La heredera está aquí: ¡Cálmate, príncipe de la escuela! - Capítulo 897
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897: 897 Aprende a dejar ir (Parte 4) 897: 897 Aprende a dejar ir (Parte 4) Editor: Nyoi-Bo Studio An Xiaxia dijo que sí, con una voz apenas audible.
Pese a que ahora sabía sobre los sentimientos de Kang Jian, no podía hacer nada más que sentir lástima.
Él se rascó la cabeza, luciendo irritado.
—Inútil Kang…
me siento halagada por tus sentimientos por mí…
pero ya tengo alguien a quien amo.
Ahora tengo una familia y mi vida.
¿Qué sentido tiene mantenerme aquí?
En lugar de perder tu tiempo conmigo, creo que deberías intentar encontrar alguien que te guste y que también te quiera.
El amor debería ser una atracción mutua.
Al escuchar su suave voz, un sabor amargo llenó la boca de él.
El amor debería ser una atracción mutua, no algo unilateral, o solo sería amor no correspondido.
Una mirada feroz cruzó sus ojos y se le acercó repentinamente, como un lobo en el bosque.
Ella retrocedió involuntariamente, pero la fría y dura pared detrás de ella le bloqueó el paso.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca, Kang Jian la tomó y atrajo a sus brazos.
Había fantaseado con hacer eso un millón de veces.
Sin embargo, no había ni amor ni placer en los ojos de la mujer en sus brazos.
Solo parecía asustada y podía notar que quería escapar.
Pensó en besarla, pero cuando vio que estaba a punto de llorar del miedo, maldijo en voz baja, dio un puñetazo a la pared y retrocedió.
—Llamaré a Sheng Yize.
—¿De verdad?
—preguntó tontamente, sin poder creer lo que estaba escuchando.
Afligido, Kang Jian sacó su teléfono y marcó el número de Sheng Yize.
—Xiaxia está aquí conmigo —dijo bruscamente, cuando la llamada conectó—.
Está bien.
Ahora la enviaré de vuelta a Ciudad Yu.
Después de esas palabras, cortó antes de que él pudiera decir algo.
Los ojos de An Xiaxia relucieron, recordándole a un perro que solía tener cuando era pequeño.
Era un perro callejero que él y An Xiaxia habían encontrado juntos.
Lo limpiaron, le pusieron vacunas y lo trataban como un tesoro.
El cachorro creció con ellos.
Siempre que los veía comer algo, movía la cola a sus pies y los miraba con esos ojos relucientes.
Helado, tartaletas de huevo, jaibas, naranjas…
le daban de todo al cachorro y él se lo comía alegremente.
Un día, el perro desapareció.
Los adultos les dijeron que se habían llevado al perro, pero, sin darse cuenta, él descubrió que lo habían enterrado en un macizo de flores a un lado de la calle.
Un auto había matado al perro cuando corrió hacia la calle.
No pudo animarse a contarle la verdad a An Xiaxia, pero seguía recordando cómo lloró en aquella época, lo que lo torturaba más que apuñalarlo con una aguja.
Si podía, nunca más en la vida quería verla llorar así.
Había un dicho: dejar ir era otra forma de posesión.
Xiaxia, dejarte ir es la última pizca de bondad que te puedo dar.
– Sheng Yize estaba eufórico cuando recibió la llamada.
¡Xiaxia estaba bien!
Se animó de inmediato y se arregló.
Chi Yuanfeng y los otros lo habían estado yendo a visitar todos los días.
Al ver su peculiar estado de hoy, solo se pusieron más tristes.
—Hermano…
no seas tan duro contigo mismo.
Estoy seguro de que Xiaxia está bien —asomando la cabeza al baño, hizo lo posible por consolarlo.
—Está bien —respondió con indiferencia, mientras seguía afeitándose.
—No tienes que guardarte todo.
Siéntete libre de llorar si quieres.
Será mejor para ti —dijo He Jiayu con delicadeza.
—Ya veo.
—Oscuro —Qi Yanxi aclaró su garganta y dijo—, soy un cerdo.
—¿Estás loco?
—lo miró raro.
—Estoy intentando consolarte —dijo él con rabia—.
¿No te das cuenta?
—Je…
—la esquina de su boca se crispó y dijo con tranquilidad—.
Salgan de mi camino.
Ahora voy a buscar a mi esposa.
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