto complicado…
—He Jiayu sacudió la cabeza—.
Además, no estamos seguros de si los bebés podrán sobrevivir cuando nazcan.
—¡Para!
—Su Xiaomo le tapó la boca con una mano.
—Sheng Yize, no sientas pánico —volteó hacia él, intentando reconfortarlo, pero sus palabras sonaban muy superficiales—.
Guapo He es doctor y está acostumbrado a hacer que las cosas suenen peor de lo que en realidad son.
No es tan terrible como lo dijo.
¡Recuerda lo fácil que fue mi parto!
Su risa forzada era el único sonido en el silencioso pasillo.
Su Xiaomo rio y rio y luego estalló en lágrimas.
—No llores…
—He Jiayu la atrajo a sus brazos y dijo con suavidad—.
Todo estará bien.
Las lágrimas no paraban de salir.
Su Xiaomo jamás habría imaginado que, en los meros dos días que An Xiaxia no había estado, pasaría de ser una madre despreocupada a alguien cuya vida pendía de un hilo.
Sheng Yize golpeó una ventana a su lado.
El vidrio se hizo añicos y los trozos rotos cayeron por todo el suelo.
Mientras miraba fijamente la puerta del quirófano, estaba tan inquieto que hasta el lunar bajo su ojo parecía haberse puesto rojo.
Cuando eran pequeños, An Xiaxia siempre había sido la llorona y él el impasible.
Abuela Song solía decir que su lunar con forma de lágrima estaba en el lugar equivocado, pues An Xiaxia derramaba todas sus lágrimas por él.
Ahora, lo que más deseaba era tomar todo su dolor y lágrimas.
Desgraciadamente, entre las innumerables cosas que era capaz de hacer no se encontraba dar a luz.
—Yize…
—He Jiayu lo llamó, pero él ignoró a su amigo.
Sacó su teléfono y marcó un número.
Con una voz indiferente y sin emociones, comenzó a dar órdenes meticulosamente.
—Averigua cómo murió Song Shi…
y quién le tendió una trampa a Xiaxia…
– La espera era una experiencia tortuosa.
An Yibei, Papá An, la abuela y el abuelo Sheng…
toda la familia subió a un avión y voló a la isla en la que estaban.
—Querido Buda —juntando las palmas, Abuela Sheng rezó por An Xiaxia con los ojos inyectados de sangre—, por favor, ayuda a mi Xiaxia a superar esto…
ayúdala a ella y a los bebés.
No, ¡lo único que quiero es que Xiaxia esté a salvo!
—¡Eso es una tontería supersticiosa!
—Abuelo Sheng era del tipo puritano y la reprendió por sus súplicas.
Sin embargo, no pudo evitar pedir por ella en su cabeza.
– Al ver que un parto normal era imposible, los doctores llevaron a cabo una cesárea.
Sacaron a los dos bebés uno por uno, pero el quirófano permanecía en silencio.
Ninguno de los dos lloraba o hacía ningún sonido.
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