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La Luna rechazada: La heredera oculta - Capítulo 61

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61: Capítulo 61 61: Capítulo 61 Punto de vista de Selene
Parpadeé con fuerza, mientras mis ojos luchaban contra la luz que entraba a raudales por una ventana.

Cuando miré a mi alrededor, me di cuenta de que no estaba en mi habitación.

Las sábanas olían a lavanda y las cortinas eran gruesas y de color crema, nada que ver con las oscuras que yo misma había elegido.

Y lo que era peor… Víctor no estaba aquí.

Recordaba haberme desmayado en el jardín, justo delante de él, y aun así no se había quedado a mi lado.

Me había dejado otra vez, como siempre.

De repente, un ruido provino de la esquina de la habitación.

Me incorporé de inmediato, entrecerrando los ojos.

Había una chica de pie cerca de la cómoda, doblando una toalla con las manos más lentas que había visto en mi vida.

Tenía el pelo largo y castaño recogido en un moño suelto y llevaba un vestido de sirvienta de color azul pálido.

Su expresión era indescifrable, casi aburrida.

—Por fin despiertas —dijo con voz inexpresiva, sin siquiera mirarme.

—¿Quién eres?

—La voz me salió ronca, pero dura.

Se giró ligeramente y por fin me encaró, con una sonrisita burlona asomando en sus labios.

—Lisa.

Me dijeron que te vigilara.

—¿Por quién?

—Por el Alfa Víctor.

Me puse tensa.

Así que se había dado cuenta de que me desmayé.

Y en lugar de venir a ver cómo estaba él mismo, envió a… ella.

Lisa se acercó a la mesita auxiliar y sirvió agua en un vaso como si estuviera haciendo la tarea más molesta del mundo.

—Dijo que podrías estar débil.

Me dijo que te ayudara.

Aunque no le veo el sentido.

—¿Qué significa eso?

—pregunté, enderezándome en la cama.

Me tendió el vaso, y su sonrisa se volvió desagradable.

—Significa que eres como yo.

Otra omega esperando a ser desechada.

—¿Perdona?

Dio un paso atrás y se cruzó de brazos.

—No eres especial, Selene.

Ya no eres una Luna.

Todo el mundo sabe que te vas a divorciar.

Es solo cuestión de tiempo que Elara ocupe tu lugar.

El agua en mi mano tembló, a punto de derramarse.

—¿Qué?

—He dicho lo que todo el mundo ya está susurrando.

Elara es más fuerte, más guapa y tiene un rango superior.

Ya está en su cama, ¿no es así?

—Debes de tener muchas ganas de que te despidan.

Se rio.

—Oh, por favor.

El Alfa no se molestará conmigo.

¿De verdad crees que te va a defender?

¿A la exesposa a la que apenas mira?

Me enderecé.

—Sigo siendo su esposa.

Sigo siendo la Luna de esta manada hasta que el divorcio sea oficial.

—Solo sobre el papel.

Ya nadie te respeta.

Apreté los dientes, intentando contener la ira que crecía en mi interior.

—Repite eso —susurré.

Se acercó con audacia.

—Ahora solo eres un nombre en esta casa.

Un recuerdo que se desvanece.

Ahora estaba temblando, todo mi cuerpo se estremecía de rabia.

—¿Sabes realmente quién soy?

Lisa puso los ojos en blanco.

—¿Una Luna rota que no pudo retener a su pareja?

Sin pensar, la agarré por la muñeca y tiré de ella hacia mí antes de que pudiera reaccionar.

—He vivido en esta casa durante años.

He luchado al lado de Víctor.

He cuidado de esta manada cuando él tenía problemas.

Protegí su nombre, su título, mientras él estaba ocupado jugando a las parejitas con Camilla.

Así que no te quedes ahí parada actuando como si supieras algo de mí.

Retiró la mano de un tirón, con los ojos muy abiertos por la sorpresa.

Pero yo no había terminado.

—¿Crees que eres valiente solo porque contestas?

Intenta llevar el peso de este título sobre tus hombros mientras todos esperan que caigas.

Intenta sonreír ante una multitud cuando tu pareja está eligiendo a otra mujer delante de tus narices.

No durarías ni un día.

Sus labios se curvaron de nuevo.

—Quizá no.

Pero Elara sí lo haría.

Ya lo ha hecho.

Se me revolvió el estómago.

Lisa lo vio.

Sonrió aún más.

—Va a ser una mejor Luna.

Lo sabes, ¿verdad?

Ya está más cerca del Alfa de lo que tú has estado nunca.

Giré la cabeza, parpadeando con fuerza para evitar que las lágrimas cayeran.

No iba a llorar delante de ella.

Ni por Víctor.

Ni por Elara.

Y desde luego que no por una criada que pensaba que podía desestabilizarme.

Respiré hondo y la miré directamente a los ojos.

—Fuera.

—¿Qué?

—¡He dicho que salgas de esta habitación antes de que se me olvide que sigo siendo la Luna!

Dudó un segundo y luego volvió a sonreír con suficiencia.

—Claro.

Pero volverás a verme muy pronto.

No respondí.

Alargó la mano hacia el pomo de la puerta, pero se detuvo y se volvió.

—Espera y verás lo que Elara te tiene preparado —dijo en voz baja—.

¿Crees que esto duele?

Es solo el principio.

Dicho esto, giró el pomo y salió, dejando que la puerta se cerrara tras ella con un suave clic.

Me quedé sentada, temblando, con los puños apretados a los costados.

El corazón me latía con fuerza por el peso de todo: Víctor, Elara, el divorcio y ahora hasta los malditos sirvientes se creían con derecho a menospreciarme.

Estaba cansada.

Tan malditamente cansada de fingir que estaba bien.

De fingir que no me importaba.

Un sonido agudo y repentino interrumpió el silencio, y levanté la vista rápidamente.

La pantalla de mi móvil se iluminó con un mensaje de un número desconocido.

Pero no necesitaba un nombre para adivinar de quién era.

Lo abrí y me sorprendió ver fotos.

La primera foto mostraba a Elara sentada junto a Víctor en lo que parecía un restaurante a la luz de las velas.

Llevaba un vestido verde esmeralda muy ceñido que reconocí de una tienda de diseño de la ciudad.

Era el tipo de vestido que las mujeres se ponen cuando quieren ser inolvidables.

Víctor tenía el brazo apoyado en el respaldo de la silla de ella.

Ni siquiera miraba a la cámara, pero se le veía relajado.

Como se ve un hombre cuando está en una cita.

De repente sonó otra notificación y aparecieron más fotos, esta vez mostrándolos en el exterior.

Elara se había enganchado de su brazo mientras paseaban por un jardín con una fuente.

Tenían las cabezas inclinadas, muy juntas, como si susurraran algo que solo ellos dos podían oír.

Y entonces… había un mensaje que decía: «Tuve una velada encantadora con el Alfa anoche.

Dice que hacía mucho tiempo que no se sentía tan tranquilo.

Debe de ser por la compañía.

Espero que te estés recuperando.

Necesitarás tus fuerzas.

Besos, E.».

En ese momento, la sangre me hirvió tan rápido que sentí como si el fuego corriera por mis venas.

¿Cómo se atrevía?

¿Cómo se atrevía a jugar a estos juegos conmigo?

Me levanté de la cama tan rápido que esta crujió.

¿Era ese su plan?

¿Provocarme con fotos?

Quería hacerla pedazos y borrarle esa sonrisa de superioridad de la cara.

Pero algo no encajaba.

Elara no estaba simplemente presumiendo.

Era demasiado refinada.

Demasiado cuidadosa.

La forma en que expresaba sus palabras… era casi como si quisiera que yo reaccionara.

Y entonces, de repente, caí en la cuenta de que estaba intentando ponerme celosa.

Quería sacarme de quicio.

Lo que significaba que necesitaba algo de mí, o de Víctor.

No se trataba solo de amor o lujuria.

Era estrategia.

Recordé algo de hacía años: un banquete, susurros silenciosos en el pasillo y la risa de Elara de fondo.

Había estado hablando con mi hermano.

Ethan le había restado importancia como si no fuera nada, diciendo que solo era «otra hija de Alfa malcriada a la que le gustaba llamar la atención».

Pero era más que eso.

Había habido tensión entre ellos.

Y ahora, estaba aquí.

En la manada Nightshade.

Con mi esposo.

Justo en ese momento, apareció un nuevo mensaje que decía: «¿Quieres aclarar las cosas?

Puedo hacerte un hueco.

Odio la tensión.

Hablemos.

Reúnete conmigo en la cafetería, te enviaré la dirección más tarde.

Mañana».

Añadió un pequeño emoji de un guiño al final, como si esto fuera una especie de juego.

De pie, frente al espejo, me miré fijamente.

Si Elara quería una reunión, la iba a tener.

Algo más profundo estaba pasando aquí.

Podía sentirlo.

¿Y si tenía que caminar por el infierno para encontrar la verdad?

Entonces, más le valía al infierno estar preparado para mí.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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