La nieve que cae en el desierto - Capítulo 107
- Inicio
- Todas las novelas
- La nieve que cae en el desierto
- Capítulo 107 - 107 Capítulo 106 Fue una linda ilusión
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
107: Capítulo 106: Fue una linda ilusión 107: Capítulo 106: Fue una linda ilusión El día finalizó tal como Phineas lo recordaba.
Cenaron todos juntos en el gran comedor, bajo la luz cálida de los candelabros y el suave murmullo de las conversaciones.
Sus hermanos reían, Nora intentaba mantener una postura formal aunque sus modales campesinos lo traicionaban, y la familia de este contaba anécdotas mientras las copas tintineaban.
Todo se sentía tan real, tan familiar.
El aroma de la comida, el sonido de los cubiertos contra la porcelana, las risas… todo era exactamente como había sido aquella primavera.
Por momentos, Phineas olvidaba que estaba dentro de una ilusión.
Olvidaba el peso del pasado, el dolor, la tristeza.
Por un instante, simplemente existía.
Al final de la noche, cuando la cena terminó, se levantó para despedirse.
Se inclinó sobre Lars y le dio un suave beso en la mejilla, luego hizo lo mismo con Caesar, quien fingió una mueca de fastidio que no logró ocultar su sonrisa.
—Buenas noches, hermanos —dijo con dulzura.
Ambos respondieron al unísono, y Phineas rió al escucharlos.
Después, al mirar hacia Nora, se detuvo un momento.
—Nora —dijo suavemente—, ¿podrías escoltarme a mi habitación?
El joven se irguió, sorprendido, mientras Caesar y Lars lo miraban con cierto recelo que no pasó desapercibido para ella.
—¿Yo, princesa?
—preguntó, casi dudando de haber escuchado bien.
Ella asintió.
—Sí, por favor.
Nora tragó saliva y, con una leve reverencia, accedió.
Caminó junto a ella por los pasillos en silencio.
Al llegar a la puerta de la recámara, hizo otra reverencia para despedirse.
—Descanse bien, princesa.
Pero antes de que pudiera apartarse, Phineas lo tomó del brazo.
Nora se quedó inmóvil.
—¿Qué… qué hace, princesa?
—balbuceó, intentando mantener la compostura.
Ella lo miró directamente a los ojos.
Su voz tembló apenas al hablar.
—Eres muy importante para mí, Nora.
El joven la miró sorprendido, y su expresión se suavizó.
—Y usted también lo es para mí, princesa —respondió con sinceridad.
Ambos se sonrieron.
Un silencio breve y cálido los envolvió antes de que él se apartara lentamente.
—Dulces sueños, princesa.
—Dulces sueños, Nora.
Phineas entró en la habitación y cerró la puerta con suavidad.
El silencio volvió, solo acompañado por el canto lejano de los grillos.
Se recostó sobre la cama, hundiéndose entre las sábanas blancas.
Ya no sintió miedo, solo un vacío profundo.
Cerró los ojos, dejando que la oscuridad la envolviera.
Y cuando los volvió a abrir… todo había cambiado.
Ya no estaba en la finca de Nora.
Las risas, los campos, la luz cálida del atardecer… todo había desaparecido.
Ahora se encontraba en una habitación cuya decoración sin dudas pertenecía a Ak’tenas.
La tenue luz de una lámpara de aceite iluminaba el espacio, y junto a la cama, sentado en una silla, estaba Hakeem sin su parche.
Su rostro mostraba agotamiento, y su ojo izquierdo ya no emitía su resplandor dorado.
—Perdón —dijo él en voz baja, con un dejo de culpa—.
Sumergirte en esa ilusión fue lo único que se me ocurrió para sacarte de tu ataque de pánico.
Phineas lo miró por un momento, en silencio, antes de girarse hacia el otro lado, dándole la espalda.
No quería que viera la expresión que aún teñía su rostro.
—Descuida… —susurró, cerrando los ojos—.
Fue una linda ilusión.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com