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La nieve que cae en el desierto - Capítulo 28

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28: Capítulo 27: Camuflaje 28: Capítulo 27: Camuflaje Cuando la noche cayó sobre las calles de Dorean, se escabulló entre las sombras, moviéndose con sigilo por los callejones cercanos al palacio.

Sabía que los guardias hacían rondas cada cierto tiempo, y solo tenía que esperar el momento adecuado.

No pasó mucho antes de que uno de ellos se separara del grupo, caminando hacia un rincón apartado para descansar unos minutos.

Aprovechó la oportunidad.

Se deslizó detrás de él con sigilo, golpeándolo con precisión en la nuca para noquearlo sin hacer ruido.

El guardia cayó seco al suelo, inconsciente.

—Lo siento —susurró mientras le quitaba la armadura y la capa.

Vestido con el uniforme, se ajustó el casco sobre su cabeza y respiró hondo.

—Ahora viene la parte difícil.

Se incorporó con la postura firme de un soldado y se dirigió a la entrada trasera del palacio.

Si jugaba bien sus cartas, nadie notaría que él no pertenecía allí.

Avanzó a pasos firmes, manteniendo el ritmo de un guardia en patrulla.

Aunque su porte delicado lo delataba, el casco ocultaba su rostro lo suficiente como para que nadie pudiera fijarse en sus ojos.

Pero pronto, el primer obstáculo llegó antes de lo esperado.

—¡Tú!

—Una voz grave lo detuvo.

Lars reprimió el impulso de tensarse y giró la cabeza con calma, como si no tuviera nada que ocultar.

Uno de los guardias, un hombre corpulento, lo observó con desconfianza.

—No te he visto antes en esta ronda —continuó el hombre, acercándose un paso.

Él necesitaba una respuesta rápida.

—El capitán me reubicó —dijo sin titubear—.

Faltaban hombres en este sector.

El guardia frunció el ceño, todavía dudando.

—¿El capitán, eh?

¿Y cuál de ellos?

Lars hizo un cálculo rápido.

Sabía que los capitanes de la guardia rotaban según las áreas, pero recordaba el nombre de uno en particular, el cual lo había ayudado una vez con el entrenamiento de espada.

—Kellen.

Me asignó aquí hace unas horas.

El corpulento guardia lo estudió por unos segundos que se sintieron eternos.

Finalmente, chasqueó la lengua.

—Ese bastardo siempre hace cambios de última hora y no avisa.

Muy bien, sigue con tu ronda.

Lars inclinó levemente la cabeza en señal de respeto y continuó su camino, sintiendo la tensión aflojarse en su cuerpo.

A medida que se adentraba en los pasillos, su mente trabajaba con rapidez.

Recordaba bien el diseño del castillo: las mazmorras estaban bajo el ala este, pero el acceso estaba fuertemente custodiado.

Necesitaba un plan.

Cuando giró en un corredor menos transitado, distinguió voces provenientes de una habitación cercana.

Se pegó a la pared y se acercó con cautela.

Apenas asomándose, pudo ver la imponente figura de su hermano mayor, Caesar, de espaldas a la puerta.

Frente a él, Hui Wei se mantenía en una postura relajada.

—Espero que no haya ningún malentendido —la voz de Caesar era baja, pero cargada de amenaza—.

El trato fue claro: quiero a mis hermanos con vida.

Lars sintió su estómago revolverse.

Hui Wei sonrió con tranquilidad.

—Por supuesto, alteza.

Hasta ahora, he cumplido mi parte.

—Más te vale que siga siendo así —Caesar entrecerró los ojos—.

No quiero que los toquen más de lo necesario.

—Entendido.

Aunque, como bien sabe, en medio del caos, los accidentes ocurren.

El silencio se hizo pesado.

Lars vio cómo Caesar apretaba la mandíbula.

—No habrá accidentes —su tono fue cortante—.

Si algo les pasa, lo pagarás con tu vida.

Lars contuvo la respiración.

Hui Wei inclinó la cabeza, sonriendo con astucia.

—Qué curioso… para ser un traidor a la corona, parece que sigue importándole su familia.

Caesar no respondió de inmediato.

Se quedó quieto, con el rostro oculto en sombras.

—Haz lo que te ordené.

Y no vuelvas a cuestionarme.

Lars se alejó con sigilo antes de que pudieran notar su presencia.

Había descubierto que Caesar no quería atraparlos solo por el trono.

Aún los amaba.

Ese pensamiento lo dejó inquieto.

Durante todo este tiempo, había creído que su hermano mayor se había convertido en alguien irreconocible, alguien dispuesto a sacrificar todo en nombre del poder.

Pero esa amenaza que le lanzó a Hui Wei… no era una simple advertencia de un emperador.

Era la súplica de un hermano que no quería perder lo único que le quedaba.

Pero ¿qué significaba eso para él?

¿Para Phineas?

Sacudió la cabeza, despejando esos pensamientos.

No tenía tiempo para preguntas sin respuesta.

Ahora lo importante era encontrar las mazmorras y liberar a Nora.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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