La Loca Suprema Esposa - Capítulo 353
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Capítulo 353: ¿Planean robarnos? (7)
—¡Jin Hui, busquemos un lugar para acampar! —le dijo Lan Ming a su bestia.
—Sí, Maestro. —Los enormes ojos dorados de Jin Hui miraron a lo lejos y luego eligió un lugar amplio para aterrizar.
Leng Ruoxue y los demás saltaron de la espalda de Jin Hui. Montaron las tiendas y encendieron un fuego para preparar la cena…
—¿Qué estás haciendo? ¡Estamos en plena naturaleza ahora! —Lan Ming se quedó un poco pasmado mientras observaba a Leng Ruoxue sacar montones de comida de su anillo y colocarla sobre papel extendido…
—¡Pues claro que comer! No podemos tratar mal a nuestros estómagos en plena naturaleza —dijo Leng Ruoxue como si tal cosa. Al mediodía habían comido cualquier cosa, así que por supuesto que esta noche tenían que darse una buena cena.
—P-pero ¡no hay necesidad de ser tan exagerada! ¿Nos podremos acabar toda esta comida? —Lan Ming estaba un poco asustado. En su opinión, toda esa comida era suficiente para veinte personas.
—¡Ya lo verás cuando llegue el momento! Date prisa y ayuda. Si no, luego no habrá comida —medio ordenó Leng Ruoxue.
—¡Oh! —respondió Lan Ming y se acercó apresuradamente a ayudar.
A la hora de comer, Lan Ming se dio cuenta de que aquella gente tenía un apetito voraz. ¡Pero la comida estaba realmente deliciosa! Él, que creía haber probado toda clase de manjares, nunca había comido una carne y un pescado a la parrilla tan exquisitos. Ahhh… ¿Es que la cocina de su chef era demasiado mala, o es que él nunca había comido nada realmente delicioso? Estaba hecho un lío…
—¡Estoy llenísimo!
Después de la cena, a todos les daba pereza moverse. Se limitaron a tumbarse y se quedaron quietos.
—¡Jaja, qué montón de ovejas gordas! —De repente, una risa arrogante resonó en los oídos de todos.
Lan Ming se sobresaltó. ¡Oh, no, tenía que pasar lo que temía! La razón por la que las noches en el Continente del Cielo Sin Límites no eran seguras era por culpa de los bandidos de peor fama del continente. Muchos de estos bandidos eran místicos poderosos. Además, eran muy numerosos. Tantos expertos preferían no viajar de noche antes que toparse con ellos.
Recostada en los brazos de Freak, Leng Ruoxue alzó la vista ligeramente y echó un vistazo a los bandidos que habían aparecido de la nada. Había al menos varios cientos de bandidos frente a ella, y la mayoría eran en realidad místicos. El líder era, como mínimo, un Gran Místico, pero como no había liberado su poder místico, ella no podía ver su nivel.
—¿Piensan robarnos? —preguntó Leng Ruoxue con ligereza.
El líder de los bandidos no dijo nada, pero un esbirro insignificante se adelantó para hablar. —¿No es obvio?
—Se han equivocado de gente. Somos muy pobres —dijo Leng Ruoxue con aire lastimero.
—¿Sin dinero? Entonces podemos vender a ese hombre. Con ese aspecto se puede canjear por unas pocas monedas. En cuanto a ustedes, monstruos feos, olvídenlo. Limítense a matarlos —dijo otra persona, señalando a Lan Ming.
—¡Jaja! —Leng Ruoxue no pudo evitar reírse. ¿De dónde habían salido esos bandidos? Eran muy graciosos. De verdad querían vender al presidente de una sucursal de la Asociación Mística. Je, je, se preguntaba adónde querrían vender a Lan Ming. Sentía un poco de curiosidad.
—¡Repite eso! —rugió Lan Ming furioso al oír que esos bandidos de verdad querían venderlo.
—Tch, como no tienen dinero, tendremos que venderte a ti para sacarlo —dijo el bandido con descaro.
Lan Ming giró la cabeza y le dijo a Leng Ruoxue: —Muchacha, no aguanto más.
—¡Oh, pues adelante! ¡Yo te animaré! —fingió estupidez Leng Ruoxue.
—Muchacha, ¿eres tan desleal? —preguntó Lan Ming con aire lastimero, mientras varias líneas negras le caían por la frente.
—¡Qué le voy a hacer! Soy débil, ¡y mi vida es importante! ¡Anciano, tendrás que valerte por ti mismo! —Leng Ruoxue sonrió levemente, con los ojos llenos de burla.
—¡Muchacha, no puedes hacerme esto! Tú no puedes con el líder, pero sí con estos mindundis —le recordó Lan Ming. El líder de los bandidos era en realidad un Monarca Místico. ¡Ay! Un poderoso Monarca Místico que en realidad es un bandido. Realmente no sé en qué estará pensando.
Leng Ruoxue levantó la vista hacia el líder de los bandidos. Dicho líder aparentaba treinta y pocos años, era alto, apuesto, de aspecto decidido y tenía un aura extraordinaria. ¿Por qué una persona así sería un bandido? De verdad que no podía entenderlo.
Leng Ruoxue miró de reojo a Lan Ming y dijo con indiferencia: —¡Deja que de los mindundis se encarguen las bestias espirituales! Estoy demasiado llena y no me quiero mover.
—¡Muchacha, después de comer es cuando más ejercicio tienes que hacer! —le aconsejó Lan Ming. Ahora no sabía si Leng Ruoxue bromeaba o hablaba en serio. Esta pequeña lo tenía confundido.
—Anciano, tú puedes. Debes tener confianza en ti mismo —lo animó Leng Ruoxue.
—Son demasiados —dijo Lan Ming, con una ligera jaqueca. El denso grupo de bandidos parecía estar formado por al menos varios cientos de personas. ¿Acaso pensaban luchar por turnos?
—No te asustes. En el peor de los casos, te prestaré al Viejo Zao —dijo Leng Ruoxue muy amablemente.
—Muchacha, si ni tú puedes con ellos, menos un anciano como yo. ¡Apiádate de mí! —dijo el Viejo Zao a toda prisa. Bua, bua… ¡Cómo iba a ser él rival para esos bandidos! ¡Esto era enviarlo a la muerte!
—¡Viejo Zao, tienes que aprovechar las oportunidades que te da la muchacha! De ti depende que podamos vivir o no. —El Anciano se tapó la boca y sonrió con malicia.
—¡Maldito anciano, lárgate a un lado! —rugió furioso el Viejo Zao.
—¡Jaja! —Leng Ruoxue no pudo evitar reír de nuevo. A veces, ¡ver a esos dos ancianos discutir era bastante interesante!
—Muchacha, acabo de entretenerte. ¡No puedes dejar que tire mi vida por la borda! —dijo el Viejo Zao con lástima, con lágrimas que parecían brillar en sus ojos.
—Sí, sí. El Viejo Lan puede él solo con estos bandidos —dijo Leng Ruoxue con seguridad. Quería ver la fuerza de Lan Ming, ¡así que cómo iba a ayudar!
—Menos mal. —El Viejo Zao se secó el sudor frío de la frente y por fin se quedó tranquilo.
—Muchacha, ¿de verdad eres tan desleal? —preguntó Lan Ming con amargura y un deje lastimero. ¡Ay! ¡Cómo puede ser esta chica más astuta que un zorro!
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