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La nieve que cae en el desierto - Capítulo 14

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  4. Capítulo 14 - 14 Capítulo 13 Intervención divina
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14: Capítulo 13: Intervención divina 14: Capítulo 13: Intervención divina La nieve continuaba cayendo, formando un manto blanco que comenzaba a cubrirla como si intentara consolar su sufrimiento.

Aksha giró en el aire y descendió en un vuelo ligero, planeando más cerca, observándola con detenimiento.

—Qué testaruda —musitó, aunque su voz quedó ahogada por el aleteo de sus alas.

Fue entonces cuando lo oyó.

El galope de los caballos.

Los bandidos habían regresado.

Tres jinetes rodearon a la princesa en cuestión de segundos, como lobos cerrando el cerco sobre una presa.

Uno de ellos desmontó, su bota hundiéndose con firmeza en arena humedecida por la nieve, y se acercó a ella con aire despreocupado —Veamos qué hay debajo de este haik —murmuró con una sonrisa perversa.

Sus manos callosas aferraron el tejido y, de un solo tirón, se lo arrancaron.

El viento sopló con fuerza en ese instante, como si el desierto mismo protestara.

El rostro de Phineas quedó expuesto bajo la luz de la luna y el fuego de las antorchas.

El silencio se apoderó del grupo.

Aksha también la contempló.

No con el deseo codicioso de los hombres que la rodeaban, sino con una extraña fascinación.

Había algo en ella que le era familiar.

Su piel, ahora visiblemente frágil por la pérdida de peso, tenía un resplandor frío bajo la luz nocturna.

Su cabello, corto y desordenado, mantenía ese color encendido que parecía arder incluso en la penumbra.

Pero fueron sus ojos los que atraparon toda la atención, aquellos ojos color verde marino, se asemejaban a un oasis.

—Vaya, vaya… —susurró el bandido, deslizando el pulgar por su mejilla—.

Tenemos a toda una belleza aquí.

Uno de los jinetes escupió al suelo.

—¿La matamos?

El hombre que la sostenía negó con la cabeza, sonriendo.

—Sería un desperdicio.

Las mujeres como ella se venden por buen precio.

Pero antes… —Éste la tiró al suelo y comenzó a desgarrarle la ropa—.

¿Por qué no inspeccionamos su cuerpo?

Ella no se resistió, después de todo, su mente había colapsado bajo el peso del trauma y el agotamiento, convertida en un cascarón vacío.

Mientras su cuerpo desnudo quedaba expuesto ante la Mirada depredadora de los bandidos, sus pensamientos impuros y perversos, eran captados por Aksha, quien observaba todo.

No había intervenido cuando la joven empuñó la daga y la hundió en la carne del bandido.

No lo hizo cuando huyó a través de la nieve con los pies sangrantes.

No cuando su cuerpo se rindió ante el agotamiento.

Pero ahora, mientras aquellos mortales imaginaban las atrocidades que cometerían contra ella, tratándola como un simple objeto para su placer carnal…Ahora sí, sintió la necesidad de intervenir.

El viento cambió.

Fue apenas un murmullo en el aire, un suspiro que se filtró entre los copos de nieve.

Luego, la tierra tembló.

La arena se alzó en una corriente invisible, serpenteando entre los cuerpos y los caballos.

Aksha, aún en su forma de alondra, extendió las alas.

La tormenta nació de la nada.

El viento rugió con furia, levantando la arena como si el desierto despertara con hambre.

Los caballos relincharon de terror.

Se alzaron sobre sus patas traseras, deshaciéndose de sus jinetes, y luego huyeron como sombras difusas en la neblina dorada.

Los bandidos gritaron, maldijeron.

Intentaron retomar el control, pero la tormenta era implacable.

Uno tras otro, corrieron tras sus monturas, alejándose.

En cuestión de minutos, todo quedó en silencio.

Y La nieve seguío cayendo suavemente, indiferente a lo que había sucedido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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