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La maldición del Alfa - Capítulo 11

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  4. Capítulo 11 - 11 Capítulo 11 Negociando
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11: Capítulo 11: Negociando 11: Capítulo 11: Negociando Cuando Waverly salió de la oficina, sintió que una lágrima caía de su ojo mientras parpadeaba.

Su mente estaba agotada.

El destino de tantas vidas estaba en sus manos y se estaba convirtiendo en algo demasiado difícil de soportar.

Apoyó su cuerpo en una pared junto a la puerta y se secó las lágrimas, con los ojos entrecerrados y la mirada fija en el suelo de madera.

Entonces, sus pensamientos se vieron perturbados por una voz que provenía de las puertas que daban acceso a la biblioteca.

—Señorita, ¿está usted bien?

Levantó la cabeza y vio a Felicity a su lado sosteniendo un par de sábanas.

Se sobó la nariz y sonrió con cansancio mientras respondía: —No realmente.

Por casualidad no tendrás la llave de la habitación de abajo, ¿verdad?

Felicity se metió las sábanas bajo el brazo y se tocó el bolsillo del delantal.

Waverly se volvió a tocar la nariz y se limpió rápidamente bajo los ojos.

—¿Podrías llevarme?

—preguntó.

Felicity enarcó las cejas mientras miraba a ambos extremos del pasillo.

—Es…

Waverly negó con la cabeza y con lo sombrío del ambiente, Felicity lo comprendió.

Colocó su mano vacía en la parte baja de la espalda de Waverly y la condujo hacia delante.

—Vamos, señorita.

La llevaré abajo y le cambiaré las sábanas mientras se prepara para dormir y haré que uno de los otros empleados le traiga algo especial —consoló.

Ante eso,
Waverly le dedicó una tímida sonrisa y asintió con la cabeza, siguiéndola hasta el sótano.

**
Durante los dos días siguientes, permaneció aislada en su espacio, dibujando continuamente los objetos que la rodeaban y las nuevas imágenes que cada día se presentaban fuera de su ventana.

De vez en cuando, se dedicó a dibujar a los criados que entraban y salían de su habitación y a los que había conocido.

Aunque habían pasado días desde la última vez que vio o supo de Sawyer, éste había cumplido su palabra y con cada uno de los sirvientes llegaba un nuevo objeto para llenar el espacio vacante.

Ella se sentó en el sofá de lado, con las piernas lo suficientemente elevadas como para sostener el bloc de dibujo.

Ubicado en frente, sobre la mesa de centro, estaba la caja que Sawyer había dejado hacía poco tiempo.

Mientras esbozaba los últimos detalles de su exterior, su puerta se abrió con un chirrido.

—Hola, Christopher —saludó sin volverse, casi en tono de burla.

—Y yo que creía que estaba siendo sigiloso —afirmó.

Ella oyó el chasquido de la puerta y pudo sentir su presencia detrás de ella, pasando por encima de su hombro.

—Es como si vinieras todos los días —dijo riéndose en voz baja, concentrada todavía en el dibujo que tenía entre manos.

Christopher miró lo que estaba haciendo y dijo: —Tienes mucho talento.

¿Te lo ha regalado Sawyer?

Waverly continuó dibujando, concentrándose en la tarea que tenía entre manos.

—¿Qué será hoy?

—preguntó—.

¿Más ropa o dinero?

No sé si en mi armario cabe algo más.

Esperó una respuesta y luego sintió que el sofá se movía al hundirse el cojín junto a ella.

Cambió la mirada y vio a Christopher sentado a su lado.

—Bueno, habrían sido joyas, pero parece que Sawyer ya se me adelantó —respondió, bromeando.

Los ojos de Waverly se entrecerraron, haciendo que Christopher se sonrojara.

—Mira, sé que lo hemos discutido mucho…

—Mucho es un eufemismo —comenzó Waverly—.

Todos los días desde que cené con Sawyer.

—Sólo quiero asegurarme de que estás de acuerdo en seguir adelante con lo que hemos hablado.

Parecías insegura de nuestro acuerdo en ese despacho.

Waverly sabía que tenía razón.

Cuanto más conocía a Sawyer, más se sentía obligada a salvarlo a él y a la Manada Sombra Carmesí.

Excepto que cuando se abría lo más mínimo con ella, se retraía el doble y con el paso de los días y la falta de contacto, no estaba segura de que fuera a ser posible.

Dejó el lápiz en la parte superior de su cuaderno de dibujo y lo cerró.

—Y te he dicho cada vez que me has preguntado que no estoy segura.

Christopher la miró asombrado, con la cara enrojecida.

—¿No estás segura?

Sabes que si te quedas, morirás, ¿verdad?

—No si funciona y rompemos la maldición.

Christopher negó con la cabeza, riendo.

—¿Qué?

—preguntó Waverly.

—Sabes…

las otras, una vez que descubrieron la razón por la que estaban aquí, aceptaron las ofertas que se les presentaron, pero tú…

tú eres diferente.

Waverly agarró su libro, jugueteando con las anillas que lo unían.

—Me dicen mucho eso —recordó.

Dejó el cuaderno de dibujo sobre la mesa de centro y se sentó, cruzando las piernas y mirando directamente a los ojos de Christopher—.

Creo que podría suceder.

Si Sawyer y yo conectamos…

—No funciona así…—intervino Christopher.

El cuerpo de Waverly se congeló.

—¿Qué quieres decir?

Sawyer dijo…

—Sawyer cree lo que quiere creer.

Sabes tan bien como yo, que es un testarudo.

Ha puesto a todas las chicas de esta habitación durante los últimos cinco años sin comunicación porque ha perdido toda esperanza de encontrar a su pareja.

Pero no es sólo una pareja lo que necesita.

Necesita aceptar su pasado, la razón por la que tiene esta maldición para empezar, y conseguir que lo haga…

bueno, es impensable.

Waverly podía oír el eco de su pulso y sentirlo en cada centímetro de su ser, golpeando contra su piel como si estuviera rogando por una salida.

—Mira, Waverly…

—habló Christopher, colocando una mano en su rodilla—.

Sé que es difícil de asimilar…

pero conozco a Sawyer desde que éramos niños.

Es un gran Alfa, pero con lo que le ha pasado…

no creo que se recupere.

Cualquiera que se quede aquí muere con él.

Pero después de intentar ayudarlo tantas veces en la última década…

he perdido la esperanza; todos lo hemos hecho.

Estamos aquí por lealtad, pero tú no; tienes que irte mientras puedas.

Waverly miró su mano.

No tenía ni idea de qué hacer ni de cómo enfrentarse a eso.

Deseaba ser libre, pero el deber era algo que siempre llevaba cerca de su corazón.

Si abandonaba a Sawyer y a la manada, sería como si los condenara a muerte.

Sin embargo, si se quedaba, ¿quién puede decir que él daría todos los pasos necesarios para salvar a su gente?

Quitó la mano de su pierna y se encontró con su mirada expectante.

—Me gustaría ver a Sawyer.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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