Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

La Luna rechazada: La heredera oculta - Capítulo 137

  1. Inicio
  2. La Luna rechazada: La heredera oculta
  3. Capítulo 137 - 137 Capítulo 137
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

137: Capítulo 137 137: Capítulo 137 Punto de vista de Selene
Por un momento, no pude hablar.

De verdad que no pude, porque una parte de mí todavía quería mentir.

Suavizarlo.

Ahorrárselo.

Pero no había llegado tan lejos solo para seguir protegiendo al mismo hombre que me había dejado caer una y otra vez.

Así que me permití recordar.

Recordé cuando se plantó delante de su familia y vio cómo me culpaban por algo que hizo Camilla.

Ese día se quedó callado.

Como un cobarde.

Dejó que me despojaran de mi título.

De mi dignidad.

No movió un dedo.

Recordé la amenaza del Río Sangriento.

Cómo le rogué que me escuchara, cómo le advertí.

Y él me dijo que estaba imaginando cosas.

Luego, me vino a la mente la votación reciente.

Cómo se quedó allí como Alfa, con todo el derecho a anularla…

y eligió guardar silencio.

Construyó un laboratorio, sí.

Pero el problema nunca fue lo que construyó.

Fue lo que permitió, lo que temió y a quién obedeció.

Levantó murallas alrededor de su manada, pero dejó la puerta abierta de par en par a todo tipo de traición.

Dejó que su padre le susurrara al oído mientras yo gritaba para que me escucharan.

Dejó que fuera su escudo, su portavoz e incluso su excusa.

Cuando más lo necesité, se quedó en las sombras y se limitó a observar.

Así que le dije la verdad.

—Eres —dije lentamente— el Alfa más incompetente que he visto en mi vida.

Su expresión no cambió.

No de inmediato.

Pero algo se resquebrajó en su mirada.

No me detuve.

—Eres el único Alfa que he visto que todavía vive a la sombra de su infancia.

Que deja que su pasado lo controle.

Que deja que otros hablen por él, lideren por él, piensen por él.

Me temblaban las manos y se me quebró la voz.

—Se suponía que tú eras diferente.

Las lágrimas asomaron a mis ojos, pero no intenté ocultarlas.

Quería que viera lo que me había hecho.

—Dejaste que tu padre destruyera todo lo que tanto te costó construir.

Y te quedaste a su lado como un niño asustado que solo quería que le dijeran que era bueno.

—Selene —susurró Victor, acercándose, pero yo retrocedí un paso.

—No.

Se acabó.

No intentes alcanzarme cuando nunca lo hiciste cuando importaba.

De repente, Dimitri gruñó a espaldas de Victor, con la voz cargada de odio.

—Maldita desagradecida —espetó—.

¿Quién te crees que eres para hablarle así a tu Alfa?

Eres una omega.

Háblale con respeto.

No me inmuté.

Él continuó.

—¿Crees que seguirás siendo la Luna?

Nunca.

No en esta vida.

Firma los malditos papeles del divorcio y lárgate de nuestra manada.

Lo miré con frialdad.

—Nunca quise ser la Luna.

Parpadeó, sorprendido.

Me sequé la cara y levanté la barbilla.

—Nunca me importó el título.

Nunca lo busqué.

Solo quería una vida que no doliera.

Una vida en la que pudiera sonreír sin tener miedo.

Eso es todo lo que siempre quise.

Volví a mirar a Victor.

—Pero ni siquiera pudiste darme eso.

Él tragó saliva, pero no dijo nada.

Y ese silencio…

ese silencio rompió algo dentro de mí.

La última cuerda que aún resistía.

—Me iré —anuncié, volviéndome hacia Dimitri con voz firme—.

Si eso es lo que él quiere, me iré ahora mismo.

El silencio que siguió fue denso.

Me giré hacia Victor, encontrándome con su mirada.

Mis mejillas seguían húmedas, pero las lágrimas habían dejado de caer.

Ya no quedaba nada por lo que llorar.

Nada por lo que suplicar.

—Estoy lista cuando tú lo estés —susurré—.

Así que, Victor…

¿vas a firmar los malditos papeles o no?

Mi corazón latía con fuerza, y cada segundo parecía alargarse más de lo debido.

De repente, la voz de Victor cortó la tensión como un latigazo.

—¡Basta!

—gritó.

Me estremecí.

Se volvió bruscamente hacia Dimitri, con una voz dura, profunda, cargada de algo que no parecía solo su voz.

—Tú no tienes derecho a hablar de mi relación —espetó—.

Ya no más.

Dimitri parpadeó, desconcertado.

—¿Qué estás diciendo?

Victor dio un paso hacia él, irguiéndose.

—Estoy diciendo que este es mi vínculo.

Mi mujer.

No es tuyo para que lo controles.

Contuve la respiración.

La boca de Dimitri se torció en una mueca.

—Estás cometiendo un grave error.

—No —dijo Victor—.

He cometido muchos.

Pero esto…

con esto lo estoy arreglando.

Dimitri entrecerró los ojos.

—Es una omega.

Y acaba de desafiarte delante de tu padre.

¿Vas a dejarlo pasar?

Los hombros de Victor se crisparon, pero entonces me fijé en sus ojos.

El cambio fue lento, pero claro.

Su color marrón destelló en dorado y luego se oscureció hasta volverse rojo.

Sus iris brillaban con una intensidad antigua y feroz.

El aire de la habitación se espesó, casi sofocante.

Lo sentí, presionando mi piel como un peso.

Su lobo estaba emergiendo, resquebrajando el caparazón en el que lo había mantenido enterrado durante demasiado tiempo.

Victor no gritó esta vez.

Sus siguientes palabras salieron como un gruñido, calmado y profundo, la voz de un hombre y una bestia en un solo aliento.

—Vete, padre.

El rostro de Dimitri palideció.

—Victor…

—He dicho que te vayas.

Un tenso silencio se extendió entre ellos.

El poder en la voz de Victor hacía que las paredes parecieran más pequeñas.

Podía oír mi propia respiración, sentir el temblor en mis huesos.

Dimitri no volvió a discutir.

Se limitó a fulminarme con la mirada, con los ojos llenos de odio, como si me culpara de todo, y salió furioso, con pasos sonoros y airados.

La puerta se cerró de un portazo, dejándonos solos en la habitación.

A él y a mí.

Sentí un nudo en la garganta mientras Victor se giraba lentamente hacia mí.

Su respiración seguía agitada, sus manos fuertemente apretadas a los costados.

Y esos ojos…

permanecían intensos e inquebrantables.

Ya no era el hombre destrozado de antes.

Ya no era el niño asustado que se escondía a la sombra de su padre.

Lo que ahora estaba ante mí era un verdadero Alfa.

Olas de calor emanaban de él.

Sus músculos estaban tensos, las venas de sus brazos palpitaban como si apenas pudiera contenerse.

Mientras caminaba hacia mí, cada paso hacía crujir el suelo bajo su peso.

Jadeé al dar un paso atrás, con la espalda contra la pared.

No era mi intención moverme, pero mi cuerpo reaccionó antes de que mi mente pudiera detenerlo.

—Victor…

—Mi voz era demasiado suave.

Demasiado temblorosa.

No dijo nada.

No parpadeó.

Se limitó a mirarme como si yo fuera todo lo que quedaba en su mundo.

Como si, con solo mirarme fijamente, pudiera hacerme cambiar de opinión.

Como si yo pudiera olvidar todas las veces que me dejó sangrar sola y, aun así, correr a sus brazos.

—¿Qué…

qué vas a hacerme, Victor?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo