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La heredera está aquí: ¡Cálmate, príncipe de la escuela! - Capítulo 851

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  4. Capítulo 851 - 851 Capítulo 851 – No soy la asesina (Parte 10)
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851: Capítulo 851 – No soy la asesina (Parte 10) 851: Capítulo 851 – No soy la asesina (Parte 10) Editor: Nyoi-Bo Studio —Puede que al niño no le importe llamarse Pepe…

Pero Linda Gracia…

¿Estás segura de que no le importará a nuestra hija?

Sheng Yize hizo lo posible por hacerla entrar en razón, esperando que cambiara de parecer.

—Entonces llamémosla Lila Luna —se burló.

Casi se partió de la risa con la expresión en su cara.

«¿Por qué mi esposa tiene un gusto tan peculiar?» —Bueno, bueno.

Solo estoy bromeando —An Xiaxia no pudo evitar reírse.

Luego hizo una mueca por el dolor punzante de la incisión en su vientre—.

El niño será Cola y la niña Pepsi.

¿Qué tal?

En efecto, los nombres que pondría una glotona…

—¡Genial!

—temiendo que se le ocurrieran nombres como KFC o Burger King, tomó la decisión final—.

¡Entonces será Cola y Pepsi!

Los demás pensaron que los nombres eran bastante pegadizos y la alabaron por ellos.

Pequeña Cola y Pepsi tronaron los labios en la incubadora y siguieron durmiendo.

– Solo cuando toda su familia se había ido, An Xiaxia recordó lo que pasó ese día.

Todavía no superaba el miedo.

—¿Qué le pasó a Song Shi…?

—Lo mataron —Sheng Yize volvió a poner su mano bajo el edredón y dijo vagamente—.

La evidencia preliminar sugiere que fue obra de alguien que conocía.

Song Shi era bastante ágil, pero esa herida fatal era la única que tenía.

El asesino tenía que ser alguien que conocía para que hubiera tenido éxito tan fácilmente.

—¿Quién lo hizo?

¿Ya encontraron a la persona?

—Sigue durmiendo —sacudió la cabeza—.

No dejes que te moleste.

—Pero no puedo dormir…

—lo miró lastimosamente.

Él no pudo animarse a dejarla.

Después de pensarlo un poco, se metió a la cama, se acostó a su lado, tomó la tablet de manera que ella la viera y deslizó la pantalla por ella para que pudiera leer lo que estaba pasando en Weibo.

Después de pasar por todas las publicaciones populares, seguía sin ganas de dormir.

—Revisa los temas —exigió.

Él presionó la columna de temas, como le dijo.

La cuenta de An Xiaxia estaba configurada en Ciudad Yu y una de las noticias locales llamó su atención.

“El caso de homicidio de la esposa del presidente de Shengshi.” Era un título tan llamativo que atraía mucha atención.

Sheng Yize frunció el ceño y lo presionó.

La noticia se había filtrado a través de una cuenta alternativa que aseguraba haber visto a la esposa del presidente de Shengshi matando a una persona.

La policía local no solo había omitido la evidencia, sino que también había amparado a la sospechosa.

Además de entregar la noticia de último minuto, esa persona también había condenado a los ricos inmorales con un tono honrado, exigiendo que el presidente de Shengshi le diera una explicación al público.

La persona también aseguraba que él o ella podría estar bajo amenaza y las publicaciones podrían ser eliminadas pronto.

Los espectadores curiosos siempre eran más capaces de lo que uno esperaba y de inmediato comenzaron a investigar.

Alguien había logrado piratear el sistema computacional del departamento de policía de la isla y obtenido la foto de la escena del crimen, donde Song Shi yacía muerto.

La foto que atrajo más atención era una de Sheng Yize apuntando un arma a la cabeza de otro hombre.

Su cara estaba borrosa en la foto, pero ¡tanto la figura como el semblante no podían pertenecer a nadie más que él!

—¿Cómo pueden decir eso…?

—An Xiaxia estaba furiosa—.

¡Están dando vuelta la justicia y distorsionando los hechos!

—Lo sé —una mirada peligrosa cruzó sus ojos.

Todavía no tomaba acciones, pero ¿su oponente ya había sentido la presión e iba a aplastarlo a él y a An Xiaxia con la opinión del público?

Je, ¡en sus sueños!

—¿Qué haces?

—preguntó ella, confundida, cuando él se enderezó.

—Una vez tú te encargaste de Rong Che por mí.

¡Ahora es mi turno de luchar por ti!

—dijo con holgazanería, como si acabara de encontrar el juguete más interesante.

Salió de la cama, pidió prestados algunos celulares y laptops y comenzó a teclear.

—¿Qué publicaste?

—sentía tanta curiosidad, pero todavía no podía salir de la cama.

Sentía como si un gatito estuviera rasgando su corazón—.

Déjame ver…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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