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La nieve que cae en el desierto - Capítulo 12

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  4. Capítulo 12 - 12 Capítulo 11 Obligarse a ser fuerte
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12: Capítulo 11: Obligarse a ser fuerte 12: Capítulo 11: Obligarse a ser fuerte Pasó un tiempo hasta que Phineas sintió su garganta seca al tragar.

Su cuerpo dolía, y sus extremidades se sentían pesadas.

Al incorporarse con dificultad, miró a su alrededor.

El lugar era amplio y oscuro, con estanterías llenas de cajas y barriles de diferentes tamaños.

El aire olía a madera especiada.

—Veo que despertaste —dijo Lars sentado en un rincón, donde afilaba una daga con expresión seria.

Phineas parpadeó, aún desorientada.

—¿Qué sucedió?

—preguntó, llevándose una mano a la sien.

—Bueno, logramos escapar del palacio —respondió con calma, sin apartar la vista de su tarea—.

Pero aún nos queda un tramo más para huir del imperio.

—¿Huir?

¿Dejar Dorean?

—Así es, hermana —Lars dejó la daga a un lado y la miró fijamente—.

Ya no podemos quedarnos aquí.

No ahora que Caesar ha perdido la razón.

Él quiere ejecutarte por la muerte de nuestro padre.

—Tiene que haber un error…

—aseguró con incredulidad—.

Caesar no sería capaz…

Lars apretó los puños y golpeó la mesa más cercana con furia.

—¡Reacciona, hermana!

—Su voz resonó en el almacén, cargada de frustración—.

¡Caesar ya no es el mismo!

—No…

—Sé que duele aceptarlo.

Pero si nos quedamos, moriremos.

Y yo no voy a permitir que eso pase.

Phineas bajó la mirada, sintiendo cómo el mundo que conocía se desmoronaba a su alrededor.

—¿Cuál es el plan?

Lars se acercó con la daga en mano, el filo reflejando la tenue luz del lugar.

—Posiblemente no te guste este plan, pero es lo único que tenemos —dijo con seriedad—.

El objetivo es exiliarse en Azhara, pero para eso vamos a necesitar tu cabello.

—¿Mi cabello?

—repitió ella, llevando instintivamente las manos a su melena extensa y alborotada.

Lars asintió.

—Tu color de cabello es único, te identificarían con facilidad.

El plan es cortártelo para que Marla pueda hacer una peluca y usarla.

Ambas comparten una contextura corporal similar, así que ella se hará pasar por ti mientras tú escapas.

Phineas frunció el ceño.

Algo en aquel plan no encajaba.

—Espera un momento…

—lo miró con desconfianza—.

Dijiste “tú escapas”, no “nosotros”.

Lars evitó su mirada por un segundo, pero luego suspiró y se cruzó de brazos.

—Hermana…

—¡No me gusta ese plan, hermano!

—exclamó—.

¡No podemos dejar sola a Marla contra un ejército que me busca!

—Lo sé —Lars apretó los labios y luego la miró con decisión—.

Por eso, yo mismo la escoltaré.

Así será más creíble la idea de que ella eres tú.

Para Phineas, todo aquello le resultaba injusto.

Si algo salía mal, Lars y Marla estarían en peligro mortal…

y todo por protegerla a ella.

Lars tomó la mano de Phineas y la apretó con suavidad.

—Te lo juro, hermana.

Marla y yo estaremos bien.

Haré todo lo posible para reencontrarnos en Azhara.

Incluso Nora está al tanto del plan…

—hizo una pausa, midiendo sus palabras—.

Él también prometió ir hasta allí.

Ella apretó los labios.

No podía resistirse.

No tenía un mejor plan, ni otra salida.

Solo podía confiar en Lars…

y en Nora.

Con resignación, suspiró y colocó una mano sobre la daga que él sostenía.

—Adelante —dijo en voz baja—.

Córtame el cabello.

Lars asintió.

Con movimientos cuidadosos, acomodó el cabello de su hermana hacia atrás y lo ató con un lazo firme.

Luego, con un corte limpio y preciso, la daga hizo su trabajo.

El peso de su melena desapareció en un instante.

Phineas sintió un escalofrío detrás del cuello.

Instintivamente, llevó las manos a su cabeza.

Sus dedos tocaron mechones mucho más cortos y desprolijos.

Quiso llorar.

Pero se contuvo.

Se repitió a sí misma que su cabello no era nada en comparación con la vida de sus seres queridos.

Sin embargo, cuando recorrió los mechones que aún le quedaban, la nostalgia la atravesó.

Aquella larga melena, que solía llegar hasta la cintura y con la que siempre experimentaba nuevos peinados, ahora apenas le cubría el cuello.

Lars recogió la coleta de cabello recién cortado y lo sostuvo con cuidado.

—Se lo llevaré a Marla —dijo, guardándolo en una bolsa de tela—.

Hará la peluca lo más rápido posible.

Luego señaló la mesa, donde un plato de comida humeaba tenuemente.

—Come lo que puedas.

Necesitas recuperar fuerzas para el escape.

Phineas asintió y se levantó con dificultad de la cama.

Sus piernas, aún débiles, vacilaron por un momento, pero logró llegar hasta la mesa.

Se sentó y observó el plato: una sopa de carne y papas.

Su estómago se revolvió con la simple visión de la comida, pero la calidez del aroma despertó algo en su memoria.

Marla siempre le hacía aquella sopa cuando estaba enferma.

Tomó la cuchara y, con lentitud, llevó un poco de caldo a su boca.

Su cuerpo, desacostumbrado a la comida, intentó rechazarlo.

La náusea amenazó con dominarla, pero se obligó a tragar.

No podía seguir así.

Tenía que recuperar energía.

Así, bocado a bocado, logró terminar la sopa.

Los días pasaron y, poco a poco, su vitalidad fue regresando.

Su piel recuperó algo de color, aunque su cuerpo aún lucía frágil.

No había tiempo para esperar más.

La búsqueda dentro del Imperio se había intensificado, y no podían darse el lujo de seguir aplazando el escape.

Aquella noche, Phineas se vistió con ropas azharianas.

Un haik blanco de algodón que cubría su cuerpo por completo, ocultando su figura y su cabello recién cortado.

Solo sus ojos quedaban visibles entre los pliegues de la tela.

Marla, en cambio, se colocó uno de los vestidos de seda y encaje de Phineas.

Su cabello, ahora cubierto por la peluca confeccionada con los mechones de la princesa, ondeaba con cada movimiento.

El plan estaba en marcha.

Lars se aseguró de que el haik estuviera bien ajustado sobre Phineas antes de hablar: —Escucha bien, hermana.

Solo tenemos una oportunidad, así que no puedes titubear.

Phineas asintió.

—El comerciante azhariano al que contactamos ya está esperando con su caravana.

—Lars se giró hacia la puerta y la entreabrió, vigilando el exterior—.

Le pagamos lo suficiente como para que mantenga la boca cerrada.

Para todos los que pregunten, serás su esposa.

Mientras tanto, Marla y yo iremos en otra carroza, un poco más atrás.

El vestido y la peluca harán que parezca que ella es tú.

Cuando lleguemos a la frontera, atraeré la atención de los guardias para que no presten atención a tu caravana.

En ese momento, el comerciante te ayudará a huir.

Phineas tomó aire profundamente, tratando de controlar sus nervios.

—¿Y qué pasará con ustedes?

—Nos aseguraremos de que los guardias crean que Phineas Enoch Valentine aún sigue en el Imperio.

Les daremos una pista falsa sobre nuestra ruta para que nos persigan en dirección contraria.

Todo dependía de que cada parte del plan saliera a la perfección.

Si algo fallaba, si los descubrían, no habría una segunda oportunidad.

—Cuando lleguen a Azhara, sigue la ruta que el comerciante te indique.

Porque allí te estará esperando mi contacto.

Él cuidará de ti hasta que nos reunamos de nuevo.

Lars la abrazó con fuerza, enterrando su rostro en el cuello.

—Confía en mí, Phineas.

Todo saldrá bien.

Ella correspondió al abrazo.

No importaba cuánto miedo sintiera, debía seguir adelante.

Y eso haría.

Antes de despedirse, Lars le regaló una daga, aquella fue su forma de decirle “haz lo que tengas que hacer para sobrevivir”.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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