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La nieve que cae en el desierto - Capítulo 122

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Capítulo 122: Capítulo 121: Dentro de un recuerdo

El paisaje a su alrededor comenzó a diluirse. La presencia de Phineas lo envolvió como una marea cálida y fragmentada. Sensaciones, emociones y recuerdos se abrieron paso ante él, superponiéndose unos a otros sin orden aparente. Él avanzó con cuidado, siguiendo el hilo que ella le había permitido tocar, apartando imágenes que no le correspondían.

Hasta que algo lo detuvo.

Un recuerdo brillaba con una nitidez distinta, como si pudiera ser visto.

Hakeem se adentró en él.

La escena se desplegó ante sus sentidos: un salón vasto y majestuoso, iluminado por innumerables candelabros. El sonido de la música llenaba el aire, acompañado por risas y murmullos elegantes de la nobleza. Era un baile de gala, fastuoso, celebrado en el palacio de Dorean.

Vestidos lujosos, joyas que reflejaban la luz como estrellas. Y entre todos ellos, Phineas, con un aspecto más joven, resaltando entre la multitud.

Hakeem avanzó entre las figuras como si el salón no le opusiera resistencia, hasta quedar frente a ella.

—Te encontré —dijo con tono divertido.

Phineas dio un pequeño respingo, claramente sorprendida al verlo allí. Sus ojos se abrieron con desconcierto mientras miraba alrededor, como si recién entonces tomara conciencia del lugar.

—¿Dónde estamos? —preguntó, bajando un poco la voz.

Hakeem ladeó la cabeza.

—Eso deberías preguntártelo tú —respondió—. Este recuerdo es tuyo.

Ella frunció el ceño, observando el salón con más atención. Recorrió con la mirada los candelabros, las mesas cubiertas de seda, a los invitados que conversaban animadamente… y de pronto se quedó inmóvil.

—Ya recuerdo —murmuró—. Estamos en la fiesta de compromiso del duque Harmor.

La expresión de Phineas cambió de inmediato. Llevó ambas manos al rostro, cubriéndose como si quisiera esconderse del mundo. El gesto fue tan abrupto que Hakeem dio un paso hacia ella, alarmado.

—¿Qué sucede? —preguntó.

Phineas bajó lentamente las manos del rostro, todavía evitando mirarlo.

—Es… un recuerdo que había olvidado —confesó en voz baja—. O que preferí olvidar.

Respiró hondo, como si reunir valor le costara más de lo esperado.

—Fue mi primer baile. Estaba nerviosa, no sabía qué hacer… y terminé tropezándome. Un sirviente iba pasando justo detrás de mí y… —hizo un gesto vago con la mano— su bandeja de copas salió volando. Todo el mundo quedó empapado.

Hakeem se quedó en silencio un segundo… y luego no pudo evitarlo. Una risa breve escapó de sus labios.

—¡Oye! —exclamó Phineas de inmediato, mortificada—. ¡No te rías de las desgracias ajenas!

Él se llevó una mano a la boca, intentando contenerse, pero sus hombros se sacudieron un instante más antes de lograr serenarse.

—Lo siento —dijo al fin, todavía con una sonrisa en el rostro—. No suelo modificar los recuerdos a los que entro… pero creo que esta vez haré una excepción.

Extendió la mano hacia ella, con un gesto firme y decidido.

Phineas lo miró, confundida. Dudó apenas un segundo y luego tomó su mano. En cuanto lo hizo, el salón pareció reaccionar a ese contacto. La música se elevó, las figuras a su alrededor se desplazaron, y en un parpadeo ella fue arrastrada suavemente hacia la pista de baile.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó, desorientada, mientras intentaba seguirle el paso.

Hakeem se volvió hacia ella, con una expresión serena.

—Voy a hacer que el recuerdo de tu primer baile sea inolvidable —dijo, guiándola con seguridad.

La música los envolvió con suavidad y ambos comenzaron a danzar, siguiendo un ritmo que parecía guiarse solo. Hakeem la sostuvo con firmeza, marcando los pasos con una naturalidad que sorprendió incluso a Phineas. A cada giro, a cada movimiento, algo en él empezó a cambiar: sus facciones se suavizaron, su cuerpo se volvió más joven, y el tiempo pareció retroceder a su alrededor hasta colocarlo casi a su misma altura, a su misma edad.

Phineas lo observó con atención, sin dejar de moverse.

—Es… extraño verte así —comentó —. Sin tu cabello largo y tus ojos de un mismo color.

Alzó la vista hacia él, con una sonrisa sincera.

—Pero aun así… sigues siendo guapo.

El paso de Hakeem se cortó de golpe. Se detuvo en medio de la pista y llevó una mano al rostro, cubriéndose parte de él como si necesitara ocultarse del mundo.

—N-no digas esas cosas —murmuró, con la voz y el semblante teñidos de una vergüenza poco habitual en él.

Phineas dejó escapar una pequeña risita, ligera, contagiosa. Antes de que él pudiera recomponerse, volvió a sujetarlo y lo hizo girar con ella en medio de la pista, arrastrándolo de nuevo al ritmo de la música.

Hakeem perdió el aliento por un instante. No por el movimiento, sino por su sonrisa. Por la forma en que sus ojos brillaban bajo la luz de los candelabros, libres de miedo. Y mientras giraban, con el mundo reducido a ese salón y a esa música, él se sorprendió deseando algo imposible: que aquel recuerdo no terminara nunca. Pero el deseo se quebró tan rápido como había nacido.

Hakeem soltó las manos de Phineas de forma abrupta.

Ella dio un paso hacia atrás, desorientada, y chocó de lleno contra un sirviente que pasaba justo detrás. La bandeja que llevaba se elevó en el aire y, un segundo después, las copas cayeron, derramando su contenido sobre los invitados más cercanos. Un murmullo sobresaltado recorrió el salón.

—Perdón —dijo Hakeem de inmediato, con el gesto endurecido—, pero siento que es muy importante que el recuerdo suceda tal y como fue.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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