La nieve que cae en el desierto - Capítulo 27
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27: Capítulo 26: Planificación 27: Capítulo 26: Planificación El escondite estaba sumido en penumbra, iluminado apenas por la tenue luz de un farol de queroseno.
Era un viejo sótano bajo una casa abandonada, un refugio olvidado entre los callejones de Dorean.
Lars se encontraba sentado sobre una caja de madera, cambiando las vendas de su brazo.
Marla, de pie junto a la entrada, espiaba por una rendija en la pared, asegurándose de que nadie los hubiese seguido.
El recuerdo de la persecución aún ardía en su mente.
Habían huido por las calles adoquinadas, esquivando patrullas.
En un momento, casi los atrapan en una plaza abarrotada, pero Marla, rápida de reflejos, había distraído a los guardias derribando un puesto de frutas y a la vez deshaciéndose de la peluca, dándoles la oportunidad de perderse entre la multitud.
Finalmente, tras horas de correr y ocultarse, habían logrado llegar hasta ese refugio, un lugar que Nora les había indicado anteriormente.
Respiró hondo, tratando de calmar su ansiedad.
Estaban a salvo… por ahora.
—No podemos quedarnos aquí mucho tiempo —dijo Marla en voz baja, sin apartar la vista de la rendija—.
Seguirán buscándonos.
Lars asintió.
Sabía que tenían que moverse pronto, pero había algo más urgente.
—Nora está en las mazmorras del palacio —soltó de golpe.
Marla giró la cabeza bruscamente.
—¿Cómo lo sabes?
—Intercepté a un soldado mientras nos ocultábamos en los túneles —explicó—.
Hablaban de un caballero capturado, alguien leal a mi familia.
No puede ser otro más que él.
Un silencio pesado se instaló entre ellos.
Marla cerró los ojos por un instante y suspiró.
—Si es cierto… entonces está condenado.
El príncipe Caesar no tendrá piedad con él.
Lars apretó los puños.
—Entonces debemos sacarlo de ahí.
Marla lo miró con seriedad.
—¿Tienes un plan?
Él tragó saliva.
No, aún no tenía uno.
Pero eso no le importaba.
Haría lo que fuera necesario para salvar a su amigo.
—Lo tendré.
La determinación en su voz hizo que Marla se quedara en silencio por un momento.
Finalmente, habló.
—Entonces será mejor que empecemos.
Sin perder más tiempo, ambos se sumergieron en la penumbra del escondite, preparando lo que sería su misión más arriesgada hasta el momento.
Lars se inclinó sobre una mesa de madera, extendiendo un mapa rudimentario del palacio que había conseguido antes de escapar de allí.
—Voy a entrar por la noche, cuando haya menos movimiento.
Pero para eso, necesito parecer uno de ellos.
Marla cruzó los brazos.
—¿Y cómo piensas hacerlo?
No puedes presentarte con ese cabello cobrizo y esperar que nadie lo note.
—Por eso me lo teñiré —dijo él con determinación.
—¿Negro?
—Negro.
—El color del pelo es lo de menos.
¿Qué harás con tus ojos?
Lars se quedó en silencio un momento.
No necesitaba un espejo para saber a qué se refería.
Sus ojos, de un tono entre verde y azul, eran un rasgo único en la familia real.
Algo imposible de ocultar durante el día.
—Por eso elegí escabullirme de noche —respondió—.
La oscuridad jugará a mi favor.
El plan era simple en teoría, pero peligroso en la práctica.
Con un tinte improvisado a base de carbón y hierbas, Marla le ayudó a oscurecer su cabello hasta que no quedara rastro de su color original.
Lars observó su reflejo en un espejo agrietado; el cambio era sorprendente.
Su rostro parecía más afilado en la penumbra, su expresión más dura.
—Aún necesitas un uniforme —dijo Marla, lavándose las manos del tinte—.
¿Cómo piensas conseguirlo?
Lars tomó una daga y la hizo girar entre sus dedos.
—Esperaré a que un guardia se aleje lo suficiente de los demás… y se lo pediré amablemente.
Marla bufó.
—Sí, claro.
Muy amable de tu parte.
Él le sonrió, pero la verdad era que no le gustaba la idea de atacar a alguien por la espalda.
Aun así, no tenía opción.
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