La Luna rechazada: La heredera oculta - Capítulo 8
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8: Capítulo 8 8: Capítulo 8 Punto de vista de Selene
El hombre no respondió a mi pregunta.
Solo sonrió, asintió levemente y se dio la vuelta como si yo no hubiera dicho nada.
Sus pasos eran silenciosos, tranquilos, casi demasiado suaves mientras se alejaba y desaparecía entre la multitud.
Me quedé paralizada, viéndolo alejarse.
Algo en él no parecía normal.
No era solo la confianza.
Era algo más profundo…, algo oculto.
Había un misterio que lo envolvía como una segunda piel.
«¿Quién demonios es?», pensé.
En ese momento, un extraño escalofrío me recorrió la espalda.
Y entonces sentí a Lisa, mi loba.
No gruñó, no habló, pero se agitó.
Inquieta.
Alerta.
«Tú también lo sentiste, ¿verdad?», susurré en mi interior.
No respondió de inmediato.
En su lugar, se limitó a dar vueltas.
Círculos largos y lentos en el fondo de mi mente.
Aguzó las orejas.
Levantó el hocico como si todavía estuviera olfateando el aire, intentando identificar su olor.
«¿Qué pasa?
¿Qué ocurre?».
«Algo no cuadra con él, Selene».
Su voz era baja, recelosa.
«Estoy segura de que esconde algo».
Eso me erizó la piel.
Normalmente no sonaba así.
Lisa era estable, tranquila… más terca que emocional.
Pero en este momento, sonaba… curiosa.
Casi nerviosa.
«¿Podría ser un Alfa?», pregunté.
«No de ninguna manada que yo conozca», dijo.
«Y no es de por aquí».
Volví a mirar hacia el lugar por donde había desaparecido, pero el pasillo ya estaba vacío.
El ruido del banquete zumbaba a mi alrededor: música, risas, el tintineo de las copas.
Pero no conseguía volver a conectar.
No del todo.
Algo en mi interior, quizá mi instinto, me decía que no sería la última vez que lo vería.
El momento se rompió con una voz familiar, alta y llena de energía.
—¡Cariño!
Me giré justo a tiempo para ver un borrón de purpurina y rizos abalanzándose sobre mí.
Era Melissa.
Prácticamente me placó con un abrazo, apretando tan fuerte que apenas podía respirar.
—Estás increíble —dijo, apartándose para mirarme fijamente—.
Este vestido…, diosa, el diseñador se ha superado.
Pero, más que eso, estoy… ¡estoy tan malditamente feliz de que por fin hayas dejado a ese hombre asqueroso!
Le dediqué una sonrisa cansada.
—Gracias, Mel.
Tú también estás preciosa.
—Siempre estoy preciosa —dijo ella con un guiño.
Luego, me cogió del brazo y me arrastró por el salón de banquetes—.
Vamos.
Sentémonos.
Tengo mucho que contarte.
No te vas a creer el drama que te has perdido.
Nos sentamos en uno de los sofás de terciopelo cerca del borde del salón.
Las luces eran suaves en esta parte de la sala, creando un resplandor dorado sobre las mesas y las paredes.
Aún podía oír la música de fondo y el murmullo de las voces.
Todo el mundo iba vestido como la realeza esa noche.
Las risas resonaban.
Las copas tintineaban.
El olor a vino y carne asada impregnaba el aire.
Melissa se inclinó hacia mí.
—Bueno, pues después de que te fueras de Nightshade… las cosas se volvieron caóticas.
Ladeé la cabeza.
—¿Qué tipo de caos?
Cruzó las piernas y miró a su alrededor antes de bajar la voz.
—Víctor movió hilos, y de los gordos.
Movió cielo y tierra para encubrir el accidente de coche que provocó Camilla.
¿Sabes?, ¿ese en el que mató al hijo de un anciano de la manada?
Me puse rígida.
—Eso no se hizo público.
—Exacto.
Se aseguró de ello —susurró—.
Lo tapó todo y libró a Camilla de los problemas.
Ningún castigo.
Ni siquiera una advertencia formal.
Anda por ahí como si no hubiera pasado nada.
Se me hizo un nudo en la garganta.
Así que podía proteger a alguien de las consecuencias…, pero no a mí.
Cuando se trataba de Camilla, movía montañas.
¿Pero por mí?
Me había dejado plantarme ante los ancianos cuando estaba con él.
Dejó que me culparan.
Dejó que creyera que me encerrarían.
Apreté las manos en mi regazo.
—Él… ni siquiera intentó defenderme cuando su madre y su hermana me estaban obligando a cargar con la culpa del accidente.
En vez de eso, él… él se puso de su parte.
La mirada de Melissa se suavizó.
—Selene…
Bajé la vista hacia mis manos.
—¿De verdad me odiaba tanto?
¿De verdad fui tan fácil de sacrificar?
Su expresión cambió.
—No, no hagas eso.
No le des ese poder.
Ese hombre es el problema.
¿Tú?
Tú simplemente diste demasiado, eso es todo.
Un pesado silencio se instaló entre nosotras.
De esos que te duelen en el corazón de forma silenciosa.
Entonces Melissa lo rompió.
—Dime una cosa —dijo, con voz más suave—.
¿Por qué no lo dejaste antes?
Sabías que te engañaba.
Todo el mundo lo sabía, así que, ¿por qué dejaste que siguieras sufriendo?
No respondí.
Se acercó más.
—¿Te pasó algo, Selene?
¿O estabas… estabas bajo algún tipo de amenaza?
Mantuve la vista en el suelo.
—Vamos, Selene.
No te cierres en banda ahora.
Abrí la boca… y la volví a cerrar.
No quería entrar en eso.
No esa noche.
No con este precioso vestido, rodeada de oro y luz.
Melissa frunció el ceño.
—No dices nada.
Eso me lo dice todo.
—No es lo que piensas —susurré.
—Entonces dime qué es.
Negué con la cabeza.
—No puedo.
Por favor, Mel… esta noche no.
Resopló, claramente frustrada.
—Está bien.
Pero algún día, me lo contarás.
Porque vi lo que ese hombre te hizo y sé que algo pasó entonces.
Algo gordo.
No respondí.
No podía.
Mi historia con Víctor ya era un desastre de heridas y secretos.
Lo que fuera que me hizo quedarme durante cuatro años era una cicatriz que había enterrado tan profundo, que ni yo misma sabía cómo explicarla.
Justo en ese momento, oímos voces cerca de la entrada.
No eran suaves.
Eran voces furiosas.
Melissa y yo nos giramos al mismo tiempo para ver a una mujer discutiendo con los guardias.
A gritos.
De forma cortante.
Sus manos volaban mientras señalaba y empujaba.
Melissa entrecerró los ojos.
—Espera un momento…
La mujer se adentró más en la luz, y su pelo oscuro se agitó sobre sus hombros.
Se me cortó la respiración.
Era Vanessa.
La hermana de Víctor.
Y joder, parecía furiosa.
—¿Qué demonios quieres decir con que no estoy en la lista de invitados?
—espetó—.
Soy familia del Alfa Víctor.
¿Crees que a mi hermano le parecería bien que me dejarais fuera como a una perra callejera?
Uno de los guardias intentó calmarla.
—Señorita, este evento era por invitación real para todos los Alfas.
El Alfa Mason…
—Guárdate tus estúpidas excusas —escupió—.
Voy a entrar, os guste o no.
Melissa se volvió hacia mí lentamente, con los ojos como platos.
—¿No es esa la mocosa irrespetuosa?
—preguntó, con voz baja pero afilada—.
¿Qué demonios hace aquí?
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