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La nieve que cae en el desierto - Capítulo 102

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102: Capítulo 101: Proyección 102: Capítulo 101: Proyección Ante ella se alzaba la oficina del sultán, bañada por una luz cálida que se filtraba entre las cortinas.

Todo era tan vívido que el corazón de Phineas comenzó a latir con fuerza.

Rápidamente hizo una reverencia.

—¡Me disculpo por interrumpir su trabajo!

—gritó entre nervios y desesperación—.

¡Juro que no sé cómo llegué aquí!

Pero Hakeem, lejos de alterarse, siguió inmerso en su trabajo de oficina, como si no hubiese oído nada.

Phineas volvió a hablarle, pero el sultán no reaccionó.

—¿Hakeem …?

—murmuró, insegura.

Nada.

Él seguía escribiendo, completamente concentrado en los documentos frente a él.

Intrigada, Phineas se acercó al escritorio y se inclinó un poco, tratando de verle mejor el rostro.

La pluma se deslizaba ágil entre sus dedos, y su expresión era la misma de siempre: serena, impenetrable.

—¿Puede oírme?

—insistió, agitando la mano frente a su ojo visible.

Pero él no mostró la menor reacción.

«Al parecer… no puede verme», dedujo.

«¿Acaso me quedé dormida durante el entrenamiento?».

Fue entonces cuando Hakeem dejó de escribir.

Se recostó en el respaldo del sillón y exhaló con frustración.

—Maldición… —murmuró, pasándose una mano por el cabello.

Phineas dio un respingo ante el tono de su voz.

El sultán se inclinó hacia adelante, apoyando los codos sobre el escritorio, y susurró al aire, sin saber que sus palabras caían justo sobre los oídos de la joven: —¿Por qué Phineas?

Ella se quedó petrificada al oír su nombre.

Sintió el corazón golpeándole con fuerza.

Y antes de poder reaccionar, el entorno comenzó a desvanecerse.

Cuando volvió a abrir los ojos, estaba otra vez en el jardín.

Recostada sobre el pasto.

Nubia la observaba de pie frente a ella, con su expresión tranquila, mientras el murmullo del agua del lago llenaba el silencio.

—Has regresado —dijo Nubia suavemente—.

Y al parecer… has visto algo interesante.

Phineas se incorporó rápidamente, sentándose y agarrando a Nubia de sus ropas.

—Por favor… —imploró con nerviosismo—, dime que lo que vi solo fue un sueño.

Nubia, lejos de sobresaltarse, le preguntó con calma: —¿Qué viste exactamente?

Phineas respiró hondo, intentando ordenar sus pensamientos antes de responder.

—Estaba en la oficina del sultán… lo vi trabajando, escribiendo algo.

Intenté hablarle, pero no me escuchó.

Incluso me acerqué y moví la mano frente a su rostro, pero nada… Nubia la escuchó con atención, asintiendo lentamente.

—Lo que experimentaste fue una proyección —explicó —.

Lograste proyectar tu conciencia en otro plano, conectándote con un lugar que realmente existe.

No fue un sueño; lo que viste estaba ocurriendo en ese mismo instante.

Los ojos de Phineas se abrieron de par en par.

—¿Entonces… fue real?

—preguntó, incrédula.

—Sí —afirmó Nubia—.

Todo lo que viste era real.

Tu mente viajó y observó lo que sucedía simultáneamente mientras tu cuerpo seguía aquí, en trance.

Phineas bajó la mirada, su rostro encendido de vergüenza.

—Pero… ¿por qué de todos los lugares posibles terminé allí?

—Probablemente fue por atracción.

Phineas se puso nerviosa.

—¿A… atracción?

—Así es —le explicó Nubia—.

Las energías buscan resonancia, y la tuya encontró la suya.

Es algo natural cuando dos fuerzas están… conectadas.

Phineas suspiró.

«Así que se refería a ese tipo de atracción», pensó aliviada, puesto que temía que pensara algo que no era verdad.

Fue entonces cuando se percató de algo: la experiencia de ahora, en comparación con la que había vivido en el festival, o mismo junto a Hakeem en la fuente, era distinta.

—Nubia, ¿es posible que con mi magia también pueda ver sucesos pasados?

—Así es —respondió la fenhari—.

Con su magia es capaz de ver el presente, el pasado y el futuro… aunque este último…

—¿Este último qué?

Nubia suspiró.

—Le diré lo mismo que le dije al sultán cuando éste usó sus poderes de proyección: nunca intente ver el futuro.

Hacer eso podría llevarla a la locura.

—¿Y eso por qué?

—Porque ante cada decisión que tomamos, por más insignificante que parezca, se abren infinidades de posibilidades, lo que también lleva a que existan demasiados futuros posibles…

Tal vez usted vea un futuro malo, se obsesione con cambiarlo, y tal vez sea esa misma acción la que lleve a ese futuro malo.

¿Me entiende?

—Sí…

eso creo.

Nubia, al notar el cansancio reflejado en el rostro de Phineas, suavizó su tono.

—Creo que por hoy es suficiente —dijo con una sonrisa amable—.

Has avanzado más de lo que imaginas, pero tu mente necesita descansar.

Phineas asintió, aún algo temblorosa por la experiencia.

—Sí…

tienes razón.

—Si me permites un consejo —añadió Nubia mientras se ponía de pie—, deberías pasar por la biblioteca.

Allí hay antiguos escritos sobre magia que podrían ayudarte a comprender mejor lo que eres capaz de hacer.

Los ojos de Phineas se iluminaron con entusiasmo.

—Iré.

Últimamente no hago más que entrenar y leer, pero si quiero volverme alguien independiente, debo aprender todo lo que pueda.

Nubia la observó con orgullo.

—Eso me agrada.

Entonces, ¿qué harás ahora?

—preguntó con curiosidad.

Phineas pensó unos segundos antes de responder: —Probablemente iré a ver al sultán.

Mientras decía esas palabras, una inquietud se apoderó de ella.

En su mente resonaban aún las palabras que había escuchado en la oficina, cuando lo vio durante la proyección.

«¿Por qué Phineas?» ¿Acaso había hecho algo que lo molestó?

Apretó el puño, intentando acallar los pensamientos de temor e inseguridad que la invadían.

Nubia notó su ensimismamiento.

—¿Necesita que la escolte hasta allí?

Phineas negó con la cabeza.

—No será necesario, Nubia.

Prefiero ir sola —dijo con una sonrisa suave, aunque en su interior aún persistía la inquietud.

—Como desee —respondió la fenhari inclinándose con respeto—.

La esperaré en su habitación.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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