La heredera está aquí: ¡Cálmate, príncipe de la escuela! - Capítulo 850
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- Capítulo 850 - 850 Capítulo 850 – No soy la asesina (Parte 9)
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850: Capítulo 850 – No soy la asesina (Parte 9) 850: Capítulo 850 – No soy la asesina (Parte 9) Editor: Nyoi-Bo Studio Por un momento, el ambiente en la habitación era sumamente triste.
Una enfermera salió a buscar equipamiento y Sheng Yize la detuvo.
Tenía los ojos inyectados de sangre al preguntar: —¿Cómo van las cosas adentro?
—Los bebés…
—dijo la enfermera, con la voz temblorosa—, los bebés nacieron, pero no están llorando…
No están llorando.
¿Eso quería decir…
que nacieron muertos?
Una mirada feroz cruzó sus ojos y apretó los puños con tanta fuerza que sus nudillos sonaron.
—¡Cálmate!
¡Tienes que tranquilizarte!
—He Jiayu lo agarró del brazo y se quedaron en una especie de punto muerto.
Pasó un largo rato antes de que un fuerte llanto viniera del quirófano.
—Buaa…
Inmediatamente después de eso, un llanto ligeramente más suave siguió su ejemplo.
Entonces los dos bebés siguieron llorando como un dúo.
Para Sheng Yize, no había voces más hermosas en el mundo.
—¿Esos son mis bebés con Xiaxia?
—le preguntó con incredulidad a He Jiayu, rompiendo en llanto.
—Así es —asintió—.
¡Felicitaciones!
¡Ahora eres padre!
—Son un niño y una niña.
¡Un hermano mayor y una hermanita!
—salieron más buenas noticias y Sheng Yize entró al quirófano a toda prisa, pese a que los doctores trataran de detenerlo.
La anestesia todavía no se desvanecía y An Xiaxia seguía durmiendo.
Los dos bebés yacían ahí, luciendo como un par de angelitos.
La enfermera acababa de cortar sus cordones umbilicales y, sorprendentemente, estaban tomados de la mano.
—Xiaxia, ahora tenemos nuestros propios hijos —tomó su mano.
«Nuestros hijos.» – Cuando An Xiaxia despertó, sentía que seguía soñando.
—¿Dónde están los bebés?
—preguntó nerviosamente, tocándose el vientre.
—Todavía siguen un poco frágiles y los pusieron en incubadoras —respondió, pestañeando.
—¿Tienen enfermedad hemolítica?
Después de un breve momento de silencio, Sheng Yize asintió.
Como era de esperarse…
—Les pusieron dos inyecciones.
El médico dijo que hay una buena probabilidad de que podamos controlarlo —fingió una sonrisa—.
No te preocupes, Xiaxia.
Ella sonrió con amargura.
Era su madre.
¿Cómo podría no preocuparse?
—Ey, todavía no te lo había dicho, pero ahora tenemos a un niño y una niña.
¿Ya pensaste en sus apodos?
—cambió de tema y se burló—.
¡Te daré una nalgada si los llamas “Linda Gracia” y “Pepe”!
—¡No ves la belleza en esos nombres!
—frunció los labios.
—…
Y nunca quiero hacerlo.
Al escuchar que An Xiaxia había despertado, los familiares que estaban afuera entraron a toda prisa a la habitación para expresar su preocupación.
—Xiaxia, ¿qué te gustaría comer?
—dijo Papá An—.
¡Te cocinaré lo que sea!
—¡Descansa bien y no pienses mucho!
—de An Yibei.
—Ahh, pequeña Xiaxia, ¡has pasado por tanto!
Mi pobre niña…
—Abuela Sheng lloró.
—¡Anciana, deja de empujarme!
—se quejó Abuelo Sheng.
—¡Xiaxia!
—gritó Su Xiaomo—.
Tienes bebés tan adorables, ¡en especial ese niño!
¡Es mi futuro yerno!
“…” Al ver esas caras conocidas, An Xiaxia, que había pasado por un infierno, no pudo evitar conmoverse.
Abrió la boca e intentó decir algo, pero, eventualmente, todas esas palabras se volvieron una sonrisa.
—Estoy bien.
Por favor, no se preocupen.
Sheng Yize la ayudó a responder todas las preguntas y cambió el tema de vuelta a los nombres de los bebés.
Abrieron una aplicación del diccionario chino en la tablet y se exprimieron los sesos en busca de buenos nombres.
—Dejémosle los nombres oficiales al abuelo y los demás…
—tiró de la manga de él—.
¡Sé qué apodos deberíamos ponerles!
—…
No estás pensando en “Linda Gracia” y “Pepe”, ¿cierto?
—la miró, aterrado.
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