La heredera está aquí: ¡Cálmate, príncipe de la escuela! - Capítulo 922
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922: 922 Soy el futuro esposo de Pepsi (Parte 5) 922: 922 Soy el futuro esposo de Pepsi (Parte 5) Editor: Nyoi-Bo Studio Los ojos húmedos de An Xiaxia le recordaban a un cachorro.
Un cachorro malhumorado.
—¡No estoy celosa!
¿¡Por qué debería estarlo!?
—Entonces ¿qué quieres?
—Sheng Yize dijo riendo.
—Mm…
—lo sopesó—.
¡Quiero carne!
—Aquí tienes —le ofreció su brazo.
Ella dio un mordisco y su cara se arrugó.
—Me duelen los dientes…
Eres muy huesudo…
—Tontita —dijo, lanzándola sobre su hombro.
Se estaba partiendo de la risa.
—¡Suéltame!
¡Granuja!
—se sintió mareada de cabeza.
Luego escuchó un salpicón.
Sheng Yize la había llevado a unas terminas privadas.
El agua estaba cómodamente cálida.
An Xiaxia reía nerviosamente, pero no podía quedarse quieta.
Se resbalaba hacia el agua constantemente.
Sin ninguna otra opción, Sheng Yize tuvo que sentarla en su regazo y dejar que se apoyara en su pecho.
Ella mordió su musculoso pecho y luego escupió del desagrado.
—¡No es nada sabroso!
—Lo único que hay en tu cabeza es comida…
—le dio un golpecito en la frente—.
¿Quieres dulces?
Ella inclinó la cabeza y luego asintió.
—Ven, dame un beso y te daré un dulce —poniendo las manos detrás de su cabeza, comenzó a embaucarla de nuevo.
Sin embargo, An Xiaxia la borracha era más lista de lo normal hoy y se dio cuenta de su engaño de inmediato.
—¡No tienes dulces!
¡No me engañarás!
—No tengo dulces, pero tengo otra cosa —sonrió—.
¿Quieres saber qué es?
Ella se acercó, pestañeando con sus grandes ojos y luciendo totalmente confundida.
El vapor se había condensado en diminutas gotas de agua en sus pestañas.
Sheng Yize tragó, conteniendo la necesidad en su interior.
—De verdad tienes el poder de…
hacerme querer hacerte cosas sucias —dijo, resignado—.
An Xiaxia, ¡debo haber hecho un montón de cosas malas para terminar queriendo a una tonta como tú en esta vida!
—Jiji…
—no tenía idea de lo que estaba hablando y siguió contorneándose en sus brazos.
—¡Deja de moverte!
—le advirtió.
—¡Dame un abrazo!
—se quejó—.
¡Quiero aúpa!
Sheng Yize se ruborizó.
¿Cómo podía haber olvidado su hábito de convertirse en una niña de cinco años cuando estaba ebria…?
—¿No estás muy vieja para aúpa?
—se dio una palmada en la frente, totalmente desesperado.
—¡Tengo tres y medio!
—dijo con orgullo—.
¿Cuántos años tienes?
Casi se atragantó.
Luego recordó algo que pasó entre ellos en aquella época.
Por aquellos días, a An Xiaxia le gustaba seguirlo y fastidiarlo con todo tipo de preguntas aburridas.
—Ey, ¿cuántos años tienes?
—Ey, ¿qué te gusta comer?
—Ey, ¿por qué no me hablas…?
No entendía el concepto de autismo y no dejaba de molestarlo.
Al final, él no pudo seguir soportándolo.
—En primer lugar, ¡mi nombre es Sheng Yize, no “ey”!
En segundo lugar, ¿sabes lo desagradable que eres?
—Ey —la rechoncha Xiaxia lamió su paleta y asintió—, veo que después de todo sí puedes hablar.
Él no sabía cómo responder a eso.
—¿Adónde vas?
—dio la vuelta para irse, hastiado, pero ella lo siguió.
—¡Al baño!
—gruñó.
—¿Vas a hacer pipí?
—preguntó ella, inocentemente.
—¡Sí!
—gritó él e hizo como si se fuera a bajar los pantalones—.
¡Déjame solo o me quitaré los pantalones!
—¿Y qué hay para ver?
—jamás olvidará la expresión de desdeño en la cara de An Xiaxia—.
¿Tu palito?
¡Yo también tendré uno cuando crezca!
Sheng Yize: ¡¡¡!!!
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