Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

La Leyenda del Scire - Capítulo 82

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. La Leyenda del Scire
  4. Capítulo 82 - 82 Capítulo 7 La muerte de los recuerdos ¿Duelo o duda
Anterior
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

82: Capítulo 7: La muerte de los recuerdos, ¿Duelo o duda?

82: Capítulo 7: La muerte de los recuerdos, ¿Duelo o duda?

Fons, Ash, Residencia Harch – 4 de Octubre – Año 526 ¿Por qué sentía que esa sensación no se repetía?

¿Por qué no estaba enojado?

¿Por qué hasta se sentía aliviado?

Era extraño, no era extraño porque no quería sentirse así, era extraño porque no debería sentirse así.

Porque se acababa de enterar que su hermano, a quien creía muerto hacía más de diez años, no lo estaba, estaba vivo, existía en su realidad tanto como en la de todos.

¿Pero qué significaba eso?

¿Que había vivido diez años en una mentira?

Tal vez no era sano verlo así, ya se había engañado muchísimo a sí mismo creyendo cosas que no lo eran, imaginando diferentes versiones de lo que hubiese sido su vida si situaciones específicas no hubiesen ocurrido, y siempre llegaba al mismo lugar: Al vacío.

Porque claramente la realidad no era así, no era como él quería que fuera, los sueños eran sueños, y el pasado, pasado…

Nada cambiaría ni aunque lo deseara con todas sus fuerzas, o viera una estrella fugaz pasar por su ventana.

Y esa sensación de despojarse de la imaginación lo hacía centrarse en la realidad y en el presente, lo hacía obviar situaciones que claramente si las miraba con un visión optimista terminarían por dañarlo más de lo que lo dañarían si sólo las asumiera por lo que eran.

Y el verdadero destino de Demian era una de esas situaciones, una de esas situaciones que por no asumir en el pasado lo dañaron, y le dieron pensamientos y sensaciones tan extremas que lo llevaron al límite, casi tomando decisiones de las que se arrepentiría toda su vida.

Porque él recordaba perfectamente ese momento cuando era niño en el que cruzó la calle sin mirar, perdido en sus pensamientos que no concluían en ningún lugar, vacío.

Él recordaba haber frenado, y casi haber sido arrollado por ese autobús, si ella no lo salvaba.

Esa vez en la playa en Remia, junto a Kora, entendió lo que significaba resignarse a la realidad, a los actos, a las consecuencias.

Entendió que mirar al pasado no resolvería nada en su futuro y que atarse tanto a algo que no tenía solución hacía que esto pesara como un ancla, hundiéndose más y más en un mar de insatisfacción, de dolor, de nostalgia y de vacío.

Un lugar oscuro y peligroso.

Sin salida.

Sin salvación.

Y eso, era algo de lo que había escapado luego de la muerte de Zenda, algo que había asegurado no volver a vivir, y si cada suceso de su vida parecido podía llevarlo al mismo lugar, haría lo que aprendió.

Lo asumiría.

Lo aceptaría.

Era su único camino.

Demian estaba vivo.

Era todo lo que importaba en cuanto a su revelación.

Lo demás que llegó en el pasado con su muerte, todo lo que esa mentira arrastró consigo, como el dolor de su madre, la caída de Rhys, la verdadera personalidad de su padre, el silencio cruel del mundo, la ausencia que creció como una sombra y envolvió su familia en un bucle de tragedia, dolor y pérdida…

Ya no podía deshacerse.

No había forma de corregir una pérdida que ya había dolido y tal vez sanado medianamente.

No había forma de borrar los años vividos creyendo que su hermano estaba muerto.

El pasado no iba a cambiar.

No se iba a deshacer.

Solo podía aceptarse.

Vlas no quería vivir con la sensación de que por saber la verdad algo iba a sanar mágicamente, o todo lo que vivió no tenía sentido.

Eso sí era una ilusión, porque realmente lo sintió, esa herida ya era parte de él, y había aprendido a vivir con ella.

Como aprendió a vivir con muchas cosas.

Como la muerte de Zenda, el remordimiento por alejarse de su madre y de Kora, el peso y las expectativas que otorgaba su poder.

Así como con todo lo bueno que llegó a él también, desde su reencuentro con su hermano, hasta su amor por Leah.

Lo único que podía hacer era mirar hacia adelante y enfrentar las consecuencias que tal revelación traería.

Con los pies firmes sobre la tierra, como Leah le había enseñado.

Como su hermano se lo había remarcado.

No importaba si esa realidad era dura, si estaba llena de caídas, dolor, pecados o secretos.

Era la realidad en la que había aceptado vivir, la realidad que Zenda le había regalado.

Y eso era suficiente para que no quisiera seguir tropezando con la misma piedra.

Demian estaba vivo.

El pasado, no.

Y él…

Él seguiría caminando.

Sin mirar atrás.

—¿Estás despierto?

—Leah se acercó por la puerta de su habitación, en realidad la habitación de ambos, ella prácticamente se había mudado con él los últimos meses.

—Sí, no pasa nada —respondió Vlas, sentándose en la cama.

—Oh, está bien, sólo no quería ser imprudente, es que, te vi pararte de la mesa e irte así, tan silencioso y cabizbajo, me preocupé —dijo ella, sentándose a su lado luego de pasar—.

¿Estás bien?

—le preguntó, su voz se suavizó y posó su mano en la mejilla del chico.

—Sí, estoy bien, sólo fue…

No lo sé, un poco chocante al principio, pero ahora que lo pienso bien, no es tan inesperado como parecía.

—Él inclinó su cabeza, recostándose más en la palma de Leah—.

Aunque, si me vas a seguir tratando así, tal vez sí me haya afectado —rio.

—Tonto —Leah rio también—.

Es extraño, ¿Cierto?

Enterarse de algo así, yo no sabría cómo reaccionar.

—Un poco, un poco de esto, un poco de aquello, ahora, si me pongo a pensar en eso lo único que se me viene a la mente es: ¿Cómo?

Nada más, quiero saber cómo fue posible, aunque debí saberlo, nunca se esclarecieron sus motivos de muerte, y Rhys sólo sabía que el causante había sido nuestro padre, pero ahora eso no tiene sentido, si él se quiso echar la culpa adrede, ¿A qué quería llegar?

—Vlas se puso de pie, caminó hasta su escritorio y abrió la caja de madera que tenía sobre él.

Sacó el anillo que en el pasado perteneció a Demian.

Suspiró—.

Esto abrió un abanico de posibilidades casi infinito, al final, mi familia guarda más secretos de los que nos podemos imaginar.

—Luego de acariciar la mesa del anillo, lo volvió a dejar en su lugar, y cerró la caja.

—No debes preocuparte por ello ahora, Vlas, aún falta tiempo para que vuelvan a Remia, ¿Cierto?

—Leah preguntó, aún en la cama.

—Ciertamente.

—Vlas se dio la vuelta y se recostó de espaldas al escritorio.

Miró a Leah y esbozó una sonrisa—.

Mientras más tiempo pueda pasar a tu lado mejor, a veces, ni siquiera quiero que llegue el día en el que tenga que volver, y dejarte aquí, sola…

Te voy a necesitar ahí, ¿Sabes?

—le preguntó, luego de acercarse a la cama de nuevo, y posar sus dedos en la barbilla de Leah.

—Lo sé, cielo.

—Ella sonrío, y le dio un suave beso en los labios—.

Debo ir a clases, ¿Estarás bien?

—preguntó, poniéndose de pie.

—Sí, lo estaré, hoy no entrenaré con Rhys porque fue a la reunión con Lee, así que tengo el día libre prácticamente —respondió él.

—Espérame con palomitas, podemos ver una película cuando vuelva, ¿Qué piensas?

—Leah propuso mientras agarraba sus libros de estudio sobre el escritorio y los guardaba en su mochila.

—Está bien, te espero —Vlas asintió.

Leah giró en sus talones y volvió a la cama.

—Nos vemos.

—Se inclinó a Vlas y le dio otro beso—.

Te quiero, ¿Lo sabes?

—Lo sé, yo también.

—Vlas le guiñó un ojo.

Leah abandonó la habitación rápidamente, ya estaba llegando tarde a clase.

Vlas la vio salir y volvió a sonreír, luego se lanzó de espaldas y se recostó en la cama.

Cerró los ojos, no pensaba dormir, pero necesitaba tranquilizar su mente por un instante.

Necesitaba volver a ver la sonrisa de Leah en su mente otra vez, tal vez rememorar esa sensación en sus labios, tocándolos con la yema de sus dedos.

Esa chica siempre lo tranquilizaba, a pesar de que al mismo tiempo aceleraba su corazón.

El balance perfecto.

Realmente no pensaba dormirse, pero al parecer su cuerpo pensó lo contrario, abrió sus brazos en forma de cruz, aun en diagonal en la cama, no se tapó, no se quitó el calzado ni el abrigo.

Respiró lentamente, y cayó dormido.

Más tarde…

Al abrir los ojos no sintió la misma sensación que esa mañana, cuando se encontraba pegado a Leah.

Apenas se movió en la cama al despertar, se sentó en el borde y al mirar por la ventana notó que el sol ya no estaba por ese lado, ya era tarde, aunque si Leah no había regresado entonces no era tan tarde.

Bajó a la planta baja dispuesto a hacer algo para comer, su estómago rugía, y ese desayuno que dejó a medio comer en la mañana era el motivo.

La casa parecía vacía, ni en los largos pasillos de los pisos de arriba, ni en la cocina, ni en el vestíbulo, ni una sola voz, ni una sola persona.

Se hizo un bocadillo rápido, un poco de tomate, de rúcula y de jamón entre dos rodajas de pan de molde, un vaso de chocolate con leche, y se dirigió a la sala de televisión, tal vez encontraría algo interesante para mirar, si no, bueno, podría esperar a Leah y que ella eligiera una película.

Pero se llevó una gran sorpresa cuando al llegar a la sala vio a Lara sentada en el sofá, ojeando una revista, que —a juzgar por la tapa— parecía de maternidad.

—Hola, Lara —la saludó al entrar a la sala.

Caminó hasta el sofá y se sentó a su lado.

—Hola, Vlas —ella respondió animada, luego de bajar su revista—.

¿Estabas en tu habitación?

—preguntó.

—Me quedé dormido —Vlas respondió, dándole un mordisco a su bocadillo y luego un trago a su vaso con chocolate.

—Oh, por eso no te oí cuando regresé del médico —Lara comentó—.

Por cierto, no sabía que te gustaba la leche con chocolate, a Leah le gustaba mucho de pequeña, pero hace no menos de un año la abandonó por el café, seguro porque comenzó la universidad —agregó, divertida.

—¿En serio?

—Vlas la miró sorprendido, pero riendo—.

Me gustaba tomarla por la mañana antes de ir a la escuela, mamá siempre tenía preparado un vaso para mi antes de irse a trabajar, se volvió casi nuestro ritual en las mañanas, a veces dejaba una nota, a veces estaba ella, pero siempre me deseaba un buen día: «Para que crezcas sano y fuerte, te amo.

Mamá», decían las notas, era un bonito detalle —contó, nostálgico.

—Clio siempre tuvo bonitos detalles para con ustedes, yo recuerdo que era muy difícil que Rhys se despertara de muy buen humor cuando era adolescente, y a veces ni bajaba a desayunar, pero Clio le subía una bandeja con el desayuno…

Rhys tenía quince años, ¿Entiendes eso?

Ella es tan buena —Lara dijo, sin parar de reír.

—Ey, pero eso ya es prácticamente malcriarlo, no sabía eso de Rhys, ahora tengo un nuevo argumento para usarlo cuando me trate de niño mimado —Vlas respondió, también sin parar de reír.

—Por Sun, no le digas que yo te lo dije, luego se enoja conmigo —pidió Lara.

—Para nada, jamás se lo diría, no se lo va a ver venir, además…

—Vlas bajó su mirada, respirando hondo luego de calmar su risa—.

No creo que recuerde eso, quince años ya…

Ha pasado mucho tiempo.

—Rhys recuerda muchas cosas, Vlas, tal vez no le guste mencionarlas, tal vez las guarde en lo más profundo de su corazón…

Pero él nunca olvida, porque olvidar significaría borrar esa parte de sí que lo ha traído hasta el lugar en el que está hoy en día…

Rhys repudia el olvido, más no la sensación de querer olvidar, pero como todos sabemos, en su mente, el pasado, el presente y el futuro es algo más que simples recuerdos, o simples sueños, es mucho más, es un todo inmenso que involucra no sólo su propia existencia, sino que involucra las decisiones que él tomó en base a la existencia de quienes ama, quienes desprecia, quienes recuerda y quienes llegarán, y ese todo es el destino al cual Rhys quiere llegar, la incógnita que necesita descubrir para comprender un camino que ni siquiera él mismo sabe que recorre, y tal vez, al fin, poder abrazar el olvido.

Vlas tenía su mirada fija en Lara quien estaba de costado a él, sólo notó su perfil, apenas una lágrima solitaria recorriendo su mejilla, pero sin ningún gesto de angustia o pena, tampoco nada parecido a la nostalgia, y Vlas conocía la esperanza, sabía cómo se veía, como se expresaba, por eso lo supo: Lara tenía esperanza, y ese gesto se amplió cuando bajó su mano hasta posarla en su vientre, y lo acarició con suavidad.

Eso no sólo era esperanza, también era amor.

—Entonces, estos diez años que pudieron significar una mentira, en realidad, ¿Sólo sirvieron para enseñarnos a aferrarnos a la realidad?

—a pesar de haberlo hecho en tono de pregunta, sirvió más como una realización para sí mismo.

—¿Tú qué crees?

—preguntó Lara, girando su rostro en dirección a él.

Sonrió apenas, y continuó sin esperar respuesta—: No son una mentira cuando no olvidas, y eso es algo que todos comprendemos, usando como ejemplo de realidad nuestra vida actual.

—Volvió a desviar su mirada hacia adelante, pero esta vez la bajó ligeramente, apreciando con ternura su vientre, con su mano sin parar de acariciarlo—.

Si estos diez años hubiesen sido una mentira ninguno de nosotros estaría aquí en este momento, porque diez años son más que una vida muchas veces, y si una vida condenó las nuestras, ya no podemos hacer nada para evitarlo…

No creo que la muerte de Demian haya sido el motivo por el cual llegamos aquí, por eso tampoco creo que sea sensato reducir diez años a sólo ese suceso, sería injusto para todo lo demás, para todos los demás, sería injusto para sentimientos ajenos al duelo, o para sensaciones nacidas de haber sentido que merecíamos vivir a pesar de todos nuestros errores, de todo lo que perdimos, pero también de todo lo que nos faltaba por vivir…

Nada fue mentira, Vlas, todo lo que vivimos fue real, y dolió, y ese dolor nos dejó en claro una cosa; que nada es para siempre, ni siquiera este mismo.

Vlas se movió un poco en el sofá, más para el lado de Lara.

Con cuidado, estiró su mano hacia ella, y suavemente la posó encima de la de ella en su vientre.

Lara rio, dio vuelta su mano y llevó la de Vlas abajo, él la posó con cuidado, jamás había tocado un vientre, no sabía si tenía que ser cuidadoso, aunque claramente tenía que serlo, era un bebé lo que estaba ahí dentro.

—Lara, yo…

—quiso comenzar, pero una sensación extraña en su mano lo hizo parar.

—Le gustas Vlas, está reaccionando —declaró Lara, con algo de emoción en su voz—.

Ven, acerca un poco tu oído —le pidió, llevándolo hacia ella con una mano en el hombro.

Vlas le hizo caso, y con el mismo cuidado que antes, fue inclinándose poco a poco hasta llegar a recostar su oreja en el vientre de Lara.

Tal vez era porque su poder aumentaba la percepción, pero podía llegar a oír los latidos del corazón de esa personita, acompasado con el ritmo del suyo, hasta que poco a poco este mismo comenzó a acelerarse, claramente de emoción también.

—¿Quieres hablarle?

Tal vez te escuche —propuso Lara.

—¿Puedo?

—Vlas giró su cabeza hacia ella.

Lara asintió—.

Hola pequeña…

Isla…

¿Me oyes ahí dentro?

Soy tu tío, Vlas, seguramente estés pensando que estoy interrumpiendo tu tranquilidad, y si es así, perdón por eso, pero quiero que sepas de antemano no se te será fácil deshacerte de mí cuando ya estés aquí con nosotros, princesa…

Seré el tío más amoroso del mundo, y tú serás mi persona favorita en el mundo —aseguró, entre risas, su voz se quebraba un poco—.

Todos aquí te esperamos con ansias, tu hermana, papá y mamá…

La abuela también probablemente te espere con ansias…

Vas a ser la niña más amada del mundo, pequeña, tenlo claro…

Serás la luz de este hogar, preciosa.

—Sonrió al final.

—Gracias por ser como eres, Vlas —Lara susurró.

Vlas apenas logró oírla, estaba concentrado en el latido del corazón de la criatura que habitaba su vientre, pero al percatarse de tales palabras, alzó su mirada.

—¿Qué?

—le preguntó, incrédulo.

—Gracias por ser como eres —Lara repitió, esta vez más segura—.

Con Leah, con Rhys…

Conmigo…

Como lo serás con Isla…

No es que me haya tomado tiempo entenderlo, ya eras parte de mi familia incluso antes de conocerte, con todo lo que Rhys me había hablado de ti ya me había imaginado cómo serías, pero ahora que te veo aquí, que te veo crecer, que te veo seguir adelante luego de todo lo que sufriste, que te veo equivocarte, que te veo amar…

Ahora entiendo por qué Rhys siempre hablaba de ti con ese orgullo, con ese brillo en sus ojos, ahora entiendo que eso no era remordimiento por no estar a tu lado, eso no era nostalgia…

No, Vlas…

Eso era amor, ese amor que hace a uno sentirse menos solo en este mundo, que hace sentir que la vida tiene sentido, que nada fue en vano…

Tú has sido todo eso para él, Vlas…

Y con él tiempo, sé que también lo has sido para mí.

Vlas no respondió al instante.

Podría haber escuchado esas palabras de muchas personas, podrían haber venido de Rhys mismo, de su madre, de Leah, de Zenda en el pasado, o de Kora, pero jamás pensó que vendrían de ella, de Lara, y si era sincero, no estaba listo para ese tipo de confesiones de su parte.

No porque no pensara lo mismo de ella.

Lara era la esposa de su hermano, una mujer maravillosa que le abrió las puertas de su casa, que confío en él, que le confío el amor de su hija, ahora de sus hijas, que le confío su propio amor.

No se basaba en que tuviera miedo de equivocarse con ella y decepcionarla, a pesar de que no veía una manera de no hacerlo, y no sabía por qué, no sabía por qué sentía que decepcionaría a Lara, pero no quería hacerlo, pasara lo que pasara en el futuro.

No estaba listo para escuchar eso de parte de Lara porque no estaba listo para afrontar su propia vulnerabilidad, que el mundo lo viera por lo que era, no detrás de ese caparazón que armó luego de todo lo que tuvo que pasar.

Sólo Rhys, sólo Leah, sólo Clio, sólo Zenda, sólo ellos sabían lo que Vlas Windsor creía, lo que Vlas Windsor pensaba, lo que Vlas Windsor añoraba, su más grande sueño.

Sólo ellos habían sido capaces de descifrar su corazón de esa manera, pero ahora Lara llegaba y le decía todo eso, y él sólo podía pensar que estaba agradecido con ella, pero que no quería hacerla creer que estaba equivocada en pensar eso de él.

—Lara…

Yo…

—Vlas tragó saliva.

No es que las palabras no le salieran, sino que eran tantas que no sabía por dónde empezar—.

Tenía miedo de escuchar eso de ti y sentir que no lo merecía, he sentido eso muchas veces en el correr de mi vida, pero desde que estoy con Leah, desde que ella me enseñó a amar de otra manera, he comprendido el peso del amor en mi corazón, y he aprendido a valorar los sentimientos de los demás hacia mí, como los míos hacia los demás…

Y eso, de alguna que otra manera, también es gracias a ti, Lara…

Porque tú le enseñaste a amar a Leah, y el amor se transmite, el amor se renueva, y creo que por eso entiendo que me veas de esa manera, porque el amor que sientes por Rhys ha creado muchas sensaciones en tu vida, y ha dado lugar a que ames a muchas personas más…

Y yo Lara…

—Miró hacia su vientre de nuevo, lo acarició un poco más suave.

Sonrió—.

Y yo estoy agradecido de ser una de esas personas…

Gracias…

Gracias por decírmelo…

Gracias por confiar en mí.

Lara lo miró con una sonrisa y asintió en silencio.

Entendió el contexto, la armonía que el ambiente les regalaba, que clamaba silencio.

Nada más.

Sólo calma.

Porque la calidez del un hogar, el amor de una familia, y los latidos de una nueva vida…

Todo eso hablaba por ellos.

Luego de un rato, en el cual había tomado su revista de nuevo, aunque apenas la había ojeado, y que Vlas volviera a acomodarse en su lugar para terminar su merienda, Lara lo miraba de reojo, lo vio sonreír inconscientemente varias veces, ella también sonrió contagiada por esas sonrisas.

—¿Sabes qué me dijo el médico hoy?

—preguntó de la nada, rompiendo el silencio que se había formado.

Que ella misma había formado.

—¿Qué dijo?

—Vlas le dirigió su mirada, claramente curiosa.

—Me dijo que la pequeña Isla era una bebé muy inquieta, que probablemente tenga una gran energía, y sea una niña muy activa —declaró Lara, entre risas—.

Puede significar muchas cosas en realidad, pero también me dijo que cuando los bebés se mueven mucho ahí dentro antes de nacer es porque tienen una sensibilidad distinta, casi como si ya comprendieran el mundo al cual están por llegar…

Una percepción de su realidad elevada.

—Entonces no cabe duda que es una Windsor…

Igual a su padre —bromeó Vlas, también entre risas.

—Sí, aunque…

No solo eso…

—Lara bajó la mirada a su vientre, lo acarició suavemente, su voz también se disminuyó, y casi como un murmullo, aseguró: Es una Harch.

Vlas sostuvo su mirada en ella.

La determinación con la que aseguró que Isla también sería una Harch no sólo lo sorprendió, sino que también lo confundió, principalmente ese tono de voz tan bajo, como si estuviera contando un secreto, o hablándole al universo.

Para que alguien que no fuera él, o que no fuera Isla, la escuchara.

Pero luego, al recordar de Lara, lo entendió.

Isla no sería sólo hija de Rhys, no sería sólo una Windsor.

También sería hija de Lara.

De su historia.

De su fortaleza.

De todo lo que Lara había atravesado para seguir adelante.

Para llegar a ese lugar, a ese sofá, acariciando su vientre esperando con ansías que su primogénita llegara al mundo.

Isla era hija de ese camino también, de lo que perdió y sufrió, de haber amado a personas que se fueron muy temprano, de haber llorado, de haber reído, y principalmente, de haber sido quien fue y haber enfrentado al destino para no cambiar lo que era.

Para no dejar de ser Lara Harch.

Y ese nombre, ese linaje, esa sangre, también importaba.

—Una Harch —repitió Vlas, con el más debido de los respetos que el apellido de Lara se merecía.

—Este poder nos ha quitado muchas cosas, ¿Cierto?

—Lara le preguntó.

Vlas supo al instante a qué se refería, a «ese», a esa condena, a la maldición de amar y perderlo todo por mandamiento del destino.

O del universo.

O de la nada misma.

El día que llegara ese momento cuando pudieran conocer la verdad, tal vez todo tendría sentido, y así, entender por qué justo tuvieron que ser ellos.

—Ciertamente, ¿Y sabes qué es lo más curioso de todo eso?

—preguntó Vlas, como Lara, casi en un murmullo, cabizbajo—.

Yo solía pensar que tener este poder era lo que me iba a hacer fuerte…

Que tuve que sufrir para entender la fortaleza de mi alma, que tuvo que perder a Zenda para encontrarle un segundo sentido a mi vida, cuando lo perdí junto con ella…

Pero ahora, ahora siento que toda este poder, que toda esta fuerza, no sirve de nada si no la uso para proteger esto que he construido.

—Alzó su mirada, notó cierto brillo de emoción en los ojos de Lara, y al fin sonrió—.

A ustedes…

A mi familia…

Al sentido de mi vida…

El motivo por el cual sigo adelante cada día, y no pararé de pelear.

Lara asintió despacio, sin decir nada, ya había entendido perfectamente a lo que Vlas se refería, lo entendió casi con una experiencia parecida, con la diferencia de que aquella vez.

Ella misma fue la causante de su desgracia, y ella misma, quiso ser la condena de su alma.

Y la salvación de Rhys, la salvación de Leah, todo eso le había sentido.

No era lo que fue, no…

Era lo que venía, todo lo que faltaba por recorrer.

Cada día, era más valioso que el anterior.

Más, si era con ellos.

—Cuando todo esto acabe —Vlas continuó—.

Cuando Rhys, Demian y yo finalmente enfrentemos lo que se nos viene…

Quisiera poder mirar atrás y saber que protegí lo que importaba, saber que no fui un cobarde con lo que sentía, y que peleé por las razones correctas…

Por más de que tal vez, no haya futuro para mí.

Lara se inclinó hacia él y lo abrazó sin decir nada más.

Lo rodeó con un brazo mientras el otro todavía se encontraba posado en su vientre, y por un momento que pareció eterno, se quedaron así, envueltos en ese silencio compartido que sólo entendían dos almas que habían recorrido el camino de la tragedia, y que habían salido airosos.

Que habían encontrado la salvación en el amor, y el valor en pelear por el sentido de la vida.

Y ahí, en ese instante, Vlas confirmó lo que había pensado esa mañana en su habitación: Que aunque el pasado jamás se pudiera cambiar, que aunque el dolor hubiese sido real y profundo, el presente aún podía construir algo hermoso, que lo que más valía era lo que nacía de los momentos más oscuros, la más brillante luz.

Y la verdad, por más dura que fuera, también podía traer nuevas razones para seguir adelante, para enfrentar sin miedo el destino y prometer un futuro, tal vez demasiado perfecto, tal vez un sueño imposible, pero un futuro como motivo para seguir, para que tuviera que la vida les diera la oportunidad de nuevas sensaciones, nuevas risas, nuevas promesas.

Nuevos motivos.

—Serás un gran tío, Vlas —aseguró Lara, sin soltarlo, emocionada por algo más que ese abrazo—.

Lo sé.

Vlas cerró los ojos un instante, y sonrió también.

—Y tú…

Ya eres una gran madre, Lara.

Ambos se quedaron así unos minutos más, en silencio, sin moverse, aprovechando esa sensación de que el tiempo se había detenido para regalarles ese pequeño respiro, esa demostración de humanidad…

Ese momento suspendido entre un pasado que dolía y un futuro que aún estaba por escribirse.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo