La hermosa esposa del matrimonio torbellino - Capítulo 145
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- Capítulo 145 - Capítulo 145 Capítulo 145 Un hombre que no me puedo permitir desear
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Capítulo 145: Capítulo 145: Un hombre que no me puedo permitir desear.
Capítulo 145: Capítulo 145: Un hombre que no me puedo permitir desear.
Editor: Nyoi-Bo Studio Gu Jingze dio unos pasos.
Su rostro se oscureció al empujar a Lin Che.
—Si no sabes lo que es, ¿por qué planeas abrirlo tan descuidadamente?
Lin Che miró a Gu Jingze con incomodidad.
—Creo que debe ser de Shen Youran.
Ella dijo que me enviaría un regalo.
Gu Jingze oyó esto y aun así sintió sospecha.
Se aseguró de que Lin Che mantuviera distancia del regalo y luego con cuidado desenvolvió el paquete.
Cuando lo abrió, se quedó helado.
Las cosas en el interior envueltas en plástico… lucían extrañas… Lin Che observó el semblante extraño de Gu Jingze y rápido se acercó a ver.
—¿Qué es exactamente?
Ella hizo a un lado el envoltorio y se dio cuenta que las cosas que había adentro eran… Algunas eran coloridas mientras otras tenían formas extrañas.
Arrancó el envoltorio y se dio cuenta de que algo que parecía un plátano había rodado por el piso.
Algunas eran suaves, gomosas y rebotaron en el piso.
Debajo, había algo de forma ovalada.
Un artículo luego de otro… Lin Che pensó por un momento y de repente se hizo evidente para ella.
—Ah… no son estos… juguetes sexuales… Antes de que ella terminara, rápidamente se tapó la boca y le echó un vistazo a Gu Jingze.
Él estaba estupefacto.
Frunciendo el ceño, también entendió de repente qué eran todas esas cosas.
Resultaron ser… ¡Esta Shen Youran!
Lin Che quería matarla.
Ella dijo que le quería dar un regalo.
¿Eran estos regalos?
Lin Che miro la horrenda expresión de Gu Jingze y no supo qué hacer.
Lo miró sin palabras y apresuradamente puso las cosas de vuelta en la caja.
—Y-y-yo… Estas cosas… Me las llevaré ahora.
Gu Jingze se mantuvo de pie ahí y observó a Lin Che.
En ese momento se preguntó si todos los amigos de Lin Che eran así.
—Yo tampoco sé… esta Shen Youran debe estar burlándose de mí—dijo Lin Che.
Gu Jingze miró los objetos.
Al verlos por primera vez de verdad lo hizo sentirse curioso.
Sin embargo, luego su mente derivó en preguntarse cómo sería si esos objetos fueran usados en Lin Che… Quizá se debía a que recién había vuelto de la casa de Chen Yucheng y se había visto profundamente afectado por sus palabras.
La frase de Chen Yucheng destelló por su mente.
Inténtalo y consíguelo; luego, ya no se vería en tal dilema.
Observó a Lin Che poner los objetos de vuelta en la caja e inconscientemente se acercó hacia ella.
Quizá si lo intentaba, finalmente entendería por qué.
Sin embargo, justo cuando él iba hacia ella, Lin Che ya se había parado.
Gu Jingze lo había desaprovechado.
Cerró los ojos y sintió su cuerpo adolorido por la noche anterior.
Se paró apropiadamente.
Se reprendió a sí mismo en silencio.
Se estaba volviendo en un idiota.
¡Y todo era por culpa de Lin Che!
Observó a Lin Che llevar las cosas a la bodega y la siguió como un fantasma.
Ella dio la vuelta y se topó con Gu Jingze quien estaba detrás.
Lin Che lo miró sorprendida y vio que su cara estaba inusualmente roja.
La bodega estaba llena con todo tipo de cosas así que, aunque fuera una habitación grande, se sentía muy angosta.
Lin Che levantó la mirada para encontrarse con la de él.
—Tú…¿Qué pasa contigo?
Tu cara está muy roja —dijo Lin Che al tocar su cara.
¿Tenía fiebre?
¿Por qué estaba tan rojo?
Gu Jingze agarró la mano de Lin Che.
Por un lado, él quería seguir sus principios.
Por el otro, pensó nuevamente sobre las palabras de Chen Yucheng.
No estaba seguro si su corazón dejaría de pensar de esa manera si de verdad la tenía.
—Tú… Lin Che dio un paso atrás mientras él daba uno hacia adelante.
Observó a Lin Che.
—Por qué no probamos esas cosas… ya que ya están aquí—dijo Lin Che en estado de shock.
—¡¿Qué quieres decir con probar?!
¡No probaré nada!
Ella lo empujó con ambas manos.
—¡Déjame!
¿Qué estás haciendo?
Él la miró profundamente.
—Lin Che…¿De verdad olvidaste lo que sucedió anoche?
—Sí.
Lin Che lo observó.
—Pero yo no lo puedo olvidar —él le respondió.
—Qué…¿Eso qué tiene que ver conmigo?
¿De verdad me insinué a ti?
De verdad lo siento.
Me embriagué por el mal alcohol.
Gu Jingze la observó.
—Pero de verdad quieres que lo haga, ¿cierto?
—Tú… estás hablando tonterías.
Lin Che se volvió como una espartana.
Su cara estaba roja mientras empujó a Gu Jingze y preguntó: —¿Por qué querría?
Él miro su rostro sonrojado y le plantó un beso en los labios.
Ella se quedó helada.
Su corazón pareció haberse despertado de repente y estaba latiendo con fuerza en su pecho como si fuera a estallar en cualquier minuto.
Sus labios húmedos se rozaron el uno con el otro.
La abrazó y sus cuerpos lentamente se apoyaron contra el otro.
Lin Che de verdad deseaba más.
Una escena se cruzó por su mente.
Parecía un fragmento de la noche anterior.
En ese momento, de repente recordó algo sobre ella mencionando un divorcio y cómo él le dijo que no le permitiría irse… Ella abrió los ojos.
El sabor a él aún permanecía en su boca; era tan hipnotizador, como si pudiera hacer que cualquier persona cayera profundamente.
Gu Jingze observó a Lin Che.
—¿Ves?
Claramente quieres que lo haga… Lin Che se sonrojó aún más.
Él continuó: —Entonces, ¿Por qué te resistes a mí?
Su mano estaba sobre la cintura de ella.
Lin Che se mordió los labios y lo miró.
Su corazón estaba lleno de dolor y miedo.
—Gu Jingze… yo… soy fácilmente atraída por tus encantos; eres bueno.
De verdad eres demasiado bueno.
Probablemente seas el mejor hombre que he conocido en mi vida.
Solía tener demasiada mala suerte y a quien fuera que conociera era terrible.
Así que luego de conocerte, parece que perdí mi dirección porque eres demasiado amable.
Pero estás enamorado de alguien más y he vivido esto antes.
No quiero involucrarme de esta manera por segunda vez.
Ayer… vi, el regalo que Mo Huiling te dio.
Gu Jingze, lo que dijo ella es totalmente cierto.
Ustedes dos hacen mejor pareja, así que, si sólo quieres jugar conmigo, por favor no lo hagas más.
A Gu Jingze se le cayó el alma a los pies.
Pensó sobre el regalo de Mo Huiling, el cual ni siquiera abrió para ver lo que era.
—En realidad, ese regalo era… —Sin importar lo que fuera, es como tú.
No puedo permitirme desearlo.
Cuando terminó de decirlo, lo apartó.
De repente se sintió triste y decaída, pero sonrió para sí misma.
Se había acostumbrado a este sentimiento hace mucho tiempo.
La gente normal como ella tenía que enfrentar esto.
Podía ver lo que quería todos los días, pero todos los días se tenía que forzar a olvidarlo.
Por que ella no podía permitirse desearlo…
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