La heredera está aquí: ¡Cálmate, príncipe de la escuela! - Capítulo 998
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998: 998 El acta de matrimonio del pequeño Bai y Pepsi (Parte 9) 998: 998 El acta de matrimonio del pequeño Bai y Pepsi (Parte 9) Editor: Nyoi-Bo Studio —Hola, Pepsi —Si Bai frunció los labios—.
¡Bebe tu leche y sube de peso!
Pepsi hizo una burbuja y se rio de él.
—¡Ese mocoso!
—Sheng Yize resopló y terminó la llamada telefónica—.
¡Cómo se atreve a coquetear con mi hija!
Pepsi de repente se extendió hacia él.
—Papá… El Sr.
Sheng arqueó las cejas y levantó a su hija.
Pepsi luego lo besó en la mejilla y siguió riendo.
—Sé una buena chica y vete a la cama ahora —le pellizcó las mejillas regordetas.
En el piso, Cola balbuceaba, queriendo que también lo levantaran.
Sheng Yize dijo con indiferencia—.
Ve a buscar esa botella de leche que tu hermana tiró al suelo.
Cola se quedó sin palabras…
Papi, ¿de verdad soy tu hijo?
– El día siguiente.
Sheng Yize llevó a An Xiaxia a trabajar.
Todos en la compañía sabían quién era ella y se inclinaron ante ella respetuosamente.
—¡Buenos días, Señora Sheng!
Estaba un poco avergonzada por esto.
Iba a decir que no le parecía buena idea cuando Sheng Yize presionó el código de acceso de su elevador personal y dijo con indiferencia: —Vamos.
No le quedó más remedio que seguirlo.
El edificio que el Grupo Shengshi ocupaba era inmenso.
Sheng Yize estaba en el piso más alto, donde los únicos empleados eran su asistente y algunos secretarios.
El piso se veía especialmente vacío.
Además, notó un detalle interesante: ¡no había una sola empleada en el edificio!
—Bueno, recuerdo que solías tener una secretaria, ¿no?
¿Cuál era su nombre?
Era bastante bonita…
—mientras hacía lo posible por recordar el nombre de la mujer, Sheng Yize le dedicó una sonrisa cómplice—.
¿Estás celosa?
—¡No!
—se quejó.
—Fue despedida, así que no hay necesidad de estarlo —dijo con toda tranquilidad—.
¿Feliz?
¡Solo entonces se dio cuenta de que Sheng Yize había hecho todo eso solo por ella!
—Bueno…
En realidad, no importa.
El trabajo es trabajo.
Está todo bien, siempre y cuando lo mantengas separado de tu vida personal.
Sheng Yize se frotó la cabeza.
—Lo sé.
—¿Qué tengo que hacer?
¿Has preparado una oficina para mí?
—lo miró expectante.
Sus labios delgados y sensuales se curvaron en una sonrisa—.
Por supuesto.
Ven conmigo.
Lo siguió, aun un poco confundida.
Cuando abrió una puerta, la esquina de la boca de An Xiaxia se crispó.
—¿No es esta tu oficina?
—Bueno, nos estamos quedando sin recursos en este momento y tendrás que compartir una oficina conmigo —dijo de manera casual.
…
¡Jamás creería eso!
¡Este piso estaba prácticamente vacío!
An Xiaxia se había acostumbrado hace mucho tiempo a las excusas descaradas de su marido.
Solo expresó su sarcasmo por dentro y aceptó este arreglo.
Sheng Yize había puesto un escritorio rosado al lado del suyo.
En él había una laptop y unos bocadillos y refrescos, además de algunos cómics.
—No estamos ocupados en este momento, así que haz lo que quieras —instruyó y luego se ocupó de su trabajo.
– Tong Yan era un secretario recién reclutado en Shengshi.
Llegó al trabajo como de costumbre esta mañana y Jiang, el asistente especial, le ordenó que llevara un documento a su presidente para que lo firmara.
Después de verificar la disponibilidad del Sr.
Sheng a través de la línea interna, se dirigió a la oficina del presidente.
Abrió la puerta y le entregó el documento como de costumbre.
Mientras Sheng Yize lo hojeaba rápidamente, ¡Tong Yan vio a la mujer junto a su presidente y sus ojos se abrieron al instante!
¡DIOS MIO!
¡Esa mujer estaba comiendo fruta en la oficina!
Luego pareció comer algo que no le gustó y le pasó la fresa a medio comer al hombre que estaba a su lado.
Luego, Tong Yan vio cómo el arrogante y noble presidente que veneraban abría la boca y comía esa fresa como si fuera la cosa más natural del mundo.
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