La Luna rechazada: La heredera oculta - Capítulo 29
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29: Capítulo 29 29: Capítulo 29 Punto de vista de Selene
El Festival de la Cosecha se celebraba en la cima de la montaña, envuelto en niebla y luz de luna, rodeado de árboles que se mecían suavemente con el viento.
El lugar era un complejo de lujo, decorado con cristales relucientes y luces doradas, enclavado en la ladera de la montaña.
Dentro, un amplio salón de eventos olía a rosas y a vino dulce.
El aire estaba impregnado de una suave música de violín que se mezclaba con el sonido de las risas, las conversaciones y el tintineo de las copas de vino.
Aunque todo el mundo parecía realmente hermoso, yo me sentía… vacía.
Cuando llegué, el primer piso ya estaba abarrotado.
Había mucho ruido y calor, y estaba lleno de rostros que no reconocía.
La gente me empujaba al pasar con sus vestidos resplandecientes y trajes impecables.
Todo el mundo olía a perfume y a poder, y sentí que me ahogaba en ello.
Me escabullí y subí las escaleras hasta el balcón del segundo piso.
Allí había más silencio, la música era más suave y el aire, más fresco.
Desde allí arriba, podía ver las montañas extendiéndose en la distancia, con sus picos afilados bajo el cielo del atardecer.
Apoyada en la barandilla, mientras intentaba recuperar el aliento, me fijé en un grupo de gente cercano.
Un hombre estaba de pie cerca de la barra, riendo a carcajadas.
Tenía ese tipo de rostro que hacía que las mujeres se detuvieran: una mandíbula cincelada, una tez bronceada y una sonrisa que era todo dientes y pecado.
Varias mujeres se le colgaban, riendo tontamente y tocándole el brazo.
Parecía un problema envuelto en encanto.
De repente, miró en mi dirección y nuestras miradas se cruzaron por un segundo.
Entonces, levantó su copa y sonrió con suficiencia, como si compartiéramos algún secreto.
Parpadeé.
Conocía esa cara.
Lo había visto antes.
Era uno de los amigos de Ethan en aquella fiesta del palacio.
Un mujeriego, si los rumores eran ciertos.
Pero no podía recordar su nombre.
En un instante, apartó la mirada y volvió a dirigir su encanto hacia la multitud que lo rodeaba.
De repente, mi teléfono vibró.
Lo cogí despacio y vi que era un mensaje de Camilla que decía: «Encuéntrame en la barra del primer piso, sola».
Mis labios se curvaron en un gesto de confusión.
¿Por qué iba a estar ella aquí?
Este no era un festival para miembros sin rango.
Camilla no tenía título, ni función, ni nada que hacer entre esta multitud.
Antes de que tuviera la oportunidad de pensarlo demasiado, la vi entrar con seguridad por la puerta principal como si el lugar fuera suyo.
Llevaba un llamativo vestido rojo que se ceñía a su figura a la perfección.
Su maquillaje era perfecto, su pelo estaba rizado y recogido como si hubiera esperado toda su vida a que alguien la fotografiara.
Sonreía a la gente como si importaran, pero sus ojos escudriñaban la sala como los de un depredador.
Me quedé mirando con incredulidad.
Victor.
Tenía que ser él.
Debía de haberla traído él.
Se me revolvió el estómago mientras apagaba el teléfono y retrocedía más hacia las sombras.
No quería ningún drama esta noche.
Me había prometido a mí misma que mantendría la calma y estaría por encima de todo.
Aun así, el drama se las arregló para encontrarme.
Minutos después, oí el sonido de unos tacones acercándose a mí.
Lento.
Decidido.
Burlón.
—Ah, ahí estás —canturreó la voz de Camilla mientras entraba en el balcón—.
¿No recibiste mi mensaje?
Me di la vuelta lentamente.
—¿Qué haces aquí?
—pregunté en voz baja.
Me dedicó una sonrisa de suficiencia.
—¿No te has enterado?
Ahora soy la prometida de Victor.
Me lo pidió, así que, por supuesto, me invitaron.
Me crucé de brazos.
—No deberías estar aquí.
—Pero lo estoy.
¿Y no te molesta?
¿Verme aquí…, vestida de rojo como la sangre de una Luna?
¿De pie donde tú solías estar?
—Nunca serás Luna —dije con rotundidad.
—Eso no es lo que Victor me dijo anoche.
—Dio un paso más cerca, y su voz se convirtió en un susurro venenoso—.
Dijo que era lo mejor que le había pasado.
Que le doy paz.
Que le hago sentir de nuevo como un verdadero Alfa.
La miré fijamente, impasible.
—Qué curioso.
Nunca necesitó paz antes de conocerte.
Tenía una Luna.
Me tenía a mí.
Camilla ladeó la cabeza, enroscándose un mechón de pelo en el dedo.
—Oh, cielito.
Solo eras un parche temporal.
Una esposa tranquila y sin carácter.
Eras bastante guapa, te lo concedo, pero Victor necesitaba una mujer que le hiciera sentir vivo.
—¿Te refieres a alguien que difunde mentiras para llamar la atención?
Sus fosas nasales se ensancharon, pero mantuvo la sonrisa.
—La envidia no te sienta bien.
Pensé que ya lo habías superado.
¿O es que el Príncipe Ethan no es tan emocionante como parecía?
—Yo no necesito a un hombre para sentirme valiosa.
Pero tú, Camilla, necesitas uno para respirar.
Soltó una risa suave.
—¿Sabes lo que Victor me dijo en la cama anoche mismo?
—susurró, con los labios rozando mi oreja—.
Dijo que mi sabor es el de la eternidad.
No me inmuté.
Me negué a dejar que me viera derrumbarme.
—Entonces la eternidad debe de estar hecha de podredumbre.
Parpadeó, su máscara vaciló solo un segundo antes de que volviera a ponérsela.
—¿Crees que el príncipe puede protegerte para siempre?
¿Crees que esconderte bajo alas reales te mantendrá a salvo?
—No me estoy escondiendo.
—Sí que lo haces, pero no te preocupes, porque en cuanto sea oficialmente la Luna, lo primero que haré será borrarte.
No tendrás nombre, ni título, ni lugar.
Serás olvidada.
Solo un amargo recuerdo.
Me reí.
—¿De verdad crees que ser la elegida de Victor te hace poderosa?
No te eligió por ser fuerte.
Te eligió porque cree que llevas a su hijo en tu vientre.
Ella se estremeció.
Asentí, con una sonrisa en el rostro.
—Así es.
Sé que tramas algo, y me aseguraré de desenmascararte.
—¡Cállate!
Digas lo que digas, Victor todavía me desea.
Deberías haberlo oído anoche.
La forma en que decía mi nombre.
La forma en que…
—No, cállate tú —espeté.
—Oh, ¿he tocado un punto sensible?
—preguntó, sonriendo de nuevo—.
Puedes hacerte la fuerte todo lo que quieras, Selene.
Pero en el fondo, no eres más que una niñita triste a la que han desechado.
Mi mano se movió antes de que pudiera detenerla, y el sonoro bofetón resonó en la sala.
Su cabeza se sacudió hacia un lado y su mejilla se puso roja al instante.
Soltó un grito ahogado y retrocedió un paso, tambaleándose.
—No te atrevas a hablar de cosas que no entiendes —dije, respirando con dificultad—.
No tienes derecho a reescribir mi dolor.
—¡Estás loca!
—gritó, sujetándose la cara—.
Me las pagarás.
—Adelante.
Vete a llorarle a tu Alfa.
Quizá él sea el siguiente en pegarme.
Es el único tipo de poder que ambos entendéis.
Y entonces…
—Selene.
Esa voz.
Dura.
Áspera.
Profunda como la de un Alfa.
Me giré lentamente y vi a Victor de pie, vestido con una sencilla camisa de manga corta que se ceñía a sus brazos.
Sus músculos se flexionaban con cada respiración.
Sus ojos eran fríos y furiosos, como si una tormenta se hubiera instalado en su pecho.
—¿Qué demonios está pasando aquí?
—gruñó él.
Camilla corrió hacia él.
—¡Me ha pegado!
¡Victor, me ha abofeteado!
Mientras él me miraba, le devolví la mirada sin miedo ni vergüenza.
Solo me sentía cansada.
Cansada de los juegos.
Cansada del desamor.
Se acercó más, sin apartar los ojos de los míos.
—Selene —dijo de nuevo, esta vez más suave—.
¿Qué demonios le has hecho?
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