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La melodía que soltaste en silencio - Capítulo 20

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20: Acorde roto 20: Acorde roto Desde su divorcio se mudo a un departamento modesto y acogedor, tenía una habitación mas la sala y cocina, un espacio perfecto para alguien solitario, contaba con una terraza pequeña donde algunas plantas que casi no puede mantener vivas, a menudo se olvida de regarlas.

Perdido en la soledad de su departamento prepara una sopa caliente para ese clima tan drástico, llovió de la nada y el frio se filtraba por la ventana.

Fue cuando un golpe seco en su puerta lo asusto, no esperaba a nadie y mucho menos algún pedido, con nervios se asomo a la puerta por un orificio que le permitía ver quien tocaba, pero nada mas ver abrió la puerta de golpe.

Ahí estaba ella, empapada, sin maquillaje, ojos temblorosos y los labios apretados.

Tenía miles de preguntas en su cabeza entre ellas como conocía su dirección pero las lagrimas secas en sus ojos lo dejo pasmado, no pregunto nada, solo la dejo entrar.

Ellie lo abraza en silencio, no lloro, no grito, se quedo sin fuerzas durante el trayecto, sentía impotencia.

—¿Estás bien?

—susurra él.

—No —responde ella, sincera por primera vez en el día.

Lo abrazo mas fuerte hundiendo su cara en su cuello.

Leo corresponde el abrazo, aspiro su aroma, humedad con flores desconocidas para el, no era la misma mujer de porte elegante y mirada dominante, era una mujer lastimada, herida y triste.

El beso no surgió en ese momento, no de inmediato, se miraron, sus respiraciones pesadas llenas de tensión al punto de ser insoportable.

Y finalmente se besan.

Leo apretó el abrazo, la beso tiernamente, sus labios al compas de una danza suave y profunda.

Fue lento.

Fue cálido.

La vulnerabilidad les venció, dos personas que jamás imaginaron encontrarse en esa situación, más cuando el mundo ha pisoteado todo de ellos.

Como explicar lo que sienten en ese momento.

Avanzan lento pero seguros de lo que hacen, caricias sinceras y silencios que dicen más que las palabras, no es una pasión acelerada, es un refugio intimo que experimentan por primera vez.

Ellie quería llorar, porque no solo estaba entre la espada y la pared, ella no quería detenerse.

Avanzó segura, se acariciaron mucho mas, sus labios recorrieron el cuerpo del otro, una danza intima y secreta entre ellos que surgió a mitad de la noche.

Leo no espero mas y apago todo lo de su cocina.

Tomo a Ellie en brazos y la abrazo mucho mas, poco le importaba su ropa mojada.

La puerta de la habitación se cerro tras de si.

Cuando los rayos de sol se colaron por la ventana Leo ya estaba despierto acariciando sus cabellos desordenados con una sonrisa, se sentía extrañamente bien, la vio despertar lentamente incorporándose en la cama.

Ellie por un momento, piensa que podría quedarse ahí para siempre.

Pero no puede.

No con las sombras que ha visto en su casa.

—Buenos días — saludó Leo  —Buenos días  —Deje una sopa a medias ayer, ¿gustas?

—Claro El desayuno fue algo tranquilo, mientras su ropa se secaba portaba una camisa de Leo, su perfume era varonil pero con un toque de dulzura y suavidad.

—Esta delicioso  —Gracias Leo la vio comer, una delicadeza indescriptible, miro sus ojos azules y algo dentro de el lo golpeo, como si su mente quisiera recordar algo.

Pero no dijo nada, sus gestos suaves solo le conmovieron olvidando todo en ese momento.

—Ellie, te gustaría salir, ya sabes una cita  —Lo siento, no puedo —No te preocupes  —Debo volver a casa —Claro, te puedo llevar  —No te preocupes, tengo que reunirme con mi hermano  Leo asintió y no dijo mas.

El imperio Andrews construido en pilares de mentiras, un robo, una partitura que era de alguien brillante, alguien que dejo a su heredero bajo esas reliquias que nadie tenía derecho a tocar.

Leonardo Johnson  Ellie regreso a casa con un escalofrió recorriendo su espalda, al llegar no había rastro de su hermano ni de su padre, como si nunca existiera tal verdad, se adentro a la mansión con sigilo dirigiéndose a su habitación, pero no espero ver a Nicolas en la puerta de su balcón dentro de su habitación.

Sus ojos encendidos con una mezcla peligrosa de furia y decepción.

—¿Dónde estabas?

—pregunta, sin rodeos, Nicolas siempre fue directo.

Ellie trago saliva y cerro la puerta tras de ella.

Siempre fue buena mintiendo pero por alguna extraña razón, con Nicolas era débil.

—Salí al conservatorio.

—En lluvia torrencial.

Toda la noche.

La gran Ellie que detesta estar mucho tiempo en el conservatorio.

—Nicolas se ríe sin humor—.

Sí, claro, Ellie.

Ella aprieta los labios.

—No tienes derecho a interrogarme Nicolas.

—Tengo todo el derecho cuando te veo llegar al amanecer con la ropa arrugada como si hubieras caminado bajo la tormenta de ayer, el perfume cambiado y la expresión de alguien que no ha dormido sola.

Ellie siente la sangre subirle al rostro, Nicolas nunca fue fácil de engañar, el siempre era muy perceptible y ni siquiera su padre pudo controlarlo.

—Mi vida personal no es asunto tuyo.

— Se defendió.

Nicolas se acerca a ella, cada paso lleno de tensión y peligro, su hermano mayor era protector, lo sabía ahora pero ahora se convirtió en un fiscal descubriendo un caso peligroso.

—Lo sería si fuera solo eso —dice él—.

Pero te metiste con la persona equivocada.

Estas en la cuerda floja Ellie.

Ellie lo mira con el corazón a punto de detenerse.

—¿De qué hablas?

Nicolas aprieta la mandíbula.

Su mirada se endureció.

—Anoche escuchaste todo lo que discutí con nuestro padre.

Y ahora todo encaja.

—Pausa.

Su respiración se volvió pesada—.

El chico de esa cafetería no era nadie mas que el mismo Leonardo Jonhson ….

es el hijo del hombre al que papá le robó desde que murió.

Ellie sentía el suelo quebrarse.

—Nicolas, yo…

—Lo sabías, pero aun así…

—Yo no me esperaba lo que hizo papá —¿Dormiste con él?

—Pregunto sin previo aviso.

Ellie se paralizó, su voz se negaba a salir.

Nicolas retrocede un paso, con un gesto indescifrable, una mezcla que no pudo identificar, era asco, acaso tristeza, acaso decepción.

—No puedo creerlo.

—Se pasa la mano por el cabello con frustración—.

Escuchaste todo anoche y lo primero que se te ocurrió fue ir allá.

De todas las personas del maldito mundo, elegiste al único hombre que podría destruirnos.

Ellie levanto la mirada sin dejarse intimidar.

—Leo no sabe nada.

No tiene nada que ver con esto.

Él no eligió nacer en esa familia.

No eligió el pasado de nuestros padres.

Y… —su voz tiembla llena de duda— tampoco elegí sentir lo que siento.

Nicolas golpea fuertemente la pared provocando miedo en Ellie.

Nicolas no era un simple hombre elegante del violín, la palabra delicado no era propio de el.

—¡No entiendes, Ellie!

—grita él—.

¡Papá va a descubrirlo!

¡Y si lo descubre, no solo destruirá a ese chico, te destruirá a ti!

Hará lo que sea para proteger su imperio, este maldito imperio lleno de mentiras.

—No voy a dejar que le haga daño —susurra ella.

— Primero destruyo este imperio.

—¿Y cómo planeas evitarlo?

¿Diciendo la verdad?

¿Exponiendo a nuestra familia?

¿Arruinando nuestras carreras?

No me importa si se cae este imperio, pero dime algo Ellie —Nicolas ríe con desesperación—.

Eres brillante, pero no ingenua, crees que ese chico aceptara todo lo que hicimos..

Ellie tiembla, las palabras de su hermano eran una advertencia.

El robo de las partituras no fue lo único que hizo papá.

Nicolas baja la voz.

Ya no grita.

Ahora suplica.

—Ellie… por favor… aléjate de él.

No puedes enamorarte del hijo del hombre que papá destruyó.

Ella siente la garganta cerrarse.

—Nicolas… ya es tarde.

Yo….

El silencio cae como una sentencia.

Como un trueno contenido.

—Entonces estamos jodidos —murmura.

Ellie se acerca a el, quería saber lo que tanto le aterra a Nicolas.

—Prometo que no dejaré que esto explote.

No voy a permitir que papá se entere.

No voy a dejar que le haga daño a Leo.

Nicolas la mira y acaricia su rostro, una lagrima rodo por su ojos sorprendiendo a Ellie, tenía un mal presentimiento.

—No confío en papá.

—Pausa—.

Pero tampoco confío en el destino, Ellie.

Y tú acabas de provocar el peor de todos.

—Nicolas…

—Hay algo que debes saber…

el robo de las partituras no son una casualidad…

—¿Como?

—La madre de Leonardo….

ella vendió el patrimonio de ese hombre a los Andrews, no solo se trata de los Andrews sino el oscuro secreto de esa mujer que algún día desafiaste, es una cadena, una plan muy bien ejecutado…

Enrique no se suicidio por gusto…

su único propósito fue alejar a su hijo de la música y si tu estas con el…..

lo estas acercando a este mundo que su padre quiso alejar.

La advertencia queda suspendida en el aire.

Nicolas no mentía, lo descubrió por la discusión que tuvo con su padre, un dialogo que Ellie no escucho al escapar.

Si su padre descubría lo que había entre ellos… Una verdad terriblemente dolorosa saldrá a la luz.

—El que le dio esa arma a Enrique no fue nada mas que Margaret Carson  Y por primera vez desde que nació, Ellie sintió que amar a alguien… podía costarle la vida entera.

La vida y paz de quien apreciaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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