La nieve que cae en el desierto - Capítulo 20
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- Capítulo 20 - 20 Capítulo 19 El sultán de Ak’Tenas
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20: Capítulo 19: El sultán de Ak’Tenas 20: Capítulo 19: El sultán de Ak’Tenas Phineas quedó paralizada al escuchar aquella voz grave, cargada de un acento que no lograba reconocer.
Sus ojos se abrieron un poco más, intentando enfocarse mejor en él.
—¿Quién…?
—Su voz sonó áspera, seca, como si llevara días sin hablar.
El hombre se incorporó lentamente en su asiento, apoyando un antebrazo en el reposabrazos y observándola con calma.
—Soy el Sultán Hakeem Primero —dijo con una media sonrisa—.
Nos conocimos hace muchos años, aunque dudo que lo recuerde.
Phineas entrecerró los ojos, buscando en su memoria.
El nombre le resultaba familiar, pero su mente aún estaba nublada.
—¿Dónde…
estoy?
—logró preguntar.
—En Ak’Tenas.
Este es mi palacio —respondió él, cruzando una pierna sobre la otra—.
Fue encontrada en el desierto y ahora la estoy cuidando.
Phineas sintió que la cabeza le daba vueltas.
Recordaba algunas de las situaciones que vivió en el desierto.
Recordaba el ataque de los bandidos, pero luego todo se volvía confuso.
Siguió hurgando en su memoria hasta que una imagen apareció.
Un niño.
Intentó moverse, pero su cuerpo aún estaba débil.
—Descanse, Princesa —le sugirió Hakeem—.
Ha estado en un estado crítico por días, necesita recuperar fuerzas.
Phineas apretó los labios.
Sentía una mezcla de confusión y desconfianza.
—¿Por qué…
usted me está ayudando?
—preguntó con esfuerzo.
Hakeem la observó por un instante, luego se inclinó un poco hacia ella.
—Porque a alguien a quien conozco le interesa su supervivencia…
y porque, aunque no me recuerde, usted y yo compartimos un pasado.
Sus palabras la inquietaron aún más.
No sabía si debía sentirse aliviada o temer aún más por su destino.
Hakeem se apartó de ella y caminó hacia la puerta.
Con un movimiento firme, la abrió de par en par, dejando entrar un torrente de luz desde el pasillo.
Afuera, un pequeño grupo de personas aguardaba en silencio.
Hakeem les hizo un gesto con la mano y dos jóvenes idénticas dieron un paso adelante, adentrándose en la habitación con gracia.
—Se las presento, Su Alteza —anunció Hakeem, con su tono sereno y firme—.
Ellas son Priya y Prima, sus doncellas personales.
Phineas las observó con asombro.
No solo eran idénticas, sino que parecían compartir su misma edad.
Sus rostros delicados y expresivos reflejaban educación y disciplina, pero también cierta calidez.
Las jóvenes hicieron una reverencia en perfecta sincronía y, con voces melodiosas, hablaron al unísono: —Será un honor servirle, princesa.
Phineas aún no reaccionaba cuando ambas se colocaron a cada lado de la cama, como si ya supieran cuál sería su posición.
Antes de que pudiera decir algo, otra persona entró en la habitación.
Su sola presencia hizo que Phineas sintiera un escalofrío, aunque estaba segura de que nunca lo había visto antes.
—Él es Kou —dijo Hakeem, señalándolo con la cabeza—.
Será su guardaespaldas.
El joven inclinó la cabeza en una leve reverencia, pero su expresión permaneció impasible.
Phineas lo estudió con detenimiento.
Sus ojos rasgados, oscuros como la noche, junto con su cabello igualmente negro, amarrado en una coleta corta y su piel pálida, le resultaban extrañamente familiares.
Algo en su porte, en la forma de su rostro y su expresión estoica, le recordó a alguien.
¿Provendrá del mismo país que Hui Wei?, se preguntó, sintiendo incomodidad ante su presencia.
—La protegeré con mi vida si es necesario, princesa —dijo el joven espadachín.
Aquellas palabras le brindaron cierto alivio.
Al menos, esta vez, no tendría que lidiar con alguien que la fastidiara a cada momento.
Con ese pensamiento en mente, le dedicó una pequeña sonrisa de cortesía.
—Muy bien —intervino Hakeem, atrayendo la atención de todos—.
Hechas las presentaciones, yo me retiraré por el momento.
Phineas desvió la mirada hacia él justo cuando se giraba hacia la puerta.
—Pero tenga en cuenta que volveré a visitarla —añadió antes de salir.
Ella se quedó observando la puerta cerrarse tras Hakeem, sus palabras aún resonando en su mente.
“Volveré a visitarla.” Frunció levemente el ceño.
No estaba segura de cómo sentirse al respecto.
Había algo inquietante en él, pero no en un sentido amenazante.
Más bien, era una sensación de familiaridad borrosa, como si su mente estuviera forcejeando por recordar algo importante.
“¿De dónde lo conozco?” Cerró los ojos por un instante, intentando atrapar la imagen enredada en su memoria.
No le era completamente desconocido, pero al mismo tiempo, no lograba ubicarlo en un recuerdo claro.
Suspiró, volviendo a abrir los ojos.
Su mirada se posó en Priya y Prima, que permanecían en su sitio, observándola con paciencia.
—No tienen que quedarse ahí paradas —murmuró.
Las gemelas intercambiaron una mirada y sonrieron.
—Como desee, princesa —respondieron al unísono.
Phineas sintió un pequeño nudo en el estómago.
«Princesa…»
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