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La melodía que soltaste en silencio - Capítulo 22

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22: Un silencio que duele 22: Un silencio que duele Descansaba a su lado pero no dormía, el departamento era una calma total, todo pensamiento se desvaneció cuando pensó en una leve esperanza de terminar con toda esa mentira, la construcción de un imperio que es el resultado de un fraude bien calculado.

Algunas verdades no salvan.

Algunas condenan.

Te hunden hasta el fondo del abismo.

Pensó en Nicolas, en su promesa dicha con miedo.

Pensó en Amelia… y en ese perfume que ahora era una amenaza.

El aroma de Leo se había implantado en ella, el aroma que era mas que un olor pasajero.

Cuando amaneció la cita propuesta ya estaba en su calendario de recordatorio y como primer mensaje de texto matutino, Leo la había invitado a desayunar en esa cafetería tranquila donde siempre eran sus encuentros.

Cuando llegó, Leo la miraba con dulzura, con serenidad.

El desayuno fue tranquilo, conversaciones y miradas compartidas, sin embargo, Leo noto algo extraño, sus miradas se convirtieron en su único lenguaje, el lenguaje de Ellie.

—Ellie… —dijo—.

Si algún día decides irte, prométeme que no será sin decir adiós.

Ella sintió que el corazón se le partía en silencio.

Acaso eso era su próximo movimiento.

—No pienso irme —respondió firme.

Pero ambos sabían que no era verdad.

El conservatorio estaba envuelto en una quietud extraña.

Los pasillos parecían más largos, las paredes más frías.

Ellie avanzó como siempre, erguida, impecable, distante.

Nadie habría adivinado que por dentro se estaba desmoronando.

Una mujer cuya aura es impenetrable, donde ella es el pilar principal de una orquesta y fama inquebrantable.

Durante el ensayo, sus dedos temblaron apenas.

Nadie lo notó.

Ella era perfecta.

Nadie excepto Amelia, que la observaba desde el otro extremo de la sala con una atención inquietante.

Ellie evitó su mirada.

Nada bueno resultaba de Amelia.

La música fluyó, perfecta, precisa… y completamente armoniosa, la melodía que solo ella podía tocar.

Mientras tanto, Leo también sentía que algo se rompía lentamente.

Como si algunas piezas no encajaran en el rompecabezas.

No tenía pruebas.

Solo una sensación persistente, inquietante.

Una ausencia incluso cuando Ellie estaba presente.

Revisó su teléfono, leyó antiguos mensajes, recordó la forma en que ella evitaba ciertos temas, ciertas preguntas.

Recordó su encuentro extraño, una extraña bajo la lluvia y un recién divorciado.

—No estás huyendo de mí —murmuró—.

Estás huyendo de algo más grande.

Y por primera vez, tuvo miedo.

Miedo como cuando su padre se desvaneció frente a el, Ellie era alguien tan perfecta como su padre entonces…

ella podía desvanecerse.

Al caer la noche Ellie llegó a casa con las dudas aun en su cabeza.

Encontró a Nicolas en la sala con una copa de vino bebiendo con total tranquilidad mirando un viejo álbum de fotos.

—Papá adelantó los planes —dijo sin rodeos—.

La vigilancia es más estricta.

Se muy bien que te diste cuenta de sus cambios, Ellie tu no eres una mujer paciente que juega lo mismo que papá.

¿Qué planeas?

Ellie cerró los ojos.

—No puedo dejarlo —susurró—.

No a él.

Nicolas la miró con una tristeza profunda.

—Entonces prepárate para perder algo más, hermana.

Me ha estado entrando muchas dudas pero finalmente lo recordé.

Ellie se llevó la mano al pecho, como si pudiera sostener su corazón ahí dentro.

Nicolas no era ningún ingenuo.

—Solo quiero un poco más de tiempo —dijo.

—Hermana….

Leonardo hijo de Enrique…

es el niño dueño de la composición…

es Mike —Nicolas —dijo como si tuviera escapatoria.

—Tu amor de la universidad…

en aquel funeral no lo reconocí, no sabía quien era.

—Yo…

tampoco…

hasta que me dijo su nombre  Nicolas no respondió.

Porque ambos sabían que el tiempo era lo único que ya no tenían.

Se levantó de golpe bebiendo de un solo golpe la copa de vino, Ellie era una buena actora capaz de engañar hasta al más profesional, Ellie recordó el momento mas sereno de su vida.

Y comprendió que el amor más grande no siempre salva… no regresa, te enseña a que a veces no es volver, sino al dolor tan grande que causa la perdida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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