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La música del corazón - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 Confesiones de Madrugada
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16: Confesiones de Madrugada 16: Confesiones de Madrugada Llegué a mi departamento con la sensación de que el suelo flotaba un poco.

No sabía si era el hambre o el efecto secundario de haber compartido un silencio tan cómodo con Kosei mientras sonaba ese acordeón nostálgico en la tienda.

Me quité las zapatillas y las dejé tiradas en la entrada, arrastrando los pies hasta el sofá.

Me dejé caer mirando el techo, todavía con la melodía de Los caminos de la vida dando vueltas en la cabeza.

“No son como yo pensaba…”, tarareé en voz baja, marcando el acento en las vocales como lo haría mi viejo.

La ciudad afuera seguía su ritmo, bocinas lejanas y el murmullo de Buenos Aires que nunca se apaga del todo, pero yo estaba en mi propia burbuja.

De repente, el celular vibró en la mesa ratona con esa insistencia molesta que solo podía significar una cosa: el grupo de WhatsApp había revivido.

La pantalla se iluminó.

Era Zuni.

Y no era un texto, era un audio.

Un audio de casi tres minutos.

Suspiré, pasándome una mano por la cara.

Zuni, con su nacionalidad mexicana intacta a pesar de vivir acá, tenía el don de hablar a mil por hora y, aun así, tardar una eternidad en llegar al punto.

Le di play y me llevé el teléfono a la oreja, preparándome para lo peor.

Zuni — ¡No, no, güey, espérate!

Antes de que me mientes la madre en argentino y me digas “boludo o miau mia con gritos de gato enojado ” quinientas veces, déjame explicarte.

O sea, la neta sí íbamos para la tienda, te lo juro por la virgencita de Guadalupe.

Íbamos con toda la actitud.

Pero es que Rodrigo venía manejando el Maps y ya sabes que este vato se apendeja cuando ve un perro.

Se escuchó un ruido de fondo, como si alguien le hubiera pegado un manotazo al teléfono, y la voz de Rodrigo, lejana y tranquila, interrumpió la grabación.

Rodrigo — Yo no me apendejé, el perro tenía suéter, güey.

Era gracioso.

Zuni — ¡Cállate, déjame contar!

El punto, Nitram, es que nos desviamos para tomarle una foto al pinche perro y luego…

¡el olor!

Olió a carbón, cabrón.

Unas hamburguesas en una parrilla de esas de barrio que no mames, olían a gloria.

Y pues ya estábamos ahí, el hambre es canija, y la neta se nos fue la onda platicando.

Cuando vimos la hora dijimos “verga, el Nitram nos va a matar”.

Pero bueno, ya, perdón.

Mañana sí vamos, te lo juro.

Ah, y Rodrigo dice que chinga tu madre, pero con cariño.

El audio se cortó con una risa escandalosa de Zuni que casi me revienta el tímpano.

Solté una carcajada corta, negando con la cabeza.

Nitram — Qué pedazo de boludo.

No podía enojarme con ellos.

Eran un desastre, sí.

Zuni era el caos personificado y Rodrigo su cómplice silencioso, pero eran mi desastre.

Me quedé pensando en Kosei.

Ella se había reído de la situación hace un rato en la tienda.

Su risa no había sido burlona, sino…

comprensiva.

Como si entendiera perfectamente esa mezcla de caos y buenas intenciones.

Tiene sentido.

Kosei es una mezcla rara.

Tiene esa calma que a veces me recuerda a la gente del interior de Argentina, pausada y dulce, pero luego suelta frases o tiene gestos que son puramente mexicanos, herencia de su madre seguramente.

Es como si hubiera agarrado lo mejor de los dos mundos para crear su propio ritmo.

Decidí escribirle.

Ya no tenía excusas de discos perdidos ni listas falsas.

Mis dedos flotaron sobre el teclado un momento.

Me sentía como un adolescente de quince años calculando cada palabra, y eso que ya había pasado los veinte.

Nitram — Che, Kosei.

Ya tengo la declaración oficial de los culpables.

Acabo de escuchar el audio de la defensa.

La respuesta llegó rápido, mucho más rápido de lo que esperaba.

Me imaginé que quizás ella también estaba en su casa, tal vez con esos audífonos grandes puestos, o escribiendo en ese cuaderno suyo que protegía tanto.

Kosei — ¿Ah sí?

¿Fue el tráfico de la 9 de Julio o una abducción alienígena?

Porque con tus amigos todo es posible.

Nitram — Peor.

Fue un perro con suéter que se parecía a un meme y unas hamburguesas de parrilla que, según Zuni, “olían a gloria”.

Juró por la virgencita que fue un accidente geográfico provocado por el hambre.

Kosei — Jajajaja.

Suena creíble si viene de Zuni.

¿Estaban buenas las hamburguesas al menos?

Es un dato importante para determinar su inocencia.

Nitram — Dicen que sí.

Pero la próxima vez me aseguro de que lleguen al local antes de que se crucen con comida o animales vestidos.

Me quedé mirando la pantalla, mordiéndome el labio.

Quería seguir hablando.

Quería saber qué estaba haciendo, qué pensaba, si la canción de hoy la había dejado tan tocada como a mí.

Nitram — Por cierto…

me quedé pensando en la canción de hoy.

Gracias por mostrármela.

Posta.

Fue un momento lindo.

Kosei — De nada, Nitram.

A veces una cumbia triste es mejor que cualquier balada de rock.

Es…

catártica.

Limpia un poco el ruido.

“Catártica”.

Qué palabra.

Kosei siempre elegía las palabras con una precisión que me desarmaba.

Nitram — Vos tenés una mezcla rara, ¿sabés?

Un día me recomendás Radiohead y al otro Vicentico o cumbia colombiana.

Me desconcertás.

Kosei — Es la ventaja de ser un híbrido.

Mi papá es de acá, fanático del mate amargo y del rock nacional hasta la médula.

Mi mamá era de México, pura alegría, boleros y comida picante.

Crecí escuchando a Charly García y a Juan Gabriel en la misma tarde.

Mi casa era una guerra de parlantes.

Ahí estaba.

La pieza que faltaba en el rompecabezas de Kosei Teki.

Nitram — Con razón.

Eso explica por qué a veces decís “che” con acento porteño y a los dos segundos soltás un “chido” o te sale lo picante.

Kosei — Exacto.

Soy una fusión.

Como un asado con salsa verde.

O un mate con tequila (aunque eso suena asqueroso, por favor no lo intentes).

Me reí solo en la oscuridad de mi cuarto, imaginando la combinación.

Nitram — Suena horrible, te prometo no intentarlo.

Che…

Zuni está insoportable con que quiere “reponer” la fallida de hoy.

Quiere armar algo mañana para compensar.

Dice que van a ir a comer pizza cerca del parque, a la nochecita.

Dudé.

Borré lo que iba a escribir.

Volví a escribir.

Sentí ese nudo en el estómago, el miedo al rechazo, a que pensara que estaba yendo muy rápido sacándola de su zona de confort en la tienda.

Nitram — Sé que es un quilombo salir con ellos, son ruidosos y Zuni no tiene filtro, pero…

si te querés sumar, estás invitada.

Prometo que controlo a Zuni para que no haga escándalo (o lo intento).

Y Rodrigo es tranquilo, él solo come.

El mensaje de “Escribiendo…” de Kosei apareció y desapareció varias veces.

Esos segundos se sintieron eternos.

Mi corazón latía un poco más fuerte, golpeando contra las costillas.

Kosei — Mmm…

Mañana cierro temprano.

Mi papá cubre el turno tarde.

Y la verdad, me debo unas risas después de verlos fallar hoy tan estrepitosamente.

Kosei — Está bien.

Voy.

Pero si Zuni empieza a gritar “¡A huevo!” en medio de la pizzería, finjo demencia y digo que no los conozco.

Nitram — Trato hecho.

Yo también finjo que no los conozco.

Bloqueé el celular y lo dejé en el pecho.

Sentí una corriente eléctrica recorriéndome el cuerpo.

Iba a pasar.

No en la tienda, no detrás de un mostrador seguro rodeados de vinilos.

Iba a pasar en el mundo real, con pizza, ruido y mis amigos desubicados.

Agarré el teléfono una última vez, entré al grupo y mantuve presionado el botón de micrófono.

Nitram — Escuchen bien, par de inadaptados.

Mañana pizza.

Kosei viene.

Zuni, te lo pido por lo que más quieras, comportate un poco, no seas tan animal.

Rodrigo, traé la correa para tu amigo.

Nos vemos a las 8 en la pizzería del parque.

Y ni se les ocurra perderse.

La respuesta de Zuni fue inmediata, solo texto, en mayúsculas sostenidas que casi podía escuchar gritando en mi cabeza: Zuni — ¡A HUEVO!

¡YA CHINGAMOS!

¡PREPAREN LA ALFOMBRA ROJA!

Me acomodé en la cama, cerrando los ojos.

Afuera, Buenos Aires seguía despierta, pero por primera vez en mucho tiempo, sentí que mi propia vida tenía una banda sonora que valía la pena escuchar, una mezcla rara de rock, cumbia y acentos mezclados.

Y mañana, iba a ser en vivo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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