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La melodía que soltaste en silencio - Capítulo 6

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  4. Capítulo 6 - 6 Café bajo la lluvia
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6: Café bajo la lluvia 6: Café bajo la lluvia No lo aceptaba, por supuesto que no, los papeles en sus manos temblaban, la audiencia ya tenía fecha, con coraje rompió esos papeles y miró al hombre frente a ella, antes sus ojos siempre se iluminaban nada mas verla, ahora esa mirada fría y distante le dejaba la piel de gallina.

Acaso era verdad lo que Leo le dijo, es un divorcio.

Amelia respiro hondo, no lograba entender en como una simple partitura rompía su matrimonio de ocho años, fueron novios desde la universidad y se casaron y ahora todo lo que veía eran partituras rotas.

Era cantante con esfuerzo y apoyo llego a la fama, soñadora, impetuosa.

Quería música, escenarios, pasión, solo un instrumento lo cambio todo.

Pero Leo solo quería paz, no mas sonidos, no mas el pasado, solo terminar.

Pero Amelia ya eligió, su arte sobre su amor.

No puedo vivir al lado de alguien que no respeta lo que me duele, dijo Leo al verla con la desición en sus ojos.

No puedes dejar que un recuerdo te controle, le decía ella.

Leo solo la miro.

Nunca lo entenderías, no es un recuerdo, es una herida que nunca sanará.

No puedo solo renunciar a mis sueños por ti, su voz quebrada mas las lagrimas hicieron que Leo tocara su rostro con suavidad, el momento fue una despedida entre ellos, recordaron todos esos años felices y sonrieron con amargura.

Ambos lloraban.

Pero Leo respondió con firmeza.

Nadie te pide que dejes tus sueños Amelia, pero yo no puedo acompañarte, no puedo simplemente amarte en un mundo lleno de ruido.

Así terminó su matrimonio: sin gritos, sin mas peleas, solo los dos con unas miradas llenas de recuerdos, solo con una melodía rota entre ambos.

Leo se marcho poco después que Amelia finalmente accediera a firmar los papeles del divorcio sin necesidad de un juicio, empaco sus ultimas pertenencias en una maleta y miro la casa donde había sido su hogar por ultima vez, aquella casa donde su mundo entero representaba, se fue de casa sin mirar atrás solo subió a su auto y arranco con el corazón destrozado.

Sentía que había vuelto a perder algo que no sabía cómo sostener, que perdió todo en el momento que decidió abandonar su amor a cambio de un trauma que aun lo perseguía, talvez Amelia tenía razón, con aquel recuerdo no podía avanzar.

La vida, el amor, el sonido.

Todo se desvanecía entre las notas que no podía tocar.

En el conservatorio privado “Arpeggio” estaba en total calma, la música paro y ningún sonido se escuchaba en el edificio.

Sin embargo, no todo era tranquilidad, en la oficina principal del director estaba Ellie con una expresión sombría sosteniendo un contrato al punto de arrugar el papel.

Que significa esto Marco, dijo al director en tono furioso.

Marco un hombre de mas de 50 años con una carrera prominente, socio del conservatorio y director principal temía a esa mujer quien en cualquier momento podría llegar a perder los estribos.

Un contrato con un músico de sesión Sabes perfectamente que no hago colaboraciones.

Es un contrato millonario, el actor es Guillermo Brown un talentoso hombre, actor y músico, su carrera ha escalado grandes cimas.

No estoy para juegos Marco.

Solo inténtalo, serás la pianista del show, el publico solicita tu presencia.

Olvídalo, dijo arrojando el papel al suelo sin ningún interés en una obra compartida.

Si rechazas esta magnifica oportunidad, Amelia escalara el risco por ti.

No me importa, que lo haga, se quede en ese patético show, no me interesa trabajar con Guillermo, con solo ver su cara me da nauseas.

Ellie abandono la sala dejando al director aliviado, soltó un suspiro y se inclino en su asiento.

Sabía que rechazaría la oferta, escuchó una risa juguetona y apareció entre las sombras una figura femenina que tomo asiento donde antes estaba Ellie.

Guillermo fue quien convenció Amelia a incluir el piano en sus representaciones pero jamás imagine que quería a ambas en una representación compartida.

Guillermo es el hombre que Ellie no soporta ver, ya sabes, después de todo descubrió un secreto muy bien guardado.

Sofía una mujer directa no era alguien mas en el escenario o el conservatorio, una mujer perspicaz teniendo todo impecable para Ellie, la manager de Ellie que fue contratada por la misma Ellie impecable y estricta.

Ellie es una mujer de temer.

Suspiro Marco quien conocía a Ellie desde muy pequeña.

Mas yo me pregunto si es buena idea que Guillermo conviva en el mismo ambiente que Ellie, ya sabe, esta poniendo a ese miserable en la boca del lobo.

Sonrió Sofia, soltó una risa a carcajadas, ya que al fin de cuentas, Ellie nunca dejaba tareas pendientes.

El reloj de la pared marcaba las seis de la tarde, el tiempo paso volando, casi sin darse cuenta Leo ya se encontraba media hora en aquella cafetería de aroma dulce, aunque el cielo ya estaba completamente gris con peligro de lluvia no tenía ganas de irse aun.

Las gotas de lluvia repicaban contra los ventanales, una llovizna suave que pronto se convirtió en un aguacero, fue entonces que escucho el sonido del campanal colgado en la puerta de la cafetería y una voz suave de la recepcionista lo hizo levantar la vista, era ella, la misma mujer que va viendo dos veces, la misma que siempre con voz arrogante lo dejaba sin palabras.

Leo que estaba sentado solo, con un cuaderno frente a él y una taza de café a medio acabar.

Desde hace años atrás una nueva costumbre apareció, a escribir sus pensamientos inconexos, palabras sin sentido, frases que empezaban con fuerza y terminaban en puntos suspensivos, su diario personal que no dejaba a nadie tocar.

Esa era su forma de escapar de la realidad sin irse.

Su mirada se clavo en aquella mujer, la misma que escucho a la camarera nombrar con miedo.

Ellie.

Disculpa… ¿acaso tengo algo en la cara?, preguntó Ellie con su misma voz arrogante, señalo la silla frente a el y tomo asiento sin permiso.

Ahora estaba frente a él, con un abrigo negro, un vestido de tirantes de un color vino, el cabello recogido y una expresión que mezclaba elegancia y distancia.

Era la primera vez que la veía tan de cerca.

Pidió un café americano sin azúcar y se quedó mirando por la ventana, hasta que el cuaderno en las manos de Leo llamaron su atención, Ellie señale el objeto.

¿Siempre escribes con una taza cafés?, preguntó finalmente Ellie mirando sus ojos con curiosidad.

Solo cuando no quiero hablar con nadie, contestó Leo.

Había algo en ella que lo desconcertaba.

Era fría, sí, pero no indiferente, como un alma vacía queriendo expresar todo lo que sentía.

Su frialdad parecía mas bien defensa, un muro inquebrantable, pero no una ausencia.

¿Y tú?.

Preguntó él.

¿Siempre te sientas frente a extraños sin permiso?

Ellie recibió su pedido lo bebió, dejo el vaso en la mesa antes de responder.

Solo cuando necesito recordar que la gente todavía existe, aun viven.

Esa frase quedó flotando en el aire, como una nota sostenida, Leo incrédulo soltó una risa corta, no comprendía a esa mujer extraña, su sentido del humor era pésimo.

Leo no respondió.

No sabía cómo hacerlo, solo reía despacio y casi a escondidas.

Ellie, cambió el tema con naturalidad.

¿Qué escribías antes de que te interrumpiera tu sonata?

Él dudó.

Cerró el cuaderno con cuidado, terminando su café.

Solo pensamientos.

Cosas que no sirven para nada, solo sirve para desahogarme y olvidar todo.

Entonces deben ser las palabras más sinceras.

Replicó Ellie.

Esa respuesta lo desarmó.

Se quedo sin palabras, era como si ella podía ver a través de los ojos, como un espejo.

Le recordó a su padre, quien solía decir que la música más pura era la que nadie escuchaba, la que se dedicaba a uno mismo para luego libremente interpretarla al mundo y a las personas.

¿A qué te dedicas?, preguntó, no sabía su nombre.

Empecemos de cero señorita… bueno, soy Leo Jones, trabajador común en una empresa como administrador, tengo 30 años.

Sabes algo, la música no se deja solo se esconde.

Espera paciente.

Pero nunca se va.

Sigue ahí.

Leo levantó la vista.

Esa mujer siempre terminaba diciendo cosas muy profundas como si adivinara lo que pensaba.

Hablas como un poeta perdido a la deriva, dijo Leo  Ellie sonrió sin responder.

Solo terminó su bebida amarga al igual que las partituras que tocaba sin emoción.

Un trueno retumbó afuera sorprendiendo a ambos.

El cielo estalló en lluvia.

Un aguacero que les recordó a su primer encuentro.

Parece que estaremos aquí un rato, no veo intenciones de que la lluvia pare, dijo Leo.

No importa, contestó ella.

Me gusta el sonido de la lluvia.

Como un compás roto.

Adrián frunció el ceño, curioso.

Aun así no dijo nada.

El reloj marcó las ocho, aun llovía afuera, pronto la cafetería se lleno.

Ellie se levantó, ajustó su abrigo y lo miró.

Era hora de marcharse.

Aun llueve, dijo Leo  Tengo algunos pendientes, respondió  Lo entiendo, aun así  Tengo auto, dijo sin mas  ¿Te volveré a ver?, preguntó Adrián, casi sin querer.

Las palabras se escaparon de sus pensamientos, pero los momentos que tenia con esa desconocida siempre eran cómodos.

Ellie con 27 años de edad, carrera en artes y humanidades, dijo presentándose omitiendo su apellido y detalles de su carrera como artista.

Si el destino insiste, nos volveremos a ver, dijo para finalmente marcharse.

Leo la siguió con la mirada hasta que su figura se perdió entre la lluvia.

Soltó un suspiro y volvió a mirar su cuaderno, con una sonrisa sutil lo abrió en una página nueva y escribió: “El silencio tiene forma de mujer.

Una dama elegante, refinada, una diosa inexistente.” “Y huele a café amargo bajo la lluvia.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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