La Luna rechazada: La heredera oculta - Capítulo 50
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
50: Capítulo 50 50: Capítulo 50 Punto de vista de Selene
A la mañana siguiente, los golpes fuertes y repentinos en mi puerta me despertaron de un sobresalto.
—¿Selene?
¿Estás ahí?
¡Abre!
—la voz de Melissa sonaba aguda por la preocupación.
Me arrastré fuera de la cama, haciendo una mueca de dolor cuando el movimiento tiró de mis moratones.
Cuando abrí la puerta, los ojos de Melissa fueron directos a mis muñecas y su rostro se contrajo de furia.
—Esas brujas —siseó mientras entraba como una tromba—.
Vanessa y Camilla… Te juro que si alguna vez les pongo las manos encima…
—Mel, estoy bien —mascullé, pero se me quebró la voz.
—¿Bien?
¿A qué te refieres con que estás bien?
¡Mírate!
—Me agarró los brazos con delicadeza, sus dedos temblaban mientras recorría las marcas rojas—.
Siéntate.
Ahora.
Obedecí.
Rebuscó en su bolso y sacó un pequeño frasco de ungüento.
En el momento en que lo extendió sobre mis quemaduras, el dolor disminuyó un poco.
—Toma, bebe esto —ordenó, poniéndome una taza de té en las manos—.
Te ayudará a relajarte y a dormir mejor.
Tomé un sorbo, sintiendo cómo el calor se extendía por mi cuerpo.
—Gracias.
Melissa se sentó a mi lado, con la mandíbula apretada.
—¿Por qué no intentaste al menos defenderte?
¿Por qué dejaste que te… torturaran, Selene?
No respondí porque no tenía una respuesta.
De repente, un golpe seco en la puerta rompió el silencio y ambas nos quedamos heladas.
—Princesa Selene —llamó una voz grave—.
El Príncipe Ethan exige su presencia.
De inmediato.
Melissa me apretó más fuerte el brazo.
—No.
No vas a ir a ninguna parte.
Le apreté la mano.
—Tengo que ir.
—Pero…
—Estaré bien.
Ethan no me matará.
°°°°°°
Los pasillos del castillo estaban fríos, el aire cargado de tensión.
Cada paso hacía que me doliera el cuerpo, pero mantuve la barbilla en alto.
Los guardias me llevaron al despacho de Ethan, con rostros indescifrables.
Antes de que pudiera siquiera llamar, la puerta se abrió de golpe.
Ethan estaba allí, con sus ojos dorados encendidos.
Detrás de él, la Beta Daniella y su asistente, Leo, permanecían rígidos, con los rostros pálidos.
—Entra —espetó.
Tan pronto como entré, la puerta se cerró de un portazo.
Ethan no se sentó.
Se paseaba como un lobo enjaulado, su voz era un gruñido grave.
—¿Tienes idea de lo que has hecho?
Tragué saliva.
—Yo…
—Primero, te escapaste.
Luego desobedeces órdenes directas.
¡Y ahora, por tu imprudencia, mi Beta y mi asistente están implicados en tu estupidez!
Daniella se estremeció.
Leo parecía que quería desaparecer.
La culpa se retorció en mis entrañas.
—No fue su culpa.
Yo no les dije…
—¡Silencio!
—El rugido de Ethan hizo temblar la habitación—.
¡Podrían haberte matado!
¿Y para qué?
¿Una noche de diversión?
—No lo sabía…
—¡Nunca piensas!
—Golpeó el escritorio con las manos—.
De ahora en adelante, escucharás.
Obedecerás.
Y terminarás tu matrimonio con Victor Roux.
Las palabras me golpearon como una bofetada.
Yo quería el divorcio.
Pero escucharlo como una orden hizo que se me oprimiera el pecho.
Abrí la boca para responder, pero antes de que pudiera hacerlo, la puerta se abrió de par en par.
Victor estaba allí, con el pecho agitado y los ojos desorbitados.
—No.
Ethan se giró lentamente.
—¿Qué?
Victor entró entonces, con voz dura.
—He dicho que no.
No se va a divorciar de mí.
El labio de Ethan se curvó.
—Tú no tienes ni voz ni voto.
—Un demonio que no.
—La mirada de Victor se clavó en la mía—.
Es mía.
La risa de Ethan fue gélida.
—¿Tuya?
Mírale las muñecas y la cara.
¿Así es como cuidas lo que es tuyo?
Victor apretó las manos en puños.
—No sabía que Vanessa…
—¡Nunca sabes nada!
—Ethan golpeó las manos sobre el escritorio, haciendo que la madera se astillara—.
Tu hermana la ataca.
Tu manada la humilla.
¿Y tú?
¡Estás demasiado ocupado jugando al Alfa como para protegerla!
—Fui a buscarla en cuanto supe que estaba en peligro.
—¿Y dónde estabas antes de eso?
¿Besando a Camilla?
¿Rogándole a tu padre que mantuviera tus preciosas alianzas?
El aire crepitó con la rabia de Victor.
—¡¿Qué?!
He terminado las cosas con Camilla.
—Mentiroso.
Tu marca de vínculo sigue en su cuello.
Victor se estremeció.
Por primera vez, su confianza vaciló.
—Es… complicado.
—¿Complicado?
—Ethan agarró de repente a Victor por el cuello de la camisa, acercándolo hasta que sus narices casi se tocaron—.
¡Estaba encadenada al suelo por tus estúpidas complicaciones!
No podía moverme.
No podía respirar.
El dolor en los ojos de Victor era crudo, sin filtros.
—Lo arreglaré —dijo Victor entre dientes.
—¿Cómo?
—Ethan lo empujó hacia atrás—.
¿Dejando que tu hermana se libre con un simple tirón de orejas?
¿Obligando a Selene a soportar más de tus fracasos?
—Exiliaré a Vanessa.
Denunciaré públicamente a Camilla.
Haré lo que sea necesario.
Ethan lo estudió y luego sonrió con suficiencia.
—Demuéstralo.
Victor frunció el ceño.
—¿Cómo?
—Suplica —Ethan se cruzó de brazos—.
De rodillas.
Como el perro patético que eres.
Victor apretó la mandíbula.
Durante tres segundos agónicos, se quedó paralizado antes de caer sorprendentemente de rodillas.
Los guardias en la sala jadearon e incluso Ethan pareció sorprendido.
La voz de Victor se quebró.
—Por favor.
Ethan retrocedió.
—Eres asqueroso.
—Por favor —repitió Victor, más alto.
Sus manos se apretaron en puños a los costados, su orgullo claramente en guerra con su desesperación—.
Haré lo que sea.
Solo… no me la quites.
La amo.
—¿Amor?
—se burló Ethan—.
No conoces el significado de esa palabra.
Los ojos de Victor se oscurecieron.
—No importa lo que digas, no voy a firmar esos papeles.
La sonrisa de Ethan se volvió mortal.
—Guardias.
Seis guerreros avanzaron de inmediato.
—Golpéenlo —ordenó Ethan—.
Hasta que aprenda cuál es su lugar.
El primer puñetazo impactó antes de que pudiera parpadear.
Victor se tambaleó, pero no se defendió.
El segundo puñetazo le volteó la cabeza a Victor de un golpe.
Un chorro de sangre salpicó el suelo de mármol, rojo brillante contra el blanco.
Se le partió el labio, pero no emitió ningún sonido.
Simplemente apretó la mandíbula y lo aguantó.
El tercer golpe fue peor: un brutal gancho a las costillas.
Oí el crujido antes de verlo doblarse.
Cayó sobre una rodilla, tosiendo, pero se reincorporó de un empujón.
Sus ojos nunca se apartaron de los míos.
—Patético —masculló Ethan.
Los guardias empezaron a rodearlo como lobos.
Uno lanzó un puñetazo a la sien de Victor y se escuchó un crujido nauseabundo.
Su cuerpo se tambaleó, sus pupilas se dilataron, pero parpadeó con fuerza y se mantuvo en pie.
La sangre goteaba de su nariz, de su oreja, cayendo sobre su camisa rota.
De repente me sentí asfixiada.
Sentía cada golpe como si me lo dieran a mí.
El guardia más grande dio un paso al frente, haciendo crujir sus nudillos.
—Última oportunidad, Roux.
Firma los papeles.
Victor escupió sangre a sus pies.
—Vete al infierno.
El puño del guardia se estrelló contra el estómago de Victor.
Se dobló, con arcadas, pero de alguna manera se mantuvo de rodillas.
Su respiración salía en jadeos entrecortados.
En ese momento, no pude soportarlo más.
—¡Para, Ethan.
Por favor!
Ethan me ignoró.
—Otra vez.
Victor recibió los golpes, su cuerpo se mecía con cada impacto.
Sus rodillas tocaron el suelo, pero no cayó.
Solo me miraba, con los ojos encendidos.
—Selene —dijo con voz ronca—.
No voy a renunciar a ti.
Sin pensar, me abrí paso entre los guardias, con las manos temblando.
—¡Basta!
La mirada de Ethan era fría.
—Apártate.
—No.
—Me mantuve firme—.
Déjame volver con él.
A Victor se le cortó la respiración.
—¿Qué?
Mantuve la mirada fija en Ethan.
—Un mes.
Me quedaré en su manada durante un mes.
Si mis sentimientos no cambian para entonces… él firmará el divorcio.
Ethan apretó la mandíbula.
—¿Y si cambian?
—Entonces me quedo.
La esperanza de Victor era casi dolorosa de ver.
Ethan me estudió durante un largo momento.
Luego, finalmente, asintió.
—Un mes.
Pero si vuelve a hacerte daño…
—Solo un mes —susurré.
Victor se levantó lentamente, limpiándose la sangre de la boca.
—La trataré como a una reina.
La mirada de Ethan podría haber derretido el acero.
—Más te vale.
Cuando nos giramos para irnos, Melissa, que había estado inusualmente callada, de repente me agarró del brazo, con voz baja.
—¿Estás segura de esto, Selene?
—susurró—.
*Sigue siendo el mismo Victor.
¿O ya lo has olvidado?*
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com