La heredera está aquí: ¡Cálmate, príncipe de la escuela! - Capítulo 95
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- Capítulo 95 - 95 Capítulo 95 – Por qué siempre estás desnudo
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95: Capítulo 95 – Por qué siempre estás desnudo 95: Capítulo 95 – Por qué siempre estás desnudo Editor: Nyoi-Bo Studio Sheng Yize soltó una risita.
—¿En serio?
—¡Sí!
—An Xiaxia asintió energéticamente.
Sheng Yize pasó por al lado de ella, recogió a Snowy y lo devolvió a su cama.
Después de darle algo de comida para gatos, Snowy maulló un poco antes de acurrucarse y quedarse dormido.
Regresó a su habitación solo para ver cómo An Xiaxia seguía escondida detrás de su puerta, sintiendo peligro en cada sonido.
—Estás a salvo —susurró.
Ella dejó salir un suspiro de alivio y se dio palmaditas en el pecho mientras se apoyaba en la puerta.
Sin embargo, cuando echó un vistazo a Sheng Yize, se congeló de inmediato como si alguien la hubiera hechizado.
¡DIOS MÍO!
¿Alguien le podía explicar por qué Sheng Yize estaba desnudo?
¿Así que hace un momento se lanzó a un cuerpo desnudo?
Él agitó sus manos frente al rostro embobado de ella.
—¿Hola?
¿Hay alguien en casa?
—preguntó.
An Xiaxia sintió que acababan de lanzar su cabeza a una secadora: ¿qué acababa de ver?
¡Aaah!
—¿¡Por qué siempre andas desnudo!?
—preguntó ella molesta.
Él también se dio cuenta de eso recién y aclaró su garganta con incomodidad.
—¿Entonces por qué siempre entras a mi habitación?
Ambos se declararon culpables y se sumieron en un extraño silencio.
An Xiaxia se frotó la cabeza avergonzada y miró a su alrededor para encontrar una excusa para irse.
Sin querer, vio la pila de medicina en la habitación.
Hizo una mueca de dolor y miró en detalle a Sheng Yize, olvidando lo tímida que había sido hace un minuto.
—Sheng Yize, no me digas que aún no vas al hospital —dijo frunciendo sus lindas cejas.
Él sacudió su cabeza.
—…
¿Cómo lograste sobrevivir todos estos años?
—preguntó ella.
Después de su comentario sarcástico, lo arrastró al sofá y le pidió que se sentara.
—¡No te muevas mientras cambio tus vendas!
—le ordenó.
Él estaba demasiado estupefacto como para reaccionar a su orden y dejó que ella hiciera lo que quisiera con él.
Gracias a la buena influencia del Papá An, An Xiaxia tenía experiencia con heridas menores.
Después de cambiar los vendajes de la espalda rápidamente, tomó un hisopo de algodón con su levemente helada mano y lo utilizó para aplicar la medicina con delicadeza sobre sus heridas.
Sheng Yize se puso tenso de inmediato.
La sensación de su espalda lo carcomía.
Era más atormentador que el dolor de sus heridas.
Ella pensó que se encogía del dolor y le pidió disculpas.
—¿Te duele?
Lo siento.
Seré más suave.
—Luego estiró su boca y sopló sobre su herida.
Él saltó del asiento al instante.
Frunció el ceño y la sacó de su habitación de una forma casi grosera.
—Sal.
Blandiendo el hisopo de algodón, An Xiaxia mostró los dientes y refunfuñó.
—¿Estás loco?
¿Así es como me agradeces?
¿Y si se te infectan las heridas?
Y si…
—Yo me haré cargo.
No tiene que ver contigo.
—Sheng Yize sintió que las llamas de rabia crecían dentro de él y solo le dio un portazo en la cara.
Ella podía sentir que le salía humo de la cabeza.
¡Bastardo!
Que se muera de dolor.
¡Se lo merece!
Bajó las escaleras resoplando.
En la habitación, él se apoyó en la puerta con un rostro inmutable.
Pasó un largo rato antes de que dejara salir un suspiro.
Esa pequeña idiota.
¿Qué haría con ella?
– Debido al suceso en el que An Xiaxia y Sheng Yize se involucraron, el entrenamiento militar quedó fuera de discusión.
Ambos se quedaron en casa por unos días antes de que comenzara el nuevo semestre en Qixia.
Regresar a la escuela la llenó de todo tipo de emociones.
Los resultados de los exámenes mensuales salieron y todos estaban actualizando la página de la escuela reiteradas veces.
An Xiaxia no era la excepción.
Sheng Yize prendió su teléfono y bajó por la pantalla con su largo dedo.
Comenzó a buscar de abajo hacia arriba, partiendo por el 500.
N° 476: An Xiaxia.
Guardó su teléfono despreocupadamente después de ver esa línea.
No obstante, pese a su indiferencia, no pudo evitar sonreír.
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