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La nieve que cae en el desierto - Capítulo 120

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  4. Capítulo 120 - 120 Capítulo 119 Mi lugar especial
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120: Capítulo 119: Mi lugar especial 120: Capítulo 119: Mi lugar especial Los establos los recibieron con una brisa fresca y un aire cargado de olores terrenales: estiércol, cuero curtido y heno seco.

Phineas esperaba encontrar camellos descansando en los corrales, como era habitual en los reinos desérticos, pero en cambio vio que Hakeem se dirigía directamente hacia un caballo de pelaje oscuro, Azabache, que relinchó suavemente al reconocerlo.

—¿Un caballo?

—preguntó sorprendida—.

Creí que aquí solo usaban camellos.

Hakeem sonrió con cierto orgullo mientras aflojaba las riendas.

—Solo para viajes largos en el desierto —explicó—.

Pero para pasear por el reino, los caballos son más rápidos.

Luego tomó un manto ligero de color arena y cubrió con él la cabeza y los hombros de Phineas, asegurándose de que quedara protegida tanto del viento como del sol.

Después, la alzó con facilidad y la sentó frente a él, acomodándola bien antes de subir detrás y tomar las riendas.

—Agárrate fuerte —le susurró suavemente al oído.

Ella, avergonzada, lo hizo, apoyando sus manos en el antebrazo de él, todavía tensa por todo lo ocurrido.

Hakeem espoleó al caballo, y la montura arrancó con un movimiento suave.

No tardaron mucho en abandonar el palacio a través de un acceso lateral que solo pocos sabían que existía.

El recorrido fue breve, serpenteando entre formaciones rocosas y caminos que parecían conocidos solo por él.

El aire se volvía más fresco a medida que ascendían, hasta que finalmente llegaron a la cima de una elevación rocosa.

Phineas contuvo el aliento.

Desde allí, Ak’tenas se extendía como un tapiz inmenso bajo el atardecer: un mar de estructuras blancas y arenas doradas, jardines verdes que parecían oasis entre los templos, y al centro, el palacio iluminado por el sol como una joya gigantesca.

—Es…

enorme —susurró, incapaz de apartar los ojos de la vista—.

Mucho más de lo que imaginaba.

Hakeem se inclinó un poco hacia ella, hablando suavemente a su oído.

—Bienvenida a mi lugar especial —dijo—.

Nadie suele venir aquí.

Desde este sitio, el reino deja de sentirse tan pequeño ¿verdad?

—Sí… —respondió—.

Tienes razón.

Hakeem se quedó observándola en silencio.

La brisa movía los mechones sueltos de su cabello, y cuando ella volteó apenas el rostro, sus miradas se cruzaron.

Fue un encuentro breve, pero intenso, y algo en su expresión lo obligó a hablar.

—Phineas…estoy preocupado por ti.

Ella no se esperaba aquellas palabras.

—¿Por mí?

Hakeem asintió, acercándose un poco más, pero no lo suficiente como para incomodarla.

—Ayer tuviste un episodio extraño… y hoy volviste a perderte por un momento.

No sé qué te está pasando y… —tragó saliva, buscando las palabras— me desconcierta no poder ayudarte si no entiendo qué está ocurriendo.

Necesito que me lo digas.

Ayúdame a comprenderte.

El rostro de Phineas se tensó.

Bajó la mirada, dejando que sus manos se entrelazaran sobre su regazo.

Durante unos segundos debatió consigo misma si contarle o no todas las cosas extrañas que había experimentado en los últimos días.

No era por miedo a que no le creyera, porque él ya estaba familiarizado con todo lo relacionado a la magia, sino más bien por temor a convertirse en una carga, en ser una espina que solo le causara molestias.

Alzó la vista para decirle que estaba todo bien, pero al encontrarse con sus ojos cambió de parecer.

En ellos había una preocupación tan real, que le opacaba la mirada.

Era alguien que genuinamente temía por su bienestar.

—Es…

algo complejo.

Pero intentaré explicártelo —añadió por fin.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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