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La melodía que soltaste en silencio - Capítulo 4

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  4. Capítulo 4 - 4 Una melodía olvidada
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4: Una melodía olvidada 4: Una melodía olvidada Cada vez que ella entraba, no era necesario decir algo, incluso ya se conocía el sonido de sus tacones, su hora de entrada y su café esperando en su puesto, al notarla el aire cambiaba, ya no era tan ligero, los técnicos guardaban silencio y se enderezaban, los asistentes agachaban la cabeza mirando las apretadas agendas de los músicos.

Ellie Andrews hija única de una familia exitosa compuesta por la música, no solo era una talentosa cantante y compositora, además Ellie siempre fue ganadora de muchos premios siendo considerada una genio dentro del conservatorio, alguien que el director no estaba dispuesto a perder.

Su autoridad se imponía con una mirada firme, alguien valioso como para llevar la contrario, un talento, un genio, una presencia indomable que ajustaba una partitura.

Su exigencia no provenía de ego, ni el orgullo, su carácter es la precisión: la música, para ella, era una forma de control, una manera de demostrar a todos que ella era Ellie Andrews.

Su rutina era muy exigente desde temprano en la mañana, minuciosamente revisaba cada ensayo programado, cada uno de sus instrumentos se encuentren en perfectas condiciones y que nadie los haya tocado.

Después se encerraba en su sala, una solo para ella, su reino de cristal y cuerdas, donde ningún sonido se permitía sin su aprobación, solo sus canciones, sus melodías, sus composiciones.

Todo estaba normal esa mañana, tranquilo, hasta que sus pasos fueron detenidos, era ella, alguien con suerte, una cantante que quiere incluir la música natural en sus interpretaciones, los sonidos de los instrumentos y no parlantes de sonido, alguien que maravillo al director con su canto pero para ella aquella mujer no tenia talento ni amor por las incontables melodías, cada una cuenta una historia, un sentimiento.

Ellie era perfección mientras que Amelia Willow era interpretación.

Se cruzaron en el pasillo, sus miradas se cruzaron, Amelia lejos de caer en aquella perfección cruzo de brazos, miro directamente a los ojos de Ellie y saludo como si fuera algo normal, todos ahí sabían que aquellas mujeres talentosas no se toleraban, Amelia siempre buscaba provocar a Ellie pero ella lejos de caer en las provocaciones terminaba en comentarios sarcásticos que sacaban de quicio a Amelia.

Señorita Ellie, llego tarde hoy, comento ella con un tono de voz casual y empalagoso.

Escuche algo muy interesante en los pasillos, es cierto que serás una mujer divorciada.

El comentario enfureció a Amelia, lejos de saber como se entero Ellie sentía en como su pecho ardía de la rabia, Amelia una mujer que le gustaba cuidar su apariencia de las habladurías ahora era el centro de atención gracias a Ellie.

Es mi vida privada señorita, dijo con tono fuerte mas una mirada que parecía querer cortarte.

Es tendencia, soltó Ellie junto con una sonrisa prepotente, no desea continuar por lo que se retiro pasando junto a Amelia, la mujer no solo sentía rabia sino ahora todos murmuraban sobre ella, Ellie terminó humillándola.

Ellie camino hasta la sala principal del conservatorio, aquella misma sala donde una sombra la vio tocar y la admiro en silencio, debía admitir que aquel hombre extraño le resultaba familiar, ese hombre de la cafetería tenía el mismo aura, mismo porte, misma presencia, aunque ese hombre solo tenia dolor en sus ojos.

En la sala de conciertos ensayaba un grupo de jóvenes novatos, inexpertos, se sentó a inspeccionar el ensayo cruzando sus brazos en el acto, los jóvenes solo tensaron miradas continuando como si nada su ensayo aunque la presencia de Ellie los ponía nerviosos.

¿Quién toca el piano?

, preguntó con voz seca.

El pianista levantó la mano, nervioso, con miedo.

Yo… señorita Ellie.

Está desafinado en la tercera nota.

Corrígelo o cambia de instrumento, si no puedes retírate.

Sus palabras filosas provoco que el joven pianista agachara la cabeza, sin saber que responder estaba a punto de irse cuando una voz femenina interrumpió la escena.

No todo debe ser perfecto, Ellie.

La música también vive del error, se vive del aprendizaje.

Ellie la miró, fija, con los ojos del invierno, con su mirada gélida que te congelaba hasta los huesos.

Por eso tus canciones duran poco en la memoria, son patéticas al igual que tu Amelia.

Dijo esto antes de marcharse de la sala, una vez mas Amelia sintió odio, desprecio hacia aquella mujer que no hacia mas que humillarla y despreciarla frente a todos, quería superarla, quitarla del camino, ella desea ser la estrella principal.

El silencio se volvió pesado.

Los jóvenes se miraron entre sí.

Nadie respiraba.

Amelia les sonrió, se dio media vuelta y volvió a su sala, sin mirar atrás, sin decir nada más.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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