¡La Jefa Oculta del Personaje Secundario! - Capítulo 57
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57: Apología 57: Apología La mente de Lin Mu estaba en blanco.
Era el único hijo de la familia Lin.
Su familia lo trataba como un tesoro.
Sus mayores lo querían entrañablemente y, por eso, muy rara vez lo disciplinaban.
Debido a los antecedentes de su familia, aprendió algunas artes marciales cuando era joven.
Entre sus círculos sociales, Lin Mu era imbatible.
Así que esta era la primera vez que Lin Mu perdía de forma tan absoluta y completa.
También era la primera vez que Lin Mu sentía dolor.
La habitación era pequeña, quería evadir los latigazos, pero solo había un espacio limitado para maniobrar.
Por lo tanto, decidió pasar a la ofensiva.
Lin Mu apretó los dientes.
«Hoy será el primer día que golpearé a una mujer…
¡Joder!
¡Cómo escuece!».
Puede que la fuerza de Mo Li no fuera mucha, pero era muy rápida.
Lin Mu no tenía ninguna oportunidad de contraatacar.
Además, en realidad, Lin Mu no era rival para Mo Li.
Es cierto que Lin Mu aprendió artes marciales de pequeño, pero como todo lo demás, las abandonó al poco tiempo.
Mo Li no era una máquina de luchar, pero las habilidades que conocía eran más que suficientes para encargarse de un mocoso malcriado.
A Mo Yu se le desbocó el corazón.
Miraba con los ojos como platos cómo Lin Mu daba alaridos y saltaba por toda la pequeña habitación mientras Mo Li lo perseguía…
Lin Mu no encontraba la oportunidad de contraatacar.
Y con cada latigazo que caía sobre la piel de Lin Mu, Mo Yu también sentía el dolor.
No tenía ni idea de que Mo Li fuera tan buena luchadora.
—¡Basta!
¡Zorra loca, para ya!
¡Maldita seas!
Esto duele de verdad.
¡Me vas a mandar al hospital!
¡Joder!
—¡Hermana Li!
¿Puedes parar ya, por favor?
—¡Deja de pegarme!
Si sigues, yo…
yo…
—¿Decírselo a tus padres?
—lo ayudó Mo Li a terminar la frase.
Mo Li le vio el farol a Lin Mu, así que al hombre no le quedó más remedio que tragarse su falsa amenaza.
Si de verdad volvía con su familia para quejarse de que una chica le había dado una paliza, ¿dónde iba a meter la cara en el futuro?
—¡Bien, bien, bien!
¿Qué es lo que quieres de mí?
—dijo Lin Mu con los dientes apretados.
—Discúlpate —anunció Mo Li con frialdad.
A Lin Mu ya lo habían sometido a golpes.
Solo tenía un pensamiento en la mente: «¡Un hombre sabe cuándo hay que ceder!
¡No voy a dejar que una niñata me mate a golpes!».
Mo Li estaba extremadamente familiarizada con la anatomía humana y sabía dónde estaban los puntos débiles.
Así que apuntó a propósito a esos puntos que propinarían los golpes más punzantes.
Sus latigazos eran precisos, pero ligeros, por lo que no dejarían rastro.
El dolor, sumado a la incapacidad de defenderse, finalmente doblegó al terco de Lin Mu.
—¡Está bien, me disculparé!
Al oírlo, Mo Li detuvo su ataque.
Lin Mu se abrazaba la cabeza y estaba acurrucado en un rincón.
Tenía la cara cubierta de sudor.
A Mo Yu le tembló la comisura de los labios; nunca antes había visto a Lin Mu tan acobardado.
—Bueno, discúlpate entonces.
Mo Li lo miró y dio unos golpecitos con el bastón en la palma de su mano.
El bastón era negro y sus manos, pálidas.
Este sería el mayor sueño de cualquier adicto al sadomasoquismo.
Lin Mu alzó la vista para mirarla.
Mo Li era un año menor que él, pero tenía una presencia mucho más imponente.
Respiró hondo y entonces Lin Mu por fin pareció más él mismo.
—¿Por qué…
debería disculparme?
—En cuanto Mo Li empezó a fruncir el ceño, Lin Mu se apresuró a explicar.
Lin Mu siempre hablaba sin filtro, pero con esta memorable lección de Mo Li, el Joven Maestro Lin tendría que pensárselo dos veces antes de decir nada en el futuro.
La sensación de ardor en sus extremidades le serviría de lección permanente—.
No, no, no.
Quiero decir que no sé qué he hecho mal.
No es que no quiera disculparme…, es que no tengo ni idea de por qué tengo que disculparme.
—Bueno, repasa lo que has hecho y dicho hoy, a ver si hay algo por lo que tengas que disculparte.
Lin Mu obedeció.
—Vale, vale, dame un poco de tiempo para pensarlo.
Lin Mu enumeró obedientemente las cosas que había hecho y dicho como un niño de parvulario: —No debería haberme burlado de ti en la comisaría, debería haber saludado a tus abuelos cuando entré en la casa…
Mientras Lin Mu recitaba su lista, Mo Yu se quedó allí, estupefacto.
¡Este, desde luego, no era el Lin Mu que él conocía!
La forma en que Mo Yu miraba a Lin Mu seguía siendo antipática, pero al menos ya no era tan hostil como antes.
De repente, Mo Li giró la cabeza para mirar a Mo Yu, lo que provocó que al corazón de este se le saltara un latido.
«¿Qué querrá esta mujer ahora?».
—¿Y qué hay de él?
—Mo Li levantó el dedo y señaló a Mo Yu.
Estaba claro que esta ofensa no se le había pasado por la cabeza a Lin Mu—.
Yo…
¿Quieres que me disculpe con él?
—Te peleaste con él.
—Él también se defendió, ¿no?
La réplica hizo que Mo Li frunciera el ceño.
Golpeaba repetidamente el bastón contra la palma de su mano.
—¡Bien, bien!
¡Me disculparé, me disculparé ahora mismo!
Lin Mu se giró hacia Mo Yu con una sonrisa falsa.
—¡Joven Maestro Mo, lo siento!
—No volveré a pelear contigo en el futuro.
¡Cuando nos volvamos a encontrar, cada uno por su lado!
Mo Yu lo ignoró.
Después de todo, la disculpa de ese cabrón no era para nada sincera.
Pero…
Mo Yu no pudo evitar girarse con cautela hacia Mo Li.
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